3:8Y en el año segundo de su venida á la casa de Dios en Jerusalem, en el mes segundo, comenzaron Zorobabel hijo de Sealthiel, y Jesuá hijo de Josadec, y los otros sus hermanos, los sacerdotes y los Levitas, y todos los que habían venido de la cautividad á Jerusalem; y pusieron á los Levitas de veinte años arriba para que tuviesen cargo de la obra de la casa de Jehová.
3:9Jesuá también, sus hijos y sus hermanos, Cadmiel y sus hijos, hijos de Judá, como un [solo hombre] asistían para dar priesa á los que hacían la obra en la casa de Dios: los hijos de Henadad, sus hijos y sus hermanos, Levitas.
3:10Y cuando los albañiles del templo de Jehová echaban los cimientos, pusieron á los sacerdotes vestidos de [sus ropas], con trompetas, y á Levitas hijos de Asaph con címbalos, para que alabasen á Jehová, según ordenanza de David rey de Israel.
3:11Y cantaban, alabando y confesando á Jehová, [y decían]: Porque es bueno, porque para siempre es su misericordia sobre Israel. Y todo el pueblo aclamaba con grande júbilo, alabando á Jehová, porque á la casa de Jehová se echaba el cimiento.
3:12Y muchos de los sacerdotes y de los Levitas y de los cabezas de los padres, ancianos que habían visto la casa primera, viendo fundar esta casa, lloraban en alta voz, mientras muchos [otros] daban grandes gritos de alegría.
3:13Y no podía discernir el pueblo el clamor de los gritos de alegría, de la voz del lloro del pueblo: porque clamaba el pueblo con grande júbilo, y oíase el ruido hasta de lejos.
Los cimientos ya tienen coro, aunque todavía no tienen techo. Los sacerdotes llevan sus vestiduras, suenan las trompetas y los hijos de Asaf ponen los címbalos. La construcción es nueva; la disposición viene de David. Zorobabel no está fundando una religión a la medida de una provincia más pequeña. La comunidad que volvió retoma el culto que existía antes de su cautiverio.
En ese terreno, la afirmación de que la misericordia de Dios permanece para siempre sobre Israel tiene un peso particular. Quienes cantan pertenecen al pueblo que conoció la destrucción de la casa cuyos cimientos ahora celebra. Una misericordia que permanece no significa que aquella destrucción nunca ocurrió. Significa que la destrucción no agotó la relación que el canto reconoce.
Pero el sonido no conserva una sola emoción. Muchos testigos de mayor edad lloran y muchos otros gritan de alegría. El Libro de Esdras no reprende esas lágrimas ni las borra de la ceremonia. Todavía viven personas que vieron la primera casa, y unos cimientos no pueden borrar lo que recuerdan sus ojos. A la distancia, ambas respuestas forman un gran estruendo. De cerca, siguen siendo distintas. La misma obra puede señalar un comienzo verdadero y hacer audible una pérdida verdadera.