Éxodo 1:1-7
Los hijos de Israel fructificaron
Se enumeran los setenta nombres y luego muere aquella generación. La tierra se llena de ellos, lo cual en el versículo siguiente es el problema y no la bendición.
Versículo por versículo
- 1:1
Hijos de Israel designa primero a los hijos de Jacob; después, la misma expresión se amplía para nombrar a sus descendientes como pueblo.
- 1:5
Génesis 46:26-27 distingue al grupo que viajó del total familiar de setenta. La cifra no es un censo de todas las esposas y personas dependientes.
- 1:6-7
La muerte de José repite el dato final de Génesis 50:26, mientras el crecimiento cumple la promesa de Génesis 46:3.














Egipto no es un error en el itinerario de Jacob. En Génesis 46:3, Dios promete hacer de él una gran nación allí. Esa última palabra importa. El país que protege a la familia durante el hambre es también el país donde esa familia se convierte en un pueblo. El Libro de Éxodo comienza con nombres, no con cadenas, porque la promesa ya estaba obrando antes de la opresión.
Después llega una oración llena de muerte: José, sus hermanos, toda aquella generación. La siguiente responde con verbos llenos de vida. Fructificar. Crecer. Multiplicarse. Llenar. El lenguaje recuerda la bendición de la creación en Génesis 1:28, pero ahora la tierra que se llena de vida es extranjera. El cargo de José en la corte no ha dejado la promesa atada a su supervivencia.
La cifra inicial tampoco permite que Israel se vuelva una masa anónima. Setenta personas pertenecen a una familia identificable, y sus nombres las vinculan con la historia familiar que ocupa el final de Génesis. Egipto llegará a tratarlas como mano de obra. El Libro de Éxodo las presenta como hijos, familias y descendientes. Antes de los ladrillos, están los nombres.