Acerca de esta canción
Acerca de esta canción
Esta canción pertenece a la colección de Zacarías. Hay una grabación disponible para escuchar aquí, con la letra completa más abajo.
- Colección
- Zacarías
[Despertar]
El ángel despertó al profeta
como a quien llaman desde el sueño.
Un candelero entero de oro,
siete lámparas sobre su diseño.
[Visión]
Una fuente, siete conductos,
dos olivos a cada lado.
El aceite llega sin esfuerzo humano,
el fuego permanece alimentado.
[Coro]
No con ejército, ni con fuerza,
sino por el Espíritu del SEÑOR.
La montaña se vuelve llanura,
y cada piedra retorna a su labor.
No con ejército, ni con fuerza,
las manos que fundaron coronarán.
“Gracia, gracia” suena sobre la clave,
y los pequeños comienzos alegrarán.
[Verso II]
¿Quién desprecia los inicios pequeños,
las herramientas cubiertas de polvo?
Siete ojos miran la plomada,
y el muro crece sobrio poco a poco.
[Puente]
Aceite cayendo, lámparas ardiendo,
ramas que se inclinan sin quebrar.
El Espíritu nutre la tarea
que la mano sola no puede completar.
[Coro Final]
No con ejército, ni con fuerza,
sino por el Espíritu del SEÑOR.
Zorobabel terminará la casa,
fiel a la palabra del Constructor.
No con ejército, ni con fuerza,
dos ungidos permanecen ante él.
La luz de oro cruza los escombros,
y lo pequeño llega a ser fiel.
[Outro]
La llama ardió en silencio;
la montaña se hizo llano.
Nombrados en esta canciónZorobabel
Sobre el pasaje
Zacarías 4: El candelabro y las manos que terminarán
Un candelero de oro, un depósito, siete lámparas y dos olivos forman una de las visiones más intrincadas de Zacarías, y el primer acto útil del profeta es admitir que no la entiende. La explicación se vuelve hacia Zorobabel y el templo inconcluso. "No con ejército, ni con fuerza, sino con mi espíritu" no quita el trabajo humano de la escena, porque el mismo mensaje promete que las manos que pusieron el fundamento también acabarán la casa. El gran monte se vuelve llanura, el despreciado día de las pequeñeces queda vindicado, y la plomada permanece en la mano del constructor mientras los ojos del SEÑOR recorren toda la tierra. Zacarías vuelve luego a los olivos hasta que son identificados como dos ungidos que están delante del Señor de toda la tierra. El capítulo sostiene juntos la provisión divina y el trabajo ordinario sin reducir ninguno de los dos.
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