Daniel 3

El horno de fuego

Edades de 8 a 11 años

El horno de fuego

Versículo para memorizar

Y si no, sepas, oh rey, que tu dios no adoraremos, ni tampoco honraremos la estatua que has levantado.

Daniel 3:18

Hablemos de esto

  1. ¿Qué ordenó el rey que hicieran todos?
  2. ¿Qué decidieron hacer Sadrac, Mesac y Abed-nego en lugar de eso?
  3. ¿Qué vio el rey dentro del horno?

Prueba esto

Dobla una hoja de papel para formar dos columnas. En una columna, escribe lo que ordenó el rey y, en la otra, lo que los tres hombres decidieron hacer. Si quieres, añade un pequeño dibujo junto a cada decisión.

¿Qué podemos aprender?

Una lección que podemos sacar de este relato es que hacer lo correcto puede requerir valor. Los tres hombres permanecieron fieles a Dios aun cuando no sabían cuál sería el resultado.

Edades de 12 a 15 años

Versículo para memorizar

Y si no, sepas, oh rey, que tu dios no adoraremos, ni tampoco honraremos la estatua que has levantado.

Daniel 3:18

Piénsalo

  1. ¿Por qué la orden del rey puso a Sadrac, Mesac y Abed-nego en una situación tan grave?
  2. ¿Por qué es importante la respuesta de ellos incluso antes de saber si Dios los librará?
  3. ¿Qué muestra el relato acerca de los límites del poder de Nabucodonosor?
  4. ¿Qué cambió en las palabras del rey después de ver que los tres hombres salieron del fuego sin daño?

Para profundizar

El libro de Daniel presenta repetidas veces a siervos fieles de Dios dentro de poderosos reinos extranjeros. Daniel 3 muestra que un gobernante terrenal puede ordenar que lo adoren, pero no puede hacerse mayor que Dios. Más adelante en Daniel, otros gobernantes también aprenden que la autoridad humana tiene límites. El relato forma parte de un patrón bíblico más amplio en el que el pueblo de Dios es llamado a permanecer fiel mientras vive bajo gobiernos que quizá no compartan su adoración.

¿Qué podemos aprender?

Una lección que podemos sacar de este relato es que ser fiel no significa estar seguro de que todo terminará fácilmente. Sadrac, Mesac y Abed-nego creían que Dios podía rescatarlos, pero eligieron obedecer aun sin tener la promesa de que lo haría.