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Joel 2:18-27

Restituiré los Años

Letras · Joel

Restituiré los Años

Joel 2:18-27

Letras

Acerca de esta canción

Acerca de esta canción

Esta canción pertenece a la colección de Joel. Hay una grabación disponible para escuchar aquí, con la letra completa más abajo.

Libro bíblico
Joel
Colección
Joel
Estilos musicales
Acústico
[Lamento I] La tierra oyó compasión después de años de polvo, la prensa vacía esperaba y el granero quedó roto. Entonces la lluvia encontró el surco y el monte reverdeció, la higuera sostuvo fruto y la tinaja se llenó. [Estribillo] Restituiré los años que comió el devorador, no negando la herida, sino dando vida al campo. [Lamento II] Trigo en la era, aceite claro en la vasija, pan en la casa y alabanza en la boca. No temas, pastura; alégrate, tierra, el SEÑOR hizo grandezas con la mano abierta. [Viraje de Esperanza] Comed y saciaos, recordad su nombre; sabed quién estuvo en hambre y deshonra. Restaurar es presencia antes que grano almacenado: el SEÑOR en medio y su pueblo no avergonzado. [Coro Final] Restituiré los años que comió el devorador, no negando la herida, sino dando vida al campo. Restaurar es presencia antes que grano almacenado: el SEÑOR en medio y su pueblo no avergonzado.

Sobre el pasaje

Joel 2: El día de alarma se convierte en promesa de presencia

Joel 2 empieza con una trompeta de alarma y una fuerza que avanza cuya disciplina vuelve inútiles las defensas ordinarias. La tierra delante de ella parece el Edén, mientras la tierra detrás se vuelve desierto, y Jehová es nombrado por fin como aquel cuya voz va delante del ejército. Sin embargo, el capítulo gira sobre un "ahora". El regreso sigue siendo posible: "Por eso pues ahora, dice Jehová, convertíos á mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y llanto." Una segunda trompeta reúne a toda la comunidad. La respuesta invierte punto por punto la devastación anterior: grano, vino, aceite, lluvia, pasto, fruto y lagares llenos vuelven, mientras la fuerza devoradora es alejada. La promesa se ahonda luego de la provisión a la presencia. Después, el horizonte se ensancha: el Espíritu es derramado sobre hijos e hijas, viejos y jóvenes, siervos y siervas.

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