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Portada de Pedid al SEÑOR Lluvia

Zacarías 10:1-12

Pedid al SEÑOR Lluvia

Letras · Zacarías

Pedid al SEÑOR Lluvia

Zacarías 10:1-12

Letras

Acerca de esta canción

Acerca de esta canción

Esta canción pertenece a la colección de Zacarías. Hay una grabación disponible para escuchar aquí, con la letra completa más abajo.

Libro bíblico
Zacarías
Colección
Zacarías
Estilos musicales
Electrónica
[Invocación] Pedid lluvia cuando llegan las nubes tardías, pedid al SEÑOR que hace el relámpago y el día. Los ídolos hablan vacío, los sueños mienten también; solo su mano da hierba y sostiene el almacén. [Verso I] Los terafines prometen vanidad, los adivinos ofrecen falsa tranquilidad. El pueblo vaga como oveja sin pastor, y vive atribulado bajo un cielo sin color. [Coro] Pedid al SEÑOR lluvia, no a la boca tallada ni a la mentira que diluvia. Él manda la nube, hace el campo reverdecer, fortalece al rebaño y lo enseña a permanecer. Pedid al SEÑOR lluvia, que la tierra seca recuerde a su Dador. [Verso II] De Judá salen esquina, clavo y arco, la fuerza del pueblo no procede del mercado. Cruzan el conflicto como valientes en batalla, porque el SEÑOR camina con ellos donde vayan. [Movimiento de Reunión] Silba a los dispersos y ellos vuelven a escuchar, de Egipto y de Asiria regresan al hogar. El mar y el río abren paso al caminar, y el orgullo de los reinos aprende a bajar. [Puente] Galaad los recibe, Líbano también, la tierra parece estrecha para tantos que vuelven. Fortalecidos en el nombre del SEÑOR, andan por su gracia, no por propio valor. [Coro Final] Pedid al SEÑOR lluvia, no al pastor que comercia con la culpa y la penuria. Él reúne al distante, le prepara habitación, y afirma cada paso en el camino de Sion. [Coda] La nube no era un ídolo; la lluvia tenía Dador.

Nombrados en esta canciónEgiptoSion

Sobre el pasaje

Zacarías 10: El rebaño disperso es llamado a casa

El capítulo comienza contrastando la lluvia del SEÑOR con el vacío de los ídolos, los adivinos y los sueños engañosos. Su fracaso ha dejado al pueblo como rebaño sin pastor. El SEÑOR confronta a los pastores fallidos y convierte el rebaño de Judá en caballo de batalla, dando fuerza y liderazgo donde había prevalecido el desamparo. Después los viejos nombres de la división se reúnen en una promesa: Judá, José y Efraín reciben misericordia, restauración y llamado a volver. Los hijos comparten el gozo, de modo que la renovación alcanza más allá de una sola generación superviviente. El movimiento final convierte la dispersión en siembra. La gente se acuerda del SEÑOR en países lejanos y vuelve por imágenes formadas por el éxodo, con Egipto, Asiria, mar y río incapaces de bloquear el camino. El capítulo termina con un pueblo fortalecido para caminar en el nombre del SEÑOR.

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