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Habacuc 1:5-11

Levanto a los Caldeos

Letras · Habacuc

Levanto a los Caldeos

Habacuc 1:5-11

Letras
[Anuncio] Mirad entre las naciones y asombraos, una obra se levanta sin comparación. Aunque fuese contada, no creeríais la respuesta que sacude la imaginación. [Verso I] Los caldeos vienen, amargos y veloces, cruzan la anchura para tomar habitación. Terribles, soberbios, dictan su propia justicia, su dignidad nace de su dominación. [Coro] Levanta a los caldeos el juicio, corren más ligeros que el leopardo al caer. Sus caballos vuelan como águilas hambrientas, sus jinetes llegan sin retroceder. Levanta a los caldeos el juicio, pero el instrumento no será el trono final. La respuesta puede ser más dura que la pregunta, y aun así el Juez permanece moral. [Verso II] Reyes son burla, príncipes desprecio, ríen de murallas y levantan terraplén. Vienen por violencia, recogen cautivos, como arena que el viento no puede contener. [Puente] Luego su mente cambia, cruza el límite, hace de su fuerza una divinidad. La herramienta orgullosa se vuelve culpable, y el mismo Dios juzgará su crueldad. [Coro Final] Levanta a los caldeos el juicio, la tierra oye cascos bajo el sol. Pero ninguna espada se convierte en dios, ni el imperio escapa al control. Levanta a los caldeos el juicio, la respuesta no termina en Babilón. [Coda] El ejército llegó como respuesta, y se convirtió en otra pregunta.

Sobre el pasaje

Habacuc 1: La respuesta hace más difícil la pregunta

Habacuc 1 comienza con una contradicción legal y moral: la ley está presente, y sin embargo el juicio sale torcido y la violencia sigue ganando. Habacuc lleva esa contradicción directamente a Dios, esperando que el Dios que oye y salva la responda. La respuesta no es alivio en forma sencilla. Dios está levantando a los caldeos, cuya velocidad, apetito y desprecio por todo freno los vuelven aterradores, y cuya conquista se describe ella misma como violencia. Habacuc presiona por tanto la pregunta desde dentro de su convicción de que Dios es eterno y santo. El capítulo termina con una imagen de pesca en la que los pueblos se vuelven una captura provechosa y el conquistador honra la red que lo alimenta. La primera respuesta ha llegado, pero ha vuelto más difícil, no más fácil, el problema original del profeta.

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