[Obertura del Bosque]
Abre tus puertas, Líbano,
el fuego sube al cedro principal.
Gime el ciprés, cayeron los poderosos,
los pastores lloran su esplendor forestal.
[Comisión]
Un rebaño condenado pasa entre mercaderes,
comprado y vendido sin compasión.
El comprador se llama bendecido,
y el pastor se alimenta de la opresión.
[Dos Cayados]
Hermosura en una mano,
Ataduras en la otra.
Tres pastores caen en un mes,
y el rebaño del guía se agota.
[Coro]
Treinta piezas de plata,
“magnífico precio” para el cuidado rechazado.
Cuenta las monedas y tíralas al alfarero,
en la casa del SEÑOR, sobre suelo sagrado.
Treinta piezas de plata,
Hermosura rota, Ataduras quebradas.
Cuando el buen pastor es despreciado,
las ovejas reciben manos necias y cerradas.
[Verso II]
Los pobres del rebaño observaron,
reconocieron la palabra en la señal.
Se rompió Hermosura, se cortó la unión,
y el salario insultante sonó en el umbral.
[Puente]
La plata cayó con fría precisión,
entre barro, templo y acusación.
No era precio digno, era desprecio contado,
y cada moneda dejó el rechazo declarado.
[Coro Final]
Treinta piezas de plata,
la mano necia pierde brazo y visión.
¡Ay del pastor que abandona las ovejas
y hace de sí mismo su única alimentación!
[Outro]
Dos cayados quedaron rotos;
las monedas siguieron resonando.
Sobre el pasaje
Zacarías 11: Un pastor es valorado en treinta piezas de plata
Zacarías 11 es un relato de pastoreo fallido y rechazado. El capítulo abre con grandes árboles que caen y pastores que aúllan, un paisaje que ya señala que la fuerza impresionante no se sostendrá. Un rebaño destinado a la matanza es explotado por compradores, vendedores y pastores que se enriquecen sin piedad, y que incluso usan el nombre del SEÑOR para bendecir su ganancia. El pastor designado sirve luego con dos cayados nombrados, Suavidad y Ataduras, pero la relación se derrumba. Suavidad es quebrado, treinta piezas de plata se pesan como precio del pastor y se echan al alfarero en el templo, y Ataduras es quebrado para marcar la hermandad rota entre Judá e Israel. El reemplazo es peor: un pastor insensato descuida a los vulnerables y devora el rebaño. El capítulo termina inutilizando el brazo y el ojo que debían proteger y vigilar.
Estudia Zacarías 11 a fondo →