Éxodo 1:8-14
Un rey nuevo que no conoció a José
La familia a la que Egipto alimentó se ha vuelto una nación a la que Egipto teme. La respuesta son capataces, mezcla, ladrillo y una política de amargar el trabajo.
Personajes de la Biblia
Nunca es nombrado, lo cual, para un hombre cuya vida entera se apoyaba en que su nombre durara, es lo más filoso del relato.
El rey de Egipto es la única figura importante del éxodo a quien nunca se le da nombre. Se lo presenta como un rey nuevo que no conoció a José, y su primera política es aritmética: son demasiados, hay que hacerlos trabajar más. Cuando eso falla, ordena ahogar a los varones. Frente a Moisés pasa del desprecio al regateo y a la furia, cediendo después de cada señal y retirando lo cedido apenas afloja la presión. Los deja ir a medianoche, cuando mueren los primogénitos, y luego manda seiscientos carros tras ellos.
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Los movimientos, en el orden en que el texto los da.
Éxodo 1:8-14
La familia a la que Egipto alimentó se ha vuelto una nación a la que Egipto teme. La respuesta son capataces, mezcla, ladrillo y una política de amargar el trabajo.
Éxodo 5:1-21
Cuando le piden que los deje ir, dobla la carga y los manda a juntar su propia paja. Los capataces israelitas salen y le echan la culpa a Moisés, que es justamente el objetivo.
Éxodo 8:25-32
Sacrificad aquí, no allá. Id, pero no lejos. Solo los varones. Dejad los ganados. Cada oferta concede un poco y conserva el agarre, y cada una se retira cuando mueren las ranas o cesa el granizo.
Éxodo 12:29-32
A medianoche no hay casa sin un muerto dentro, incluida la suya. Llama a Moisés en la oscuridad y les dice que se lleven todo y se vayan, y pide que lo bendigan.
Éxodo 14:5-28
Al saber que el pueblo ha huido, se pregunta qué ha hecho al dejarlos ir y cambia de parecer una última vez. La persecución termina en un agua que llevaba abierta toda la noche.
Egipto levantó monumentos enormes para que los nombres sobrevivieran, y Éxodo le niega el suyo. En cambio nos da los nombres de las dos parteras. El relato tampoco simplifica lo que le ocurre: a veces endurece su propio corazón, a veces se lo endurecen, y el texto deja las dos cosas en pie. Es la imagen de un poder con el que no se puede razonar y que no tiene por qué ser derrotado por la gente a la que retiene.
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