4:1Y VOLVIÓ el ángel que hablaba conmigo, y despertóme como un hombre que es despertado de su sueño.
4:2Y díjome: ¿Qué ves? Y respondí: He mirado, y he aquí un candelero todo de oro, con su vaso sobre su cabeza, y sus siete lámparas encima del candelero; y siete canales para las lámparas que están encima de él;
4:3Y sobre él dos olivas, la una á la derecha del vaso, y la otra á su izquierda.
4:4Proseguí, y hablé á aquel ángel que hablaba conmigo, diciendo: ¿Qué es esto, señor mío?
4:5Y el ángel que hablaba conmigo respondió, y díjome: ¿No sabes qué es esto? Y dije: No, señor mío.
4:6Entonces respondió y hablóme, diciendo: Esta es palabra de Jehová á Zorobabel, en que se dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.
4:7¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel [serás reducido] á llanura: él sacará la primera piedra con aclamaciones de Gracia, gracia á ella.
4:8Y fué palabra de Jehová á mí, diciendo:
4:9Las manos de Zorobabel echarán el fundamento á esta casa, y sus manos la acabarán; y conocerás que Jehová de los ejércitos me envió á vosotros.
4:10Porque los que menospreciaron el día de las pequeñeces se alegrarán, y verán la plomada en la mano de Zorobabel. Aquellas siete [son] los ojos de Jehová que recorren por toda la tierra.
4:11Hablé más, y díjele: ¿Qué [significan] estas dos olivas á la derecha del candelero, y á su izquierda?
4:12Hablé aún de nuevo, y díjele: ¿Qué [significan] las dos ramas de olivas que por medio de dos tubos de oro vierten de sí [aceite como] oro?
4:13Y respondióme, diciendo: ¿No sabes qué es esto? Y dije: Señor mío, no.
4:14Y él dijo: Estos dos hijos de aceite son los que están delante del Señor de toda la tierra.
La patrulla informa que hay paz, y el ángel pide misericordia de inmediato. Ese es el giro inquietante. La tranquilidad de la tierra no ha significado la restauración de Jerusalén: las naciones viven cómodas mientras las ciudades dañadas de Judá siguen dentro de un lamento de setenta años. Un mundo sin disturbios no es necesariamente un mundo donde todo se ha reparado. La visión distingue entre ausencia de agitación y presencia de justicia.
La respuesta no se limita a asegurar que el cielo se ha enterado. Dios anuncia su regreso con misericordias, nombra su casa y promete un cordel de medir sobre Jerusalén. La mirada pasa de toda la tierra a las dimensiones concretas de una ciudad en reconstrucción. Tampoco queda excusada la crueldad de las naciones por haber servido como instrumentos del juicio: agravaron la aflicción. Su comodidad recibe indignación; Jerusalén recibe consuelo. El mismo informe cambia según las ruinas sobre las que descanse.