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Portada de Treinta Piezas de Plata

Zacarías 11:1-17

Treinta Piezas de Plata

Letras · Zacarías

Treinta Piezas de Plata

Zacarías 11:1-17

Letras
[Obertura del Bosque] Abre tus puertas, Líbano, el fuego sube al cedro principal. Gime el ciprés, cayeron los poderosos, los pastores lloran su esplendor forestal. [Comisión] Un rebaño condenado pasa entre mercaderes, comprado y vendido sin compasión. El comprador se llama bendecido, y el pastor se alimenta de la opresión. [Dos Cayados] Hermosura en una mano, Ataduras en la otra. Tres pastores caen en un mes, y el rebaño del guía se agota. [Coro] Treinta piezas de plata, “magnífico precio” para el cuidado rechazado. Cuenta las monedas y tíralas al alfarero, en la casa del SEÑOR, sobre suelo sagrado. Treinta piezas de plata, Hermosura rota, Ataduras quebradas. Cuando el buen pastor es despreciado, las ovejas reciben manos necias y cerradas. [Verso II] Los pobres del rebaño observaron, reconocieron la palabra en la señal. Se rompió Hermosura, se cortó la unión, y el salario insultante sonó en el umbral. [Puente] La plata cayó con fría precisión, entre barro, templo y acusación. No era precio digno, era desprecio contado, y cada moneda dejó el rechazo declarado. [Coro Final] Treinta piezas de plata, la mano necia pierde brazo y visión. ¡Ay del pastor que abandona las ovejas y hace de sí mismo su única alimentación! [Outro] Dos cayados quedaron rotos; las monedas siguieron resonando.

Sobre el pasaje

Zacarías 11: Un pastor es valorado en treinta piezas de plata

Zacarías 11 es un relato de pastoreo fallido y rechazado. El capítulo abre con grandes árboles que caen y pastores que aúllan, un paisaje que ya señala que la fuerza impresionante no se sostendrá. Un rebaño destinado a la matanza es explotado por compradores, vendedores y pastores que se enriquecen sin piedad, y que incluso usan el nombre del SEÑOR para bendecir su ganancia. El pastor designado sirve luego con dos cayados nombrados, Suavidad y Ataduras, pero la relación se derrumba. Suavidad es quebrado, treinta piezas de plata se pesan como precio del pastor y se echan al alfarero en el templo, y Ataduras es quebrado para marcar la hermandad rota entre Judá e Israel. El reemplazo es peor: un pastor insensato descuida a los vulnerables y devora el rebaño. El capítulo termina inutilizando el brazo y el ojo que debían proteger y vigilar.

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