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Malaquías 1:1-5

El SEÑOR Os Ha Amado

Letras · Malaquías

El SEÑOR Os Ha Amado

Malaquías 1:1-5

Letras

Acerca de esta canción

Acerca de esta canción

Esta canción pertenece a la colección de Malaquías. Hay una grabación disponible para escuchar aquí, con la letra completa más abajo.

Libro bíblico
Malaquías
Colección
Malaquías
Estilos musicales
Pop
[Pregunta Inicial] Una carga llegó por Malaquías, una palabra al umbral de Israel: el SEÑOR declaró amor de pacto, y el pueblo preguntó: “¿En qué se ve?” [Verso I] Jacob y Esaú salieron de una casa, pero la historia tomó distinta dirección. La elección fue gracia, no orgullo humano, ni mérito escondido en generación. [Estribillo] El amor también corrige a quien reclama; el fuego del pacto no es llama liviana. [Verso II] Edom dice: “Aunque caigan nuestros muros, levantaremos otra vez la construcción.” Pone piedra sobre piedra, mas el juicio responde: el orgullo no revoca la decisión. [Coro] El SEÑOR os ha amado, declara la carga, aunque el pueblo no lo quiera percibir. No palabra suave sin justicia, sino pacto que no deja de existir. El SEÑOR os ha amado, declara la carga, ante una generación de corazón dudoso. Más allá de la frontera Dios es grande, y su nombre vence al edificio orgulloso. [Puente] Los montes de Edom guardan testimonio, la heredad conserva su señal. La resolución humana no destrona al Juez cuya grandeza es universal. [Coro Final] El SEÑOR os ha amado, declara la carga, el amor llevó, escogió y corrigió. Más allá de la frontera Dios es grande, fiel y santo, justo como prometió. [Outro] La pregunta quedó en el pueblo; la respuesta quedó en la historia.

Nombrados en esta canciónMalaquíasJacobEsaú

Sobre el pasaje

Malaquías 1: Amor cuestionado y honra negada

Malaquías comienza con una declaración de amor que no produce gratitud sino una discusión: «¿En qué nos amaste?». La respuesta se remonta a Jacob y Esaú, y luego pasa rápidamente de las fortunas nacionales al altar. Allí el libro vuelve visible el desprecio en objetos ordinarios. Animales ciegos, cojos, enfermos y despedazados llegan a la mesa de Dios aunque los adoradores ya saben que tales dones insultarían a un gobernador humano. El problema no es la falta de actividad religiosa. Todavía se enciende el fuego, todavía se hacen votos, todavía se traen ofrendas. El problema es lo que esas acciones revelan sobre el valor asignado al destinatario. Frente a esa deshonra local, Malaquías anuncia un nombre que será grande desde el nacimiento del sol hasta su ocaso. El capítulo cierra con el ejemplo más agudo: un adorador posee el animal aceptable, lo promete y sustituye uno dañado ante «Gran Rey».

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