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Portada de Perezca el Día

Job 3:1-26

Perezca el Día

Letras · Job

Perezca el Día

Job 3:1-26

Letras

Acerca de esta canción

Acerca de esta canción

Esta canción pertenece a la colección de Job. Hay una grabación disponible para escuchar aquí, con la letra completa más abajo.

Libro bíblico
Job
Colección
Job
Estilos musicales
Sin clasificar
[Verso 1] El SEÑOR recordó la promesa, y el hijo nació en su tiempo. Nadie pudo detener lo que la palabra comenzó. La muerte entró en la casa, y el luto caminó detrás. Pero el propósito siguió avanzando aquella vez. [Pre-Coro] El camino se estrechó delante de sus pies, Pero la verdad no retrocedió aquella vez. [Coro] Perezca el Día, lleva el llanto por la noche, Las lágrimas pesan cuando nadie las conoce. La verdad aún habla cuando el consuelo se va, Y la fe sigue respirando donde la herida está. [Verso 2] La muerte entró en la casa, y el luto caminó detrás. La voz llamó con claridad, no había dónde huir. La verdad alcanzó a Job cuando el camino se estrechó. Y lo que parecía final abrió otro amanecer. [Puente] Una vida quedó oculta mientras el peligro buscaba dentro de la casa. Lo que el hombre había sembrado comenzó a responder. Job vio el corazón puesto a prueba. Y la historia llegó al punto que no podía regresar. [Coro Final] Perezca el Día, lleva el llanto por la noche, Las lágrimas pesan cuando nadie las conoce. La verdad aún habla cuando el consuelo se va, Y la fe sigue respirando donde la herida está. [Outro] La noche quedó, y también la verdad. No toda herida recibió una respuesta final.

Nombrados en esta canciónJob

Sobre el pasaje

Job 3: Job maldice el día, no a Dios

Tras siete días de silencio, Job da por fin voz a su dolor. No maldice a Dios. Maldice el día de su nacimiento e imagina esa fecha borrada de la luz, de las estrellas, del calendario y de la memoria. El deseo imposible invierte la creación, porque su angustia presente vuelve insoportable su propio comienzo. Luego imagina la muerte como liberación del rango, del trabajo, de la opresión y del mando, un lugar donde reyes, prisioneros, siervos y agotados yacen más allá de las estructuras que gobiernan la vida ordinaria. El lamento se ensancha hasta preguntar por qué continúa la vida cuando quien sufre anhela su fin. El vallado que Satán describió como protección le parece ahora a Job un encierro, porque no puede ver su camino. Cierra no con una explicación sino con dolor corporal: suspiros antes de la comida, bramidos como aguas derramadas, ninguna seguridad, ninguna quietud, ningún reposo. El desasosiego ha llegado antes de que la frase alcance a asentarse.

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