1:6El hijo honra al padre, y el siervo á su señor: si pues soy yo padre, ¿qué es de mi honra? y si soy señor, ¿qué es de mi temor?, dice Jehová de los ejércitos á vosotros, oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre?
1:7Que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y dijisteis: ¿En qué te hemos amancillado? En que decís: La mesa de Jehová es despreciable.
1:8Y cuando ofrecéis el [animal] ciego para sacrificar, ¿no es malo? asimismo cuando ofrecéis el cojo ó el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo pues á tu príncipe: ¿acaso se agradará de ti, ó le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos.
1:9Ahora pues, orad á la faz de Dios que tenga piedad de nosotros: esto de vuestra mano vino: ¿le seréis agradables? dice Jehová de los ejércitos.
1:10¿Quién también hay de vosotros que cierre las puertas ó alumbre mi altar de balde? Yo no recibo contentamiento en vosotros, dice Jehová de los ejércitos, ni de vuestra mano me será agradable el presente.
1:11Porque desde donde el sol nace hasta donde se pone, es grande mi nombre entre las gentes; y en todo lugar se ofrece á mi nombre perfume, y presente limpio: porque grande es mi nombre entre las gentes, dice Jehová de los ejércitos.
1:12Y vosotros lo habéis profanado cuando decís: Inmunda es la mesa de Jehová; y cuando hablan [que] su alimento es despreciable.
1:13Habéis además dicho: ¡Oh qué trabajo! y lo desechasteis, dice Jehová de los ejércitos; y trajisteis lo hurtado, ó cojo, ó enfermo, y presentasteis ofrenda. ¿Seráme acepto eso de vuestra mano? dice Jehová.
1:14Maldito el engañoso, que tiene macho en su rebaño, y promete, y sacrifica lo dañado á Jehová: porque yo soy Gran Rey, dice Jehová de los ejércitos, y mi nombre es formidable entre las gentes.
La primera afirmación de la disputa es amor. La respuesta de Israel exige pruebas. Ese intercambio da filo al libro: el pueblo no escucha un discurso en silencio, y sus objeciones quedan incorporadas a las palabras de la profecía. La respuesta de Dios comienza con la hermandad. Esaú y Jacob compartían una familia; ese origen común hace más marcada, no menor, la diferencia entre las circunstancias de sus pueblos.
Los nombres pronto se convierten en un paisaje. Esaú tiene montañas y una heredad, y el versículo 4 nombra expresamente a Edom. A su anuncio de reconstrucción se opone el anuncio de demolición de Dios. No son simples comentarios sobre sentimientos privados hacia dos recién nacidos. El contraste abarca pueblos y sus futuros. Israel tampoco recibe la promesa de que amor significa comodidad ininterrumpida: el mismo libro trata cosechas fallidas y ofrendas retenidas. Aquí la respuesta es la permanencia del compromiso de Dios, frente al intento de Edom de revertir su juicio.