Personajes de la Biblia

Moisés

Sacado del Nilo, enviado de vuelta desde una zarza ardiente, y dado una ley en un monte. El hombre a quien Dios conoció cara a cara, que nunca cruzó el río.

También llamado El siervo del SEÑOR; el legislador; Moshé

Moisés nace de Amram y Jocabed, de la tribu de Leví, bajo un Faraón que ha ordenado echar al Nilo a todo niño hebreo. Su madre lo esconde tres meses, luego lo pone a flotar en una arquilla embreada entre los juncos, donde la hija de Faraón lo encuentra, lo nombra por haberlo sacado de las aguas, y lo cría como suyo con su propia madre como nodriza. A los cuarenta mata a un egipcio que golpea a un hebreo, es descubierto, y huye a Madián, donde se casa con Séfora y cuida las ovejas de su suegro durante cuarenta años. A los ochenta una zarza arde en Horeb sin consumirse, y Dios le dice su nombre, YO SOY EL QUE SOY, y lo envía de vuelta a sacar a Israel. Él argumenta cinco veces que es el hombre equivocado.

Con su hermano Aarón como su boca enfrenta a Faraón a través de diez plagas, instituye la Pascua, y guía al pueblo por el mar en seco. Los lleva al Sinaí, sube a la nube cuarenta días, y baja con dos tablas de piedra para hallar un becerro de oro; rompe las tablas, muele el becerro, y vuelve a subir a rogar que Dios perdone al pueblo o borre a Moisés de su libro. Dios le muestra su gloria desde la hendidura de una peña, y su rostro resplandece. Construye el tabernáculo, juzga al pueblo, y soporta cuarenta años de sus quejas, y en Meriba golpea la peña a la que debía hablar, y por eso se le niega la tierra. Comisiona a Josué, predica Deuteronomio en los llanos de Moab, sube al Nebo, ve toda la tierra desde Dan hasta el Neguev, y muere allí a los ciento veinte años sin que sus ojos se oscurezcan. Dios lo sepulta, y nadie sabe dónde.

Dónde apareceÉxodo 1 a 40 · Números 1 a 36 · Deuteronomio 1 a 34

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Moisés

Los movimientos, en el orden en que el texto los da.

El relato de Moisés

  1. 01

    Éxodo 2:1-10

    La arquilla de juncos

    Una mujer levita da a luz un niño hermoso y lo esconde tres meses. Cuando ya no puede ocultarlo, hace una arquilla de juncos, la calafatea con asfalto y brea, y la pone en un carrizal a la orilla del río. La hija de Faraón lo encuentra, su hermana trae a su madre para criarlo, y la princesa lo llama Moisés, porque de las aguas lo saqué.

    La hija del faraón sabe perfectamente de quién es ese bebé. Al reconocer que es uno de los niños hebreos, descarta cualquier posibilidad de un error inocente. El decreto de Éxodo 1:22 ha convertido a los varones hebreos en blancos de muerte; aun así, la propia hija del rey mira dentro de la canasta y siente compasión. La madre ha preparado la pequeña embarcación, la hermana permanece cerca para vigilar y una criada la saca de los juncos. Antes de que Moisés pueda hacer nada, mujeres de ambos lados de la división entre egipcios y hebreos están haciendo lo necesario para mantenerlo vivo. El futuro libertador entra en este relato como alguien que necesita ser rescatado.

    La intervención de la hermana no desperdicia una palabra. No revela el parentesco ni pronuncia un discurso contra el faraón. Ofrece una nodriza. El arreglo devuelve al niño a su propia madre, ahora con un salario autorizado por la casa que debía representar su mayor peligro. La política del faraón acaba de adquirir un gasto imprevisto. El humor está en esa inversión, no en el terror que la hizo necesaria: la madre ya no podía seguir escondiéndolo. Tampoco envía la canasta en un paseo pintoresco por el Nilo. La coloca entre los juncos de la orilla, con la hermana cerca. Es un cuidado desesperado y deliberado, descrito mediante brea, papiro, una niña que vigila y un bebé que llora. La gran historia pública comienza con manos pequeñas haciendo cosas indispensables.

    Versículo por versículo

    1. 2:1

      Aquí no aparecen los nombres de los padres, pero Éxodo 6:20 los identifica como Amram y Jocabed. La apertura destaca su familia levítica antes de dar nombres personales.

    2. 2:2

      Su madre ve «que era hermoso»; el hebreo dice tob, bueno, la misma palabra con que Dios mira lo creado en Génesis 1. El versículo habla de lo que ella ve, no de una virtud moral del niño. Hebreos 11:23 interpreta expresamente los tres meses de ocultamiento como un acto de fe de los padres.

    3. 2:4

      Este pasaje no nombra a la hermana. Números 26:59 identifica a Miriam como hermana de Moisés y Aarón.

    4. 2:10

      La explicación del nombre relaciona Moisés con el verbo hebreo mashah, sacar. El versículo ofrece la explicación de la princesa, no una historia lingüística completa del nombre.

    Éxodo 2:1-10

    Santa Biblia Reina Valera 1909 · 10 versículos

    2:1UN varón de la familia de Leví fué, y tomó por mujer una hija de Leví:

    2:2La cual concibió, y parió un hijo: y viéndolo que era hermoso, túvole escondido tres meses.

    2:3Pero no pudiendo ocultarle más tiempo, tomó una arquilla de juncos, y calafateóla con pez y betún, y colocó en ella al niño, y púsolo en un carrizal á la orilla del río:

    2:4Y paróse una hermana suya á lo lejos, para ver lo que le acontecería.

    2:5Y la hija de Faraón descendió á lavarse al río, y paseándose sus doncellas por la ribera del río, vió ella la arquilla en el carrizal, y envió una criada suya á que la tomase.

    2:6Y como la abrió, vió al niño; y he aquí que el niño lloraba. Y teniendo compasión de él, dijo: De los niños de los Hebreos es éste.

    2:7Entonces su hermana dijo á la hija de Faraón: ¿Iré á llamarte un ama de las Hebreas, para que te críe este niño?

    2:8Y la hija de Faraón respondió: Ve. Entonces fué la doncella, y llamó á la madre del niño;

    2:9A la cual dijo la hija de Faraón: Lleva este niño, y críamelo, y yo te lo pagaré. Y la mujer tomó al niño, y criólo.

    2:10Y como creció el niño, ella lo trajo á la hija de Faraón, la cual lo prohijó, y púsole por nombre Moisés, diciendo: Porque de las aguas lo saqué.

    Éxodo 2:1-10: La arquilla de juncos
  2. 02

    Éxodo 2:11-22

    El egipcio en la arena, y el pozo en Madián

    Ya grande, sale a sus hermanos y ve a un egipcio golpeando a un hebreo. Lo mata y lo esconde en la arena. Al día siguiente un hebreo pregunta: ¿quién te ha puesto a ti por príncipe y juez sobre nosotros? Faraón procura matarlo, y huye a Madián, da de beber a las siete hijas del sacerdote junto a un pozo, se casa con Séfora, y llama a su hijo Gersón: forastero en tierra ajena.

    La expresión sus hermanos establece la identificación de Moisés antes de que alguien en el pasaje acepte su autoridad. Sale a ver a los hebreos como su propio pueblo, no como un visitante que inspecciona el trabajo ajeno. Sin embargo, el reconocimiento no es mutuo. El hombre al que reprende responde echándole en cara la muerte del egipcio. Moisés había mirado hacia ambos lados antes de golpear; el intercambio del día siguiente demuestra que mirar no equivale a pasar inadvertido. La arena ha ocultado un cuerpo, no el hecho. El Libro del Éxodo no proporciona un mandato divino para esa muerte ni la disfraza de acto oficial de liberación.

    En el pozo, otra intervención termina sin un cadáver. Moisés enfrenta a los pastores que expulsan a las mujeres y después da de beber al rebaño. Eliminar la amenaza no acaba el trabajo; los animales todavía necesitan agua. Las mujeres llaman egipcio a su defensor, mientras él acaba de llamar hermanos a los hebreos. Su apariencia pública y su lealtad no encajan con facilidad. Incluso el hogar que encuentra en Madián conserva esa tensión: el nombre de Gersón recoge su descripción de sí mismo como extranjero. La reacción de Reuel añade una nota deliciosamente cotidiana. Siete hijas han vuelto temprano gracias a una ayuda poco común y, de algún modo, han dejado al hombre servicial junto al pozo. Una invitación a comer corrige el descuido. La hospitalidad le da una familia al fugitivo, pero el nombre de su hijo sigue recordando la distancia de casa.

    Versículo por versículo

    1. 2:11

      Hechos 7:23 sitúa a Moisés aquí a los cuarenta años. Hechos 7:25 añade la explicación de Esteban de que esperaba que sus hermanos reconocieran la liberación por su mano; Éxodo no declara aquí esa expectativa.

    2. 2:14

      El miedo de Moisés se menciona expresamente después de la acusación. El texto no identifica al acusador más allá de ser el hebreo a quien reprende.

    3. 2:16-21

      El pozo, una acción relacionada con el agua, la invitación a una casa y el matrimonio recuerdan Génesis 24 y 29. Las correspondencias son estructurales; los encuentros no son idénticos.

    4. 2:22

      Gersón se explica por la condición de Moisés como extranjero en tierra ajena. El nombre conserva ese desarraigo incluso después del matrimonio y del nacimiento de un hijo.

    Éxodo 2:11-22

    Santa Biblia Reina Valera 1909 · 12 versículos

    2:11Y en aquellos días acaeció que, crecido ya Moisés, salió á sus hermanos, y vió sus cargas: y observó á un Egipcio que hería á uno de los Hebreos, sus hermanos.

    2:12Y miró á todas partes, y viendo que no parecía nadie, mató al Egipcio, y escondiólo en la arena.

    2:13Y salió al día siguiente, y viendo á dos Hebreos que reñían, dijo al que hacía la injuria: ¿Por qué hieres á tu prójimo?

    2:14Y él respondió: ¿Quién te ha puesto á ti por príncipe y juez sobre nosotros? ¿piensas matarme como mataste al Egipcio? Entonces Moisés tuvo miedo, y dijo: Ciertamente esta cosa es descubierta.

    2:15Y oyendo Faraón este negocio, procuró matar á Moisés: mas Moisés huyó de delante de Faraón, y habitó en la tierra de Madián; y sentóse junto á un pozo.

    2:16Tenía el sacerdote de Madián siete hijas, las cuales vinieron á sacar agua, para llenar las pilas y dar de beber á las ovejas de su padre.

    2:17Mas los pastores vinieron, y echáronlas: Entonces Moisés se levantó y defendiólas, y abrevó sus ovejas.

    2:18Y volviendo ellas á Ragüel su padre, díjoles él: ¿Por qué habéis hoy venido tan presto?

    2:19Y ellas respondieron: Un varón Egipcio nos defendió de mano de los pastores, y también nos sacó el agua, y abrevó las ovejas.

    2:20Y dijo á sus hijas: ¿Y dónde está? ¿por qué habéis dejado ese hombre? llamadle para que coma pan.

    2:21Y Moisés acordó en morar con aquel varón; y él dió á Moisés á su hija Séphora:

    2:22La cual le parió un hijo, y él le puso por nombre Gersom: porque dijo: Peregrino soy en tierra ajena.

    Éxodo 2:11-22: El egipcio en la arena, y el pozo en Madián
  3. 03

    Éxodo 3:1-4:17

    La zarza que ardía

    Cuidando el rebaño de Jetro en Horeb, ve una zarza que arde sin consumirse. Dios lo llama por nombre, le dice que se quite el calzado, se nombra el Dios de Abraham, Isaac y Jacob y luego YO SOY EL QUE SOY, y lo envía a Faraón. Moisés objeta cinco veces: quién soy yo, cuál es tu nombre, no me creerán, soy tardo en el habla, envía a otro. Dios le da señales, una vara, y a Aarón.

    La primera promesa a Moisés no afirma que posea las cualidades adecuadas. Afirma que Dios estará con él. Moisés plantea su propia insuficiencia en 3:11; la respuesta desplaza el centro del mensajero a la presencia de quien lo envía. Incluso la señal tiene un calendario singular. Israel servirá a Dios en este monte después de la liberación, no antes de que Moisés tenga que salir de Madián. La comisión no llega acompañada de una demostración ya concluida de todo lo que exige. Llega con una promesa y un destino.

    El movimiento de 3:7 a 3:10 merece atención. Dios ha visto, oído y conocido el sufrimiento de Israel, y declara que ha descendido para librarlo. Entonces manda a Moisés ante el faraón. La atención divina no vuelve innecesario al mensajero humano; da sentido a su encargo. Tampoco ha tropezado Moisés con un arbusto sagrado por naturaleza. La tarea ordinaria de cuidar el rebaño ajeno lo lleva a un suelo que la presencia de Dios hace santo. Se aparta para mirar, escucha su nombre y se quita el calzado. La cercanía y el límite aparecen juntos.

    Sus objeciones van dejando de ser indirectas. Primero está su identidad, después el nombre, luego la posible incredulidad de Israel y finalmente su dificultad para hablar. En 4:13, las razones elaboradas ceden ante la petición de que sea enviado otro. El texto registra la ira de Dios; no convierte todo el intercambio en un malentendido encantador. Aun así, la ayuda toma una forma concreta: Aarón hablará, Moisés lo instruirá y la vara que ya lleva en la mano los acompañará. La zarza no ha producido un héroe repentinamente elocuente. Ha dado lugar a una comisión de la que Moisés no logra librarse con explicaciones.

    Versículo por versículo

    1. 3:2-4

      El ángel del SEÑOR aparece en la llama, mientras que después el pasaje identifica al hablante como el SEÑOR y Dios. Presenta la palabra divina sin explicar el mecanismo de esa manifestación.

    2. 3:14

      El nombre se relaciona con el verbo hebreo que significa ser o estar. Soy y estaré representan una discusión interpretativa real, no una elección entre un nombre significativo y otro vacío.

    3. 3:19

      La resistencia egipcia prevista forma parte de la comisión desde el principio. La negativa del faraón no demostrará, por sí sola, que Moisés haya entendido mal el encargo.

    4. 4:10

      La lentitud de habla y de lengua no establece un diagnóstico médico concreto. Hechos 7:22 describe a Moisés como poderoso en palabras y obras, sin explicar la relación entre esa descripción y esta objeción.

    5. 3:6

      Marcos 12:26-27 vuelve a la zarza y a la identificación de Dios con Abraham, Isaac y Jacob en el argumento de Jesús sobre la resurrección. El encuentro da testimonio del Dios vivo, además de enviar a Moisés.

    Éxodo 3:1-4:17: La zarza que ardía

    Éxodo 3:1-4:17

    Santa Biblia Reina Valera 1909 · 39 versículos

    3:1Y APACENTANDO Moisés las ovejas de Jethro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas detrás del desierto, y vino á Horeb, monte de Dios.

    3:2Y apareciósele el Angel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza: y él miró, y vió que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía.

    3:3Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora, y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema.

    3:4Y viendo Jehová que iba á ver, llamólo Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí.

    3:5Y dijo: No te llegues acá: quita tus zapatos de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.

    3:6Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar á Dios.

    3:7Y dijo Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor á causa de sus exactores; pues tengo conocidas sus angustias:

    3:8Y he descendido para librarlos de mano de los Egipcios, y sacarlos de aquella tierra á una tierra buena y ancha, á tierra que fluye leche y miel, á los lugares del Cananeo, del Hetheo, del Amorrheo, del Pherezeo, del Heveo, y del Jebuseo.

    3:9El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los Egipcios los oprimen.

    3:10Ven por tanto ahora, y enviarte he á Faraón, para que saques á mi pueblo, los hijos de Israel, de Egipto.

    3:11Entonces Moisés respondió á Dios: ¿Quién soy yo, para que vaya á Faraón, y saque de Egipto á los hijos de Israel?

    3:12Y él [le] respondió: [Ve], porque yo seré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: luego que hubieres sacado este pueblo de Egipto, serviréis á Dios sobre este monte.

    3:13Y dijo Moisés á Dios: He aquí que llego yo á los hijos de Israel, y les digo, El Dios de vuestros padres me ha enviado á vosotros; si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre? ¿qué les responderé?

    3:14Y respondió Dios á Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás á los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado á vosotros.

    3:15Y dijo más Dios á Moisés: Así dirás á los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado á vosotros. Este es mi nombre para siempre, este es mi memorial por todos los siglos.

    3:16Ve, y junta los ancianos de Israel, y diles: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac, y de Jacob, me apareció, diciendo: De cierto os he visitado, y [visto] lo que se os hace en Egipto;

    3:17Y he dicho: Yo os sacaré de la aflicción de Egipto á la tierra del Cananeo, y del Hetheo, y del Amorrheo, y del Pherezeo, y del Heveo, y del Jebuseo, á una tierra que fluye leche y miel.

    3:18Y oirán tu voz; é irás tú, y los ancianos de Israel, al rey de Egipto, y le diréis: Jehová, el Dios de los Hebreos, nos ha encontrado; por tanto nosotros iremos ahora camino de tres días por el desierto, para que sacrifiquemos á Jehová nuestro Dios.

    3:19Mas yo sé que el rey de Egipto no os dejará ir sino por mano fuerte.

    3:20Empero yo extenderé mi mano, y heriré á Egipto con todas mis maravillas que haré en él, y entonces os dejará ir.

    3:21Y yo daré á este pueblo gracia en los ojos de los Egipcios, para que cuando os partiereis, no salgáis vacíos:

    3:22Sino que demandará cada mujer á su vecina y á su huéspeda vasos de plata, vasos de oro, y vestidos: los cuales pondréis sobre vuestros hijos y vuestras hijas; y despojaréis á Egipto.

    4:1ENTONCES Moisés respondió, y dijo: He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová.

    4:2Y Jehová dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara.

    4:3Y él le dijo: Échala en tierra. Y él la echó en tierra, y tornóse una culebra: y Moisés huía de ella.

    4:4Entonces dijo Jehová á Moisés: Extiende tu mano, y tómala por la cola. Y él extendió su mano, y tomóla, y tornóse vara en su mano.

    4:5Por esto creerán que se te ha aparecido Jehová, el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob.

    4:6Y díjole más Jehová: Mete ahora tu mano en tu seno. Y él metió la mano en su seno; y como la sacó, he aquí que su mano estaba leprosa como la nieve.

    4:7Y dijo: Vuelve á meter tu mano en tu seno: y él volvió á meter su mano en su seno; y volviéndola á sacar del seno, he aquí que se había vuelto como la otra carne.

    4:8Sí aconteciere, que no te creyeren, ni obedecieren á la voz de la primera señal, creerán á la voz de la postrera.

    4:9Y si aun no creyeren á estas dos señales, ni oyeren tu voz, tomarás de las aguas del río, y derrámalas en tierra; y volverse han aquellas aguas que tomarás del río, se volverán sangre en la tierra.

    4:10Entonces dijo Moisés á Jehová: ¡Ay Señor! yo no soy hombre de palabras de ayer ni de anteayer, ni aun desde que tú hablas á tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua.

    4:11Y Jehová le respondió: ¿Quién dió la boca al hombre? ¿ó quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿no soy yo Jehová?

    4:12Ahora pues, ve, que yo seré en tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar.

    4:13Y él dijo: ¡Ay Señor! envía por mano del que has de enviar.

    4:14Entonces Jehová se enojó contra Moisés, y dijo: ¿No conozco yo á tu hermano Aarón, Levita, y que él hablará? Y aun he aquí que él te saldrá á recibir, y en viéndote, se alegrará en su corazón.

    4:15Tú hablarás á él, y pondrás en su boca las palabras, y yo seré en tu boca y en la suya, y os enseñaré lo que hayáis de hacer.

    4:16Y él hablará por ti al pueblo; y él te será á ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios.

    4:17Y tomarás esta vara en tu mano, con la cual harás las señales.

  4. 04

    Éxodo 4:18-31

    El camino de vuelta

    Toma a su esposa e hijos y la vara de Dios y parte. En una posada el SEÑOR le sale al encuentro y quiere matarlo, y Séfora circuncida a su hijo con un pedernal. Aarón lo recibe en el monte de Dios, y juntos reúnen a los ancianos de Israel, que creen e inclinan la cabeza.

    La vara ha cambiado de dueño sin cambiar de mano. En 4:2 era simplemente el objeto que llevaba Moisés; en 4:20 es la vara de Dios. Ese pequeño cambio recoge el sentido del viaje. Moisés sigue siendo un esposo que viaja con su familia y un pastor que lleva un bastón, pero el encargo pertenece ahora a otro. El mensaje sobre Israel como primogénito de Dios da a la confrontación con el faraón un lenguaje familiar antes de convertirla en un enfrentamiento de señales. La liberación no se presenta solo como una petición de mejores condiciones laborales. El faraón exige el servicio de un hijo que Dios reclama como suyo.

    Entonces, el camino interrumpe cualquier suposición fácil sobre la seguridad del hombre enviado. El SEÑOR sale a su encuentro y busca matarlo; Séfora actúa y el peligro pasa. Los pronombres son desconcertantemente escasos. Suele entenderse que Moisés está en peligro, aunque también se ha propuesto al hijo, y se discute de quién son los pies tocados. El texto permite afirmar la acción con mayor seguridad que reconstruir toda la escena: un hijo es circuncidado, Séfora toca con el prepucio y el encuentro mortal termina. La circuncisión recuerda la obligación del pacto en Génesis 17. El hombre enviado a hablar por ese pacto no queda fuera de sus exigencias. Aquí, la acción decisiva pertenece a Séfora, no a Moisés. El capítulo termina con la adoración de los ancianos, no con una exhibición del prestigio del enviado: han oído que Dios ha atendido a Israel y ha visto su aflicción. El sufrimiento reconocido en la zarza es la noticia que los conmueve.

    Versículo por versículo

    1. 4:18

      Moisés pide permiso a Jetro para regresar, pero el versículo no afirma que le relate todo lo ocurrido en la zarza. El silencio sobre esa conversación no demuestra que nunca existiera.

    2. 4:22-23

      Israel, como pueblo, es llamado primogénito de Dios. La amenaza siguiente contra el primogénito del faraón conserva deliberadamente el mismo término familiar.

    3. 4:24

      La identidad de la persona amenazada queda implícita. Las interpretaciones que precisan cada movimiento o explican todo el razonamiento de Séfora exceden lo que establece el texto.

    4. 4:25-26

      Esposo de sangre es la expresión de Séfora, repetida en el versículo 26 con referencia explícita a la circuncisión. Su trasfondo ritual exacto sigue siendo discutido.

    5. 4:31

      Visitar significa aquí que Dios ha atendido activamente a Israel, no que haya llegado solo a inspeccionarlo. El motivo declarado de la adoración es que ha reconocido su aflicción.

    Éxodo 4:18-31

    Santa Biblia Reina Valera 1909 · 14 versículos

    4:18Así se fué Moisés, y volviendo á su suegro Jethro, díjole: Iré ahora, y volveré á mis hermanos que están en Egipto, para ver si aun viven. Y Jethro dijo á Moisés: Ve en paz.

    4:19Dijo también Jehová á Moisés en Madián: Ve, y vuélvete á Egipto, porque han muerto todos los que procuraban tu muerte.

    4:20Entonces Moisés tomó su mujer y sus hijos, y púsolos sobre un asno, y volvióse á tierra de Egipto: tomó también Moisés la vara de Dios en su mano.

    4:21Y dijo Jehová á Moisés: Cuando hubiereis vuelto á Egipto, mira que hagas delante de Faraón todas las maravillas que he puesto en tu mano: yo empero endureceré su corazón, de modo que no dejará ir al pueblo.

    4:22Y dirás á Faraón: Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito.

    4:23Ya te he dicho que dejes ir á mi hijo, para que me sirva, mas no has querido dejarlo ir: he aquí yo voy á matar á tu hijo, tu primogénito.

    4:24Y aconteció en el camino, que en una posada le salió al encuentro Jehová, y quiso matarlo.

    4:25Entonces Séphora cogió un afilado pedernal, y cortó el prepucio de su hijo, y echólo á sus pies, diciendo: A la verdad tú me eres un esposo de sangre.

    4:26Así le dejó luego ir. Y ella dijo: Esposo de sangre, á causa de la circuncisión.

    4:27Y Jehová dijo á Aarón: Ve á recibir á Moisés al desierto. Y él fué, y encontrólo en el monte de Dios, y besóle.

    4:28Entonces contó Moisés á Aarón todas las palabras de Jehová que le enviaba, y todas las señales que le había dado.

    4:29Y fueron Moisés y Aarón, y juntaron todos los ancianos de los hijos de Israel:

    4:30Y habló Aarón todas las palabras que Jehová había dicho á Moisés, é hizo las señales delante de los ojos del pueblo.

    4:31Y el pueblo creyó: y oyendo que Jehová había visitado los hijos de Israel, y que había visto su aflicción, inclináronse y adoraron.

    Éxodo 4:18-31: El camino de vuelta
  5. 05

    Éxodo 5-6

    ¿Quién es el SEÑOR?

    Moisés y Aarón dicen a Faraón: deja ir a mi pueblo. Faraón responde: ¿quién es el SEÑOR, para que yo oiga su voz? Retira la paja y exige la misma tarea de ladrillos. El pueblo culpa a Moisés, Moisés se queja a Dios, y Dios responde con su nombre y siete promesas: os sacaré, os libraré, os redimiré, os tomaré por mi pueblo.

    El primer resultado medible de la misión de Moisés es una jornada laboral peor. La cuota de ladrillos permanece, desaparece el suministro de paja y los capataces hebreos reciben los golpes cuando faltan piezas. Ese arreglo importa. El faraón obliga al pueblo oprimido a hacer cumplir una exigencia imposible y después llama pereza a su petición de adorar. La confrontación sobre la autoridad de Dios alcanza cuerpos y materiales de construcción antes de producir una señal espectacular. La apelación de los capataces al faraón fracasa; su enojo se vuelve contra Moisés y Aarón. La liberación ha sido anunciada, pero quienes reciben los golpes todavía no pueden verla.

    Moisés no maquilla ese fracaso antes de presentarlo a Dios. Su queja al final del capítulo 5 declara directamente la aparente contradicción: el encargo ha traído mal al pueblo y la liberación no ha ocurrido. La respuesta del capítulo 6 depende notablemente poco de un Moisés recién mejorado. Dios recuerda el pacto y despliega su obra mediante promesas reiteradas: sacar, librar, redimir, tomar un pueblo, ser su Dios, introducirlo y darle la tierra. El objetivo supera la cancelación de una obligación laboral. Un pueblo pertenecerá a Dios y recibirá la herencia prometida a sus padres.

    Entonces una lista familiar detiene el impulso. Rubén, Simeón, Leví: la genealogía llega al tercer hijo y sigue su descendencia hasta Aarón y Moisés. No es una interrupción al azar ni un registro completo de Israel. Identifica la casa concreta de la que proceden los enviados, incluidas relaciones importantes en otros pasajes del desierto. La identificación reiterada en 6:26-27 une esos nombres familiares ordinarios con el encargo extraordinario. Mientras tanto, vuelve la objeción de Moisés sobre sus labios. La declaración de Dios se ha ampliado; Moisés no se ha convertido en otra clase de ser.

    Versículo por versículo

    1. 5:14

      Los supervisores egipcios y los capataces israelitas ocupan puestos distintos. El versículo 14 identifica expresamente a los capataces golpeados como hombres de los hijos de Israel.

    2. 5:11-13

      El rastrojo sustituye la paja que antes se suministraba, pero la cuota de ladrillos no cambia. La crisis nace de esa combinación imposible, no solo de la escasez de material.

    3. 6:3

      El nombre divino ya aparece en Génesis, incluido Génesis 4:26. Por eso se discute si 6:3 trata de un nombre recién revelado o de una nueva experiencia de lo que significa al cumplirse el pacto.

    4. 6:6-8

      Las promesas avanzan desde la liberación hasta la relación y la herencia. Salir de Egipto es el comienzo de la obra anunciada, no todo su contenido.

    5. 6:20-23

      La genealogía identifica a Amram y Jocabed como padres de Aarón y Moisés, y nombra a la esposa y los hijos de Aarón. Su atención se concentra en la familia enviada, no en todas las tribus.

    6. 6:30

      Labios incircuncisos describe figuradamente un habla considerada inadecuada para la tarea. Renueva la objeción; no introduce una condición literal de la boca.

    Éxodo 5-6: ¿Quién es el SEÑOR?

    Éxodo 5-6

    Santa Biblia Reina Valera 1909 · 53 versículos

    5:1DESPUÉS entraron Moisés y Aarón á Faraón, y le dijeron: Jehová, el Dios de Israel, dice así: Deja ir á mi pueblo á celebrarme fiesta en el desierto.

    5:2Y Faraón respondió: ¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir á Israel? Yo no conozco á Jehová, ni tampoco dejaré ir á Israel.

    5:3Y ellos dijeron: El Dios de los Hebreos nos ha encontrado: iremos, pues, ahora camino de tres días por el desierto, y sacrificaremos á Jehová nuestro Dios; porque no venga sobre nosotros con pestilencia ó con espada.

    5:4Entonces el rey de Egipto les dijo: Moisés y Aarón, ¿por qué hacéis cesar al pueblo de su obra? idos á vuestros cargos.

    5:5Dijo también Faraón: He aquí el pueblo de la tierra es ahora mucho, y vosotros les hacéis cesar de sus cargos.

    5:6Y mandó Faraón aquel mismo día á los cuadrilleros del pueblo que le tenían á su cargo, y á sus gobernadores, diciendo:

    5:7De aquí adelante no daréis paja al pueblo para hacer ladrillo, como ayer y antes de ayer; vayan ellos y recojan por sí mismos la paja:

    5:8Y habéis de ponerles la tarea del ladrillo que hacían antes, y no les disminuiréis nada; porque están ociosos, y por eso levantan la voz diciendo: Vamos y sacrificaremos á nuestro Dios.

    5:9Agrávese la servidumbre sobre ellos, para que se ocupen en ella, y no atiendan á palabras de mentira.

    5:10Y saliendo los cuadrilleros del pueblo y sus gobernadores, hablaron al pueblo, diciendo: Así ha dicho Faraón: Yo no os doy paja.

    5:11Id vosotros, y recoged paja donde la hallareis; que nada se disminuirá de vuestra tarea.

    5:12Entonces el pueblo se derramó por toda la tierra de Egipto á coger rastrojo en lugar de paja.

    5:13Y los cuadrilleros los apremiaban, diciendo: Acabad vuestra obra, la tarea del día en su día, como cuando se os daba paja.

    5:14Y azotaban á los capataces de los hijos de Israel, que los cuadrilleros de Faraón habían puesto sobre ellos, diciendo: ¿Por qué no habéis cumplido vuestra tarea de ladrillo ni ayer ni hoy, como antes?

    5:15Y los capataces de los hijos de Israel vinieron á Faraón, y se quejaron á él, diciendo: ¿Por qué lo haces así con tus siervos?

    5:16No se da paja á tus siervos, y con todo nos dicen: Haced el ladrillo. Y he aquí tus siervos son azotados, y tu pueblo cae en falta.

    5:17Y él respondió: Estáis ociosos, [sí], ociosos, y por eso decís: Vamos y sacrifiquemos á Jehová.

    5:18Id pues ahora, [y] trabajad. No se os dará paja, y habéis de dar la tarea del ladrillo.

    5:19Entonces los capataces de los hijos de Israel se vieron en aflicción, habiéndoseles dicho: No se disminuirá nada de vuestro ladrillo, de la tarea de cada día.

    5:20Y encontrando á Moisés y á Aarón, que estaban á la vista de ellos cuando salían de Faraón,

    5:21Dijéronles: Mire Jehová sobre vosotros, y juzgue; pues habéis hecho heder nuestro olor delante de Faraón y de sus siervos, dándoles el cuchillo en las manos para que nos maten.

    5:22Entonces Moisés se volvió á Jehová, y dijo: Señor, ¿por qué afliges á este pueblo? ¿para qué me enviaste?

    5:23Porque desde que yo vine á Faraón para hablarle en tu nombre, ha afligido á este pueblo; y tú tampoco has librado á tu pueblo.

    6:1JEHOVÁ respondió á Moisés: Ahora verás lo que yo haré á Faraón; porque con mano fuerte los ha de dejar ir; y con mano fuerte los ha de echar de su tierra.

    6:2Habló todavía Dios á Moisés, y díjole: Yo soy JEHOVÁ;

    6:3Y aparecí á Abraham, á Isaac y á Jacob bajo [el nombre de] Dios Omnipotente, mas en mi nombre JEHOVÁ no me notifiqué á ellos.

    6:4Y también establecí mi pacto con ellos, de darles la tierra de Canaán, la tierra en que fueron extranjeros, y en la cual peregrinaron.

    6:5Y asimismo yo he oído el gemido de los hijos de Israel, á quienes hacen servir los Egipcios, y heme acordado de mi pacto.

    6:6Por tanto dirás á los hijos de Israel: Yo JEHOVÁ; y yo os sacaré de debajo de las cargas de Egipto, y os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes:

    6:7Y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios: y vosotros sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que os saco de debajo de las cargas de Egipto:

    6:8Y os meteré en la tierra, por la cual alcé mi mano que la daría á Abraham, á Isaac y á Jacob: y yo os la daré por heredad. Yo JEHOVÁ.

    6:9De esta manera habló Moisés á los hijos de Israel: mas ellos no escuchaban á Moisés á causa de la congoja de espíritu, y de la dura servidumbre.

    6:10Y habló Jehová á Moisés, diciendo:

    6:11Entra, y habla á Faraón rey de Egipto, que deje ir de su tierra á los hijos de Israel.

    6:12Y respondió Moisés delante de Jehová, diciendo: He aquí, los hijos de Israel no me escuchan: ¿cómo pues me escuchará Faraón, mayormente siendo yo incircunciso de labios?

    6:13Entonces Jehová habló á Moisés y á Aarón, y dióles mandamiento para los hijos de Israel, y para Faraón rey de Egipto, para que sacasen á los hijos de Israel de la tierra de Egipto.

    6:14Estas son las cabezas de las familias de sus padres. Los hijos de Rubén, el primogénito de Israel: Hanoch y Phallú, Hezrón y Carmi: estas son las familias de Rubén.

    6:15Los hijos de Simeón: Jemuel, y Jamín, y Ohad, y Jachîn, y Zoar, y Saúl, hijo de una Cananea: estas son las familias de Simeón.

    6:16Y estos son los nombres de los hijos de Leví por sus linajes: Gersón, y Coath, y Merari. Y los años de la vida de Leví fueron ciento treinta y siete años.

    6:17Y los hijos de Gersón: Libni, y Shimi, por sus familias.

    6:18Y los hijos de Coath: Amram, é Izhar, y Hebrón, y Uzziel. Y los años de la vida de Coath fueron ciento treinta y tres años.

    6:19Y los hijos de Merari: Mahali, y Musi: estas son las familias de Leví por sus linajes.

    6:20Y Amram tomó por mujer á Jochêbed su tía; la cual le parió á Aarón y á Moisés. Y los años de la vida de Amram fueron ciento treinta y siete años.

    6:21Y los hijos de Izhar: Cora, y Nepheg y Zithri.

    6:22Y los hijos de Uzziel: Misael, y Elzaphán y Zithri.

    6:23Y tomóse Aarón por mujer á Elisabeth, hija de Aminadab, hermana de Naasón; la cual le parió á Nadab, y á Abiú, y á Eleazar y á Ithamar.

    6:24Y los hijos de Cora: Assir, y Elcana, y Abiasaph: estas son las familias de los Coritas.

    6:25Y Eleazar, hijo de Aarón, tomó para sí mujer de las hijas de Phutiel, la cual le parió á Phinees: y estas son las cabezas de los padres de los Levitas por sus familias.

    6:26Este es aquel Aarón y aquel Moisés, á los cuales Jehová dijo: Sacad á los hijos de Israel de la tierra de Egipto por sus escuadrones.

    6:27Estos son los que hablaron á Faraón rey de Egipto, para sacar de Egipto á los hijos de Israel. Moisés y Aarón fueron estos.

    6:28Cuando Jehová habló á Moisés en la tierra de Egipto,

    6:29Entonces Jehová habló á Moisés, diciendo: Yo soy JEHOVÁ; di á Faraón rey de Egipto todas las cosas que yo te digo á ti.

    6:30Y Moisés respondió delante de Jehová: He aquí, yo soy incircunciso de labios, ¿cómo pues me ha de oir Faraón?

  6. 06

    Éxodo 7-10

    Nueve plagas

    La vara de Aarón se vuelve serpiente y devora las de los magos. Luego el río se vuelve sangre, ranas, piojos, moscas, mortandad en el ganado, úlceras, granizo, langostas y tres días de tinieblas. Faraón endurece su corazón, o el SEÑOR lo endurece, tras cada una. Moisés extiende su mano para el granizo, las langostas y las tinieblas, y Faraón al fin le dice: no veas más mi rostro.

    Los primeros éxitos de los magos prestan un servicio peculiar a Egipto: aumentan sus problemas. Producir más sangre o más ranas no elimina la sangre ni las ranas que ya vuelven insoportable el país. El faraón debe pedir a Moisés que interceda para obtener alivio. Cuando llegan las úlceras, los magos ni siquiera pueden mantenerse ante él. La secuencia no es una competencia para ver quién realiza el acto más impresionante. Revela la diferencia entre imitación, autoridad y poder para poner fin a un juicio. Incluso las concesiones del faraón intentan conservar la posesión: adorar aquí, no ir muy lejos, llevar a los hombres pero no a los niños, dejar el ganado. La insistencia en que no quede ni una pezuña responde a una serie de reservas, no a una disputa por un animal terco.

    El lenguaje del endurecimiento es deliberadamente incómodo. El faraón endurece su corazón, su corazón aparece endurecido y el SEÑOR lo endurece. La comisión ya había anunciado la acción divina, por lo que sería engañoso afirmar que Dios interviene solo después de una primera fase enteramente independiente. También lo sería borrar las negativas, retractaciones y confesiones de pecado del faraón. El Libro del Éxodo coloca juntos el propósito divino y las decisiones por las que responde el gobernante. No ofrece una fórmula ordenada para hacer desaparecer ninguno de los dos.

    Hay diferencias dentro de Egipto, además de entre Egipto e Israel. Antes del granizo, algunos siervos del faraón temen la palabra del SEÑOR y resguardan a sus trabajadores y animales; otros los dejan afuera. La advertencia permite responder y el texto registra respuestas distintas. Después, los cultivos dañados se nombran con una paciencia casi agrícola: el lino y la cebada fueron golpeados; el trigo y el centeno todavía no habían crecido. El juicio no es una masa de desastres intercambiables. Tiene tiempos, límites, testigos y sobrevivientes. Su propósito declarado vuelve al conocimiento: el faraón, Egipto y los hijos de Israel han de reconocer de quién es la palabra que se ha cumplido.

    Versículo por versículo

    1. 7:7

      Moisés tiene ochenta años y Aarón ochenta y tres cuando hablan al faraón. El enfrentamiento pertenece a su vejez, no a su primera juventud.

    2. 8:19

      La expresión dedo de Dios reconoce un poder superior al de los magos. Lucas 11:20 emplea la misma frase cuando Jesús habla de expulsar demonios.

    3. 9:3

      La plaga del ganado se anuncia contra los animales que están en el campo. La advertencia posterior del granizo vuelve a distinguir entre los que quedan afuera y los que reciben resguardo.

    4. 9:12

      Es el primer informe dentro de las plagas que hace explícitamente al SEÑOR sujeto del endurecimiento del corazón del faraón. Ese endurecimiento divino ya se había anunciado en Éxodo 4:21 y 7:3.

    5. 9:20-21

      Algunos funcionarios egipcios actúan según la advertencia y otros no. La distinción aparece entre los propios siervos del faraón, no solo entre dos poblaciones nacionales.

    6. 10:26

      Moisés explica la exigencia del ganado por las necesidades del culto, cuyos sacrificios todavía no han sido revelados por completo. Un permiso condicionado no equivale a la liberación exigida.

    Éxodo 7-10: Nueve plagas

    Éxodo 7-10

    Santa Biblia Reina Valera 1909 · 121 versículos

    7:1Y JEHOVÁ dijo á Moisés: Mira, yo te he constituído dios para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta.

    7:2Tú dirás todas las cosas que yo te mandaré, y Aarón tu hermano hablará á Faraón, para que deje ir de su tierra á los hijos de Israel.

    7:3Y yo endureceré el corazón de Faraón, y multiplicaré en la tierra de Egipto mis señales y mis maravillas.

    7:4Y Faraón no os oirá; mas yo pondré mi mano sobre Egipto, y sacaré á mis ejércitos, mi pueblo, los hijos de Israel, de la tierra de Egipto, con grandes juicios.

    7:5Y sabrán los Egipcios que yo soy Jehová, cuando extenderé mi mano sobre Egipto, y sacaré los hijos de Israel de en medio de ellos.

    7:6E hizo Moisés y Aarón como Jehová les mandó: hiciéronlo así.

    7:7Y era Moisés de edad de ochenta años, y Aarón de edad de ochenta y tres, cuando hablaron á Faraón.

    7:8Y habló Jehová á Moisés y á Aarón, diciendo:

    7:9Si Faraón os respondiere diciendo, Mostrad milagro; dirás á Aarón: Toma tu vara, y échala delante de Faraón, para que se torne culebra.

    7:10Vinieron, pues, Moisés y Aarón á Faraón, é hicieron como Jehová lo había mandado: y echó Aarón su vara delante de Faraón y de sus siervos, y tornóse culebra.

    7:11Entonces llamó también Faraón sabios y encantadores; é hicieron también lo mismo los encantadores de Egipto con sus encantamientos;

    7:12Pues echó cada uno su vara, las cuales se volvieron culebras: mas la vara de Aarón devoró las varas de ellos.

    7:13Y el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó; como Jehová lo había dicho.

    7:14Entonces Jehová dijo á Moisés: El corazón de Faraón está agravado, que no quiere dejar ir al pueblo.

    7:15Ve por la mañana á Faraón, he aquí que él sale á las aguas; y tú ponte á la orilla del río delante de él, y toma en tu mano la vara que se volvió culebra,

    7:16Y dile: Jehová el Dios de los Hebreos me ha enviado á ti, diciendo: Deja ir á mi pueblo, para que me sirvan en el desierto; y he aquí que hasta ahora no has querido oir.

    7:17Así ha dicho Jehová: En esto conocerás que yo soy Jehová: he aquí, yo heriré con la vara que tengo en mi mano el agua que está en el río, y se convertirá en sangre:

    7:18Y los peces que hay en el río morirán, y hederá el río, y tendrán asco los Egipcios de beber el agua del río.

    7:19Y Jehová dijo á Moisés: Di á Aarón: Toma tu vara, y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus ríos, sobre sus arroyos y sobre sus estanques, y sobre todos sus depósitos de aguas, para que se conviertan en sangre, y haya sangre por toda la región de Egipto, así en los vasos de madera como en los de piedra.

    7:20Y Moisés y Aarón hicieron como Jehová lo mandó; y alzando la vara hirió las aguas que había en el río, en presencia de Faraón y de sus siervos; y todas las aguas que había en el río se convirtieron en sangre.

    7:21Asimismo los peces que había en el río murieron; y el río se corrompió, que los Egipcios no podían beber de él: y hubo sangre por toda la tierra de Egipto.

    7:22Y los encantadores de Egipto hicieron lo mismo con sus encantamientos: y el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó; como Jehová lo había dicho.

    7:23Y tornando Faraón volvióse á su casa, y no puso su corazón aun en esto.

    7:24Y en todo Egipto hicieron pozos alrededor del río para beber, porque no podían beber de las aguas del río.

    7:25Y cumpliéronse siete días después que Jehová hirió el río.

    8:1ENTONCES Jehová dijo á Moisés: Entra á Faraón, y dile: Jehová ha dicho así: Deja ir á mi pueblo, para que me sirvan.

    8:2Y si no lo quisieres dejar ir, he aquí yo heriré con ranas todos tus términos:

    8:3Y el río criará ranas, las cuales subirán, y entrarán en tu casa, y en la cámara de tu cama, y sobre tu cama, y en las casas de tus siervos, y en tu pueblo, y en tus hornos, y en tus artesas:

    8:4Y las ranas subirán sobre ti, y sobre tu pueblo, y sobre todos tus siervos.

    8:5Y Jehová dijo á Moisés: Di á Aarón: Extiende tu mano con tu vara sobre los ríos, arroyos, y estanques, para que haga venir ranas sobre la tierra de Egipto.

    8:6Entonces Aarón extendió su mano sobre las aguas de Egipto, y subieron ranas que cubrieron la tierra de Egipto.

    8:7Y los encantadores hicieron lo mismo con sus encantamientos, é hicieron venir ranas sobre la tierra de Egipto.

    8:8Entonces Faraón llamó á Moisés y á Aarón, y díjoles: Orad á Jehová que quite las ranas de mí y de mi pueblo; y dejaré ir al pueblo, para que sacrifique á Jehová.

    8:9Y dijo Moisés á Faraón: Gloríate sobre mí: ¿cuándo oraré por ti, y por tus siervos, y por tu pueblo, para que las ranas sean quitadas de ti, y de tus casas, y que solamente se queden en el río?

    8:10Y él dijo: Mañana. Y [Moisés] respondió: Se hará conforme á tu palabra, para que conozcas que no hay como Jehová nuestro Dios:

    8:11Y las ranas se irán de ti, y de tus casas, y de tus siervos, y de tu pueblo, y solamente se quedarán en el río.

    8:12Entonces salieron Moisés y Aarón de con Faraón, y clamó Moisés á Jehová sobre el negocio de las ranas que había puesto á Faraón.

    8:13E hizo Jehová conforme á la palabra de Moisés, y murieron las ranas de las casas, de los cortijos, y de los campos.

    8:14Y las juntaron en montones, y apestaban la tierra.

    8:15Y viendo Faraón que le habían dado reposo, agravó su corazón, y no los escuchó; como Jehová lo había dicho.

    8:16Entonces Jehová dijo á Moisés: Di á Aarón: Extiende tu vara, y hiere el polvo de la tierra, para que se vuelva piojos por todo el país de Egipto.

    8:17Y ellos lo hicieron así; y Aarón extendió su mano con su vara, é hirió el polvo de la tierra, el cual se volvió piojos, así en los hombres como en las bestias: todo el polvo de la tierra se volvió piojos en todo el país de Egipto.

    8:18Y los encantadores hicieron así también, para sacar piojos con sus encantamientos; mas no pudieron. Y había piojos así en los hombres como en las bestias.

    8:19Entonces los magos dijeron á Faraón: Dedo de Dios es este. Mas el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó; como Jehová lo había dicho.

    8:20Y Jehová dijo á Moisés: Levántate de mañana y ponte delante de Faraón, he aquí él sale á las aguas; y dile: Jehová ha dicho así: Deja ir á mi pueblo, para que me sirva.

    8:21Porque si no dejares ir á mi pueblo, he aquí yo enviaré sobre ti, y sobre tus siervos, y sobre tu pueblo, y sobre tus casas toda suerte de moscas; y las casas de los Egipcios se henchirán de toda suerte de moscas, y asimismo la tierra donde ellos estuvieren.

    8:22Y aquel día yo apartaré la tierra de Gosén, en la cual mi pueblo habita, para que ninguna suerte de moscas haya en ella; á fin de que sepas que yo soy Jehová en medio de la tierra.

    8:23Y yo pondré redención entre mi pueblo y el tuyo. Mañana será esta señal.

    8:24Y Jehová lo hizo así: que vino toda suerte de moscas molestísimas sobre la casa de Faraón, y sobre las casas de sus siervos, y sobre todo el país de Egipto; y la tierra fué corrompida á causa de ellas.

    8:25Entonces Faraón llamó á Moisés y á Aarón, y díjoles: Andad, sacrificad á vuestro Dios en la tierra.

    8:26Y Moisés respondió: No conviene que hagamos así, porque sacrificaríamos á Jehová nuestro Dios la abominación de los Egipcios. He aquí, si sacrificáramos la abominación de los Egipcios delante de ellos, ¿no nos apedrearían?

    8:27Camino de tres días iremos por el desierto, y sacrificaremos á Jehová nuestro Dios, como él nos dirá.

    8:28Y dijo Faraón: Yo os dejaré ir para que sacrifiquéis á Jehová vuestro Dios en el desierto, con tal que no vayáis más lejos: orad por mí.

    8:29Y respondió Moisés: He aquí, en saliendo yo de contigo, rogaré á Jehová que las diversas suertes de moscas se vayan de Faraón, y de sus siervos, y de su pueblo mañana; con tal que Faraón no falte más, no dejando ir al pueblo á sacrificar á Jehová.

    8:30Entonces Moisés salió de con Faraón, y oró á Jehová.

    8:31Y Jehová hizo conforme á la palabra de Moisés; y quitó todas aquellas moscas de Faraón, y de sus siervos, y de su pueblo, sin que quedara una.

    8:32Mas Faraón agravó aún esta vez su corazón, y no dejó ir al pueblo.

    9:1ENTONCES Jehová dijo á Moisés: Entra á Faraón, y dile: Jehová, el Dios de los Hebreos, dice así: Deja ir á mi pueblo, para que me sirvan;

    9:2Porque si no lo quieres dejar ir, y los detuvieres aún,

    9:3He aquí la mano de Jehová será sobre tus ganados que están en el campo, caballos, asnos, camellos, vacas y ovejas, con pestilencia gravísima:

    9:4Y Jehová hará separación entre los ganados de Israel y los de Egipto, de modo que nada muera de todo lo de los hijos de Israel.

    9:5Y Jehová señaló tiempo, diciendo: Mañana hará Jehová esta cosa en la tierra.

    9:6Y el día siguiente Jehová hizo aquello, y murió todo el ganado de Egipto; mas del ganado de los hijos de Israel no murió uno.

    9:7Entonces Faraón envió, y he aquí que del ganado de los hijos de Israel no había muerto uno. Mas el corazón de Faraón se agravó, y no dejó ir al pueblo.

    9:8Y Jehová dijo á Moisés y á Aarón: Tomad puñados de ceniza de un horno, y espárzala Moisés hacia el cielo delante de Faraón:

    9:9Y vendrá á ser polvo sobre toda la tierra de Egipto, el cual originará sarpullido que cause tumores apostemados en los hombres y en las bestias, por todo el país de Egipto.

    9:10Y tomaron la ceniza del horno, y pusiéronse delante de Faraón, y esparcióla Moisés hacia el cielo; y vino un sarpullido que causaba tumores apostemados así en los hombres como en las bestias.

    9:11Y los magos no podían estar delante de Moisés á causa de los tumores, porque hubo sarpullido en los magos y en todos los Egipcios.

    9:12Y Jehová endureció el corazón de Faraón, y no los oyó; como Jehová lo había dicho á Moisés.

    9:13Entonces Jehová dijo á Moisés: Levántate de mañana, y ponte delante de Faraón, y dile: Jehová, el Dios de los Hebreos, dice así: Deja ir á mi pueblo, para que me sirva.

    9:14Porque yo enviaré esta vez todas mis plagas á tu corazón, sobre tus siervos, y sobre tu pueblo, para que entiendas que no hay otro como yo en toda la tierra.

    9:15Porque ahora yo extenderé mi mano para herirte á ti y á tu pueblo de pestilencia, y serás quitado de la tierra.

    9:16Y á la verdad yo te he puesto para declarar en ti mi potencia, y que mi Nombre sea contado en toda la tierra.

    9:17¿Todavía te ensalzas tú contra mi pueblo, para no dejarlos ir?

    9:18He aquí que mañana á estas horas yo haré llover granizo muy grave, cual nunca fué en Egipto, desde el día que se fundó hasta ahora.

    9:19Envía, pues, á recoger tu ganado, y todo lo que tienes en el campo; porque todo hombre ó animal que se hallare en el campo, y no fuere recogido á casa, el granizo descenderá sobre él, y morirá.

    9:20De los siervos de Faraón el que temió la palabra de Jehová, hizo huir sus criados y su ganado á casa:

    9:21Mas el que no puso en su corazón la palabra de Jehová, dejó sus criados y sus ganados en el campo.

    9:22Y Jehová dijo á Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo, para que venga granizo en toda la tierra de Egipto sobre los hombres, y sobre las bestias, y sobre toda la hierba del campo en el país de Egipto.

    9:23Y Moisés extendió su vara hacia el cielo, y Jehová hizo tronar y granizar, y el fuego discurría por la tierra; y llovió Jehová granizo sobre la tierra de Egipto.

    9:24Hubo pues granizo, y fuego mezclado con el granizo, tan grande, cual nunca hubo en toda la tierra de Egipto desde que fué habitada.

    9:25Y aquel granizo hirió en toda la tierra de Egipto todo lo que estaba en el campo, así hombres como bestias; asimismo hirió el granizo toda la hierba del campo, y desgajó todos los árboles del país.

    9:26Solamente en la tierra de Gosén, donde los hijos de Israel estaban, no hubo granizo.

    9:27Entonces Faraón envió á llamar á Moisés y á Aarón, y les dijo: He pecado esta vez: Jehová es justo, y yo y mi pueblo impíos.

    9:28Orad á Jehová: y cesen los truenos de Dios y el granizo; y yo os dejaré ir, y no os detendréis más.

    9:29Y respondióle Moisés: En saliendo yo de la ciudad extenderé mis manos á Jehová, [y] los truenos cesarán, y no habrá más granizo; para que sepas que de Jehová es la tierra.

    9:30Mas yo sé que ni tú ni tus siervos temeréis todavía la presencia del Dios Jehová.

    9:31El lino, pues, y la cebada fueron heridos; porque la cebada estaba ya espigada, y el lino en caña.

    9:32Mas el trigo y el centeno no fueron heridos; porque eran tardíos.

    9:33Y salido Moisés de con Faraón de la ciudad, extendió sus manos á Jehová, y cesaron los truenos y el granizo; y la lluvia no cayó más sobre la tierra.

    9:34Y viendo Faraón que la lluvia había cesado y el granizo y los truenos, perseveró en pecar, y agravó su corazón, él y sus siervos.

    9:35Y el corazón de Faraón se endureció, y no dejó ir á los hijos de Israel; como Jehová lo había dicho por medio de Moisés.

    10:1Y JEHOVÁ dijo á Moisés: Entra á Faraón; porque yo he agravado su corazón, y el corazón de sus siervos, para dar entre ellos estas mis señales;

    10:2Y para que cuentes á tus hijos y á tus nietos las cosas que yo hice en Egipto, y mis señales que dí entre ellos; y para que sepáis que yo soy Jehová.

    10:3Entonces vinieron Moisés y Aarón á Faraón, y le dijeron: Jehová, el Dios de los Hebreos, ha dicho así: ¿Hasta cuándo no querrás humillarte delante de mí? Deja ir á mi pueblo para que me sirvan.

    10:4Y si aun rehusas dejarlo ir, he aquí que yo traeré mañana langosta en tus términos,

    10:5La cual cubrirá la faz de la tierra, de modo que no pueda verse la tierra; y ella comerá lo que quedó salvo, lo que os ha quedado del granizo; comerá asimismo todo árbol que os produce [fruto] en el campo:

    10:6Y llenarse han tus casas, y las casas de todos tus siervos, y las casas de todos los Egipcios, cual nunca vieron tus padres ni tus abuelos, desde que ellos fueron sobre la tierra hasta hoy. Y volvióse, y salió de con Faraón.

    10:7Entonces los siervos de Faraón le dijeron: ¿Hasta cuándo nos ha de ser éste por lazo? Deja ir á estos hombres, para que sirvan á Jehová su Dios; ¿aun no sabes que Egipto está destruído?

    10:8Y Moisés y Aarón volvieron á ser llamados á Faraón, el cual les dijo: Andad, servid á Jehová vuestro Dios. ¿Quién y quién son los que han de ir?

    10:9Y Moisés respondió: Hemos de ir con nuestros niños y con nuestros viejos, con nuestros hijos y con nuestras hijas: con nuestras ovejas y con nuestras vacas hemos de ir; porque tenemos solemnidad de Jehová.

    10:10Y él les dijo: Así sea Jehová con vosotros como yo os dejaré ir á vosotros y á vuestros niños: mirad como el mal está delante de vuestro rostro.

    10:11No [será] así: id ahora vosotros los varones, y servid á Jehová: pues esto es lo que vosotros demandasteis. Y echáronlos de delante de Faraón.

    10:12Entonces Jehová dijo á Moisés: Extiende tu mano sobre la tierra de Egipto para langosta, á fin de que suba sobre el país de Egipto, y consuma todo lo que el granizo dejó.

    10:13Y extendió Moisés su vara sobre la tierra de Egipto, y Jehová trajo un viento oriental sobre el país todo aquel día y toda aquella noche; y á la mañana el viento oriental trajo la langosta:

    10:14Y subió la langosta sobre toda la tierra de Egipto, y asentóse en todos los términos de Egipto, en gran manera grave: antes de ella no hubo langosta semejante, ni después de ella vendrá otra tal;

    10:15Y cubrió la faz de todo el país, y oscurecióse la tierra; y consumió toda la hierba de la tierra, y todo el fruto de los árboles que había dejado el granizo; que no quedó cosa verde en árboles ni en hierba del campo, por toda la tierra de Egipto.

    10:16Entonces Faraón hizo llamar apriesa á Moisés y á Aarón, y dijo: He pecado contra Jehová vuestro Dios, y contra vosotros.

    10:17Mas ruego ahora que perdones mi pecado solamente esta vez, y que oréis á Jehová vuestro Dios que quite de mí solamente esta muerte.

    10:18Y salió de con Faraón, y oró á Jehová.

    10:19Y Jehová volvió un viento occidental fortísimo, y quitó la langosta, y arrojóla en el mar Bermejo: ni una langosta quedó en todo el término de Egipto.

    10:20Mas Jehová endureció el corazón de Faraón; y no envió los hijos de Israel.

    10:21Y Jehová dijo á Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo, para que haya tinieblas sobre la tierra de Egipto, tales que cualquiera las palpe.

    10:22Y extendió Moisés su mano hacia el cielo, y hubo densas tinieblas tres días por toda la tierra de Egipto.

    10:23Ninguno vió á su prójimo, ni nadie se levantó de su lugar en tres días; mas todos los hijos de Israel tenían luz en sus habitaciones.

    10:24Entonces Faraón hizo llamar á Moisés, y dijo: Id, servid á Jehová; solamente queden vuestras ovejas y vuestras vacas: vayan también vuestros niños con vosotros.

    10:25Y Moisés respondió: Tú también nos entregarás sacrificios y holocaustos que sacrifiquemos á Jehová nuestro Dios.

    10:26Nuestros ganados irán también con nosotros; no quedará ni una uña; porque de ellos hemos de tomar para servir á Jehová nuestro Dios; y no sabemos con qué hemos de servir á Jehová, hasta que lleguemos allá.

    10:27Mas Jehová endureció el corazón de Faraón, y no quiso dejarlos ir.

    10:28Y díjole Faraón: Retírate de mí: guárdate que no veas más mi rostro, porque en cualquier día que vieres mi rostro, morirás.

    10:29Y Moisés respondió: Bien has dicho; no veré más tu rostro.

  7. 07

    Éxodo 11-12

    La Pascua

    Una plaga más. Cada familia toma un cordero, lo mata al atardecer del día catorce, y unta su sangre en los dos postes y el dintel. A medianoche el SEÑOR hiere a todos los primogénitos de Egipto, desde el de Faraón hasta el del cautivo en la cárcel, y pasa de largo las casas con sangre en la puerta. Faraón se levanta de noche y los despide, y seiscientos mil hombres de a pie salen.

    La salida comienza cambiando el calendario. Este mes será el principio de los meses, porque el tiempo público de Israel se ordenará alrededor de la liberación. Después, las instrucciones se vuelven intensamente domésticas: el tamaño de una familia, el apetito de sus miembros, un vecino con quien compartir un animal, sangre en el marco de una puerta. Un acontecimiento que enfrenta al trono de Egipto se prepara a la escala de una cena. No se exige a una familia pequeña desperdiciar un animal para demostrar seriedad. Debe unirse a otra según lo que puedan comer. Esa precisión conserva a la vista cuerpos y alimentos reales.

    La comida reúne prisa y memoria. Calzado, bastón y cinturón preparan al pueblo para salir; la observancia anual prepara para recordar a generaciones que nunca estuvieron en Egipto. La explicación a los hijos se incorpora a las instrucciones antes de que esos hijos futuros pregunten. La memoria no se confía a una vaga impresión familiar. Recibe fecha, acciones, comida y palabras. La sangre señala las casas donde se ha obedecido el mandato, y las normas posteriores admiten al extranjero circuncidado bajo la misma ley. El pasaje no presenta la liberación como una protección automática de la identidad étnica, separada de la señal establecida.

    Ningún detalle doméstico vuelve amable el juicio de medianoche. Mueren los primogénitos desde la casa real hasta el cautivo del calabozo. El Libro del Éxodo registra un gran clamor, no una humillación inofensiva del faraón. Esa gravedad debe permanecer junto al significado de la comida. Tampoco la urgencia borra el largo tiempo anterior: el relato mide la estancia, menciona a la multitud mezclada y registra la masa cargada antes de fermentar. Sale un pueblo con familias y provisiones, no una idea abstracta de libertad que atraviesa una puerta abierta.

    Versículo por versículo

    1. 12:2

      El mes de la salida se convierte en el primero del calendario de Israel. El versículo establece su lugar en el cómputo del tiempo sin proporcionar una fecha de calendario moderno.

    2. 12:7

      La sangre se coloca en los dos postes laterales y en el dintel. La instrucción no manda ponerla en el umbral.

    3. 12:26-27

      La pregunta de los hijos pertenece a la futura observancia prescrita. El rito incluye una explicación verbal de la liberación, no solo la repetición de una comida.

    4. 12:29

      El juicio sobre los primogénitos alcanza tanto el trono como el calabozo. La redacción no permite limitar su costo al faraón personalmente.

    5. 12:40

      El texto hebreo masorético señala una estancia de 430 años en Egipto; el Pentateuco samaritano y la tradición griega incluyen Canaán en su redacción. La cronología plantea, por tanto, una discusión textual real, no algo que resolver con una fecha sin fundamento.

    6. 12:46

      La prohibición de quebrar los huesos del animal reaparece en Juan 19:36 respecto de Jesús. Pablo llama expresamente a Cristo la pascua en 1 Corintios 5:7.

    Éxodo 11-12: La Pascua

    Éxodo 11-12

    Santa Biblia Reina Valera 1909 · 61 versículos

    11:1Y JEHOVÁ dijo á Moisés: Una plaga traeré aún sobre Faraón, y sobre Egipto; después de la cual él os dejará ir de aquí; y seguramente os echará de aquí del todo.

    11:2Habla ahora al pueblo, y que cada uno demande á su vecino, y cada una á su vecina, vasos de plata y de oro.

    11:3Y Jehová dió gracia al pueblo en los ojos de los Egipcios. También Moisés era muy gran varón en la tierra de Egipto, á los ojos de los siervos de Faraón, y á los ojos del pueblo.

    11:4Y dijo Moisés: Jehová ha dicho así: A la media noche yo saldré por medio de Egipto,

    11:5Y morirá todo primogénito en tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la sierva que está tras la muela; y todo primogénito de las bestias.

    11:6Y habrá gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca fué, ni jamás será.

    11:7Mas entre todos los hijos de Israel, desde el hombre hasta la bestia, ni un perro moverá su lengua: para que sepáis que hará diferencia Jehová entre los Egipcios y los Israelitas.

    11:8Y descenderán á mí todos estos tus siervos, é inclinados delante de mí dirán: Sal tú, y todo el pueblo que está bajo de ti; y después de esto yo saldré. Y salióse muy enojado de con Faraón.

    11:9Y Jehová dijo á Moisés: Faraón no os oirá, para que mis maravillas se multipliquen en la tierra de Egipto.

    11:10Y Moisés y Aarón hicieron todos estos prodigios delante de Faraón: mas Jehová había endurecido el corazón de Faraón, y no envió á los hijos de Israel fuera de su país.

    12:1Y HABLÓ Jehová á Moisés y á Aarón en la tierra de Egipto, diciendo:

    12:2Este mes os será principio de los meses; será este para vosotros el primero en los meses del año.

    12:3Hablad á toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de aqueste mes tómese cada uno un cordero por las familias de los padres, un cordero por familia:

    12:4Mas si la familia fuere pequeña que no baste á comer el cordero, entonces tomará á su vecino inmediato á su casa, [y] según el número de las personas, cada uno conforme á su comer, echaréis la cuenta sobre el cordero.

    12:5El cordero será sin defecto, macho de un año: tomaréislo de las ovejas ó de las cabras:

    12:6Y habéis de guardarlo hasta el día catorce de este mes; y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes.

    12:7Y tomarán de la sangre, y pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer.

    12:8Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura: con hierbas amargas lo comerán.

    12:9Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus intestinos.

    12:10Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana; y lo que habrá quedado hasta la mañana, habéis de quemarlo en el fuego.

    12:11Y así habéis de comerlo: ceñidos vuestros lomos, vuestros zapatos en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente: es la Pascua de Jehová.

    12:12Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré á todo primogénito en la tierra de Egipto, así en los hombres como en las bestias: y haré juicios en todos los dioses de Egipto. Yo JEHOVÁ.

    12:13Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre, y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad, cuando heriré la tierra de Egipto.

    12:14Y este día os ha de ser en memoria, y habéis de celebrarlo como solemne á Jehová durante vuestras generaciones: por estatuto perpetuo lo celebraréis.

    12:15Siete días comeréis panes sin levadura; y así el primer día haréis que no haya levadura en vuestras casas: porque cualquiera que comiere leudado desde el primer día hasta el séptimo, aquella alma será cortada de Israel.

    12:16El primer día habrá santa convocación, y asimismo en el séptimo día tendréis una santa convocación: ninguna obra se hará en ellos, excepto solamente que aderecéis lo que cada cual hubiere de comer.

    12:17Y guardaréis la [fiesta de] los ázimos, porque en aqueste mismo día saqué vuestros ejércitos de la tierra de Egipto: por tanto guardaréis este día en vuestras generaciones por costumbre perpetua.

    12:18En el [mes] primero, el día catorce del mes por la tarde, comeréis los panes sin levadura, hasta el veintiuno del mes por la tarde.

    12:19Por siete días no se hallará levadura en vuestras casas, porque cualquiera que comiere leudado, así extranjero como natural del país, aquella alma será cortada de la congregación de Israel.

    12:20Ninguna cosa leudada comeréis; en todas vuestras habitaciones comeréis panes sin levadura.

    12:21Y Moisés convocó á todos los ancianos de Israel, y díjoles: Sacad, y tomaos corderos por vuestras familias, y sacrificad la pascua.

    12:22Y tomad un manojo de hisopo, y mojadle en la sangre que estará en una jofaina, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en la jofaina; y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana.

    12:23Porque Jehová pasará hiriendo á los Egipcios; y como verá la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará Jehová aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir.

    12:24Y guardaréis esto por estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre.

    12:25Y será, cuando habréis entrado en la tierra que Jehová os dará, como tiene hablado, que guardaréis este rito.

    12:26Y cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué rito es este vuestro?

    12:27Vosotros responderéis: Es la víctima de la Pascua de Jehová, el cual pasó las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió á los Egipcios, y libró nuestras casas. Entonces el pueblo se inclinó y adoró.

    12:28Y los hijos de Israel se fueron, é hicieron puntualmente así; como Jehová había mandado á Moisés y á Aarón.

    12:29Y aconteció que á la medianoche Jehová hirió á todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sentaba sobre su trono, hasta el primogénito del cautivo que estaba en la cárcel, y todo primogénito de los animales.

    12:30Y levantóse aquella noche Faraón, él y todos sus siervos, y todos los Egipcios; y había un gran clamor en Egipto, porque no había casa donde no hubiese muerto.

    12:31E hizo llamar á Moisés y á Aarón de noche, y díjoles: Salid de en medio de mi pueblo vosotros, y los hijos de Israel; é id, servid á Jehová, como habéis dicho.

    12:32Tomad también vuestras ovejas y vuestras vacas, como habéis dicho, é idos; y bendecidme también á mí.

    12:33Y los Egipcios apremiaban al pueblo, dándose priesa á echarlos de la tierra; porque decían: Todos somos muertos.

    12:34Y llevó el pueblo su masa antes que se leudase, sus masas envueltas en sus sábanas sobre sus hombros.

    12:35E hicieron los hijos de Israel conforme al mandamiento de Moisés, demandando á los Egipcios vasos de plata, y vasos de oro, y vestidos.

    12:36Y Jehová dió gracia al pueblo delante de los Egipcios, y prestáronles; y ellos despojaron á los Egipcios.

    12:37Y partieron los hijos de Israel de Rameses á Succoth, como seiscientos mil hombres de á pie, sin [contar] los niños.

    12:38Y también subió con ellos grande multitud de diversa suerte de gentes; y ovejas, y ganados muy muchos.

    12:39Y cocieron tortas sin levadura de la masa que habían sacado de Egipto; porque no había leudado, por cuanto echándolos los Egipcios, no habían podido detenerse, ni aun prepararse comida.

    12:40El tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto, fué cuatrocientos treinta años.

    12:41Y pasados cuatrocientos treinta años, en el mismo día salieron todos los ejércitos de Jehová de la tierra de Egipto.

    12:42Es noche de guardar á Jehová, por haberlos sacado [en ella] de la tierra de Egipto. Esta noche [deben] guardar á Jehová todos los hijos de Israel en sus generaciones.

    12:43Y Jehová dijo á Moisés y á Aarón: Esta es la ordenanza de la Pascua: Ningún extraño comerá de ella:

    12:44Mas todo siervo humano comprado por dinero, comerá de ella después que lo hubieres circuncidado.

    12:45El extranjero y el asalariado no comerán de ella.

    12:46En una casa se comerá, y no llevarás de aquella carne fuera de casa, ni quebraréis hueso suyo.

    12:47Toda la congregación de Israel le sacrificará.

    12:48Mas si algún extranjero peregrinare contigo, y quisiere hacer la pascua á Jehová, séale circuncidado todo varón, y entonces se llegará á hacerla, y será como el natural de la tierra; pero ningún incircunciso comerá de ella.

    12:49La misma ley será para el natural y para el extranjero que peregrinare entre vosotros.

    12:50Así lo hicieron todos los hijos de Israel; como mandó Jehová á Moisés y á Aarón, así lo hicieron.

    12:51Y en aquel mismo día sacó Jehová á los hijos de Israel de la tierra de Egipto por sus escuadrones.

  8. 08

    Éxodo 13:17-14:31

    Por el mar

    Guiados por una columna de nube de día y de fuego de noche, acampan junto al mar, y los carros de Faraón se acercan. No temáis, dice Moisés, estad firmes y ved la salvación del SEÑOR. Extiende su mano, un viento oriental divide el mar, Israel cruza en seco con las aguas como muro a cada lado, y el mar vuelve sobre los egipcios. No queda ni uno.

    El camino más corto queda descartado antes de que el mar se vuelva un obstáculo. Éxodo 13:17 explica la decisión por la posibilidad de que el pueblo regrese al ver la guerra. La ruta no es un error geográfico que Dios deba reparar. Entre las pertenencias viajan los huesos de José, llevados por un juramento de Génesis 50:25. La petición de un muerto ha sobrevivido a generaciones de esclavitud. El viaje transporta así una antigua promesa de forma muy material: el pueblo que sale de Egipto también cumple una obligación de sepultura todavía pendiente.

    Ante el agua, la orden de Moisés de permanecer firmes y la orden divina de avanzar no representan estrategias rivales. Israel no puede derrotar al ejército que lo persigue; debe recibir la liberación en vez de ganarla por la fuerza. Pero recibirla incluye caminar por donde las aguas abiertas ofrecen paso. El traslado de la columna desde la vanguardia a la retaguardia es igualmente concreto. La presencia que guiaba ahora se coloca entre perseguidos y perseguidores. Dirección y protección proceden del mismo lugar.

    El viento oriental sopla toda aquella noche. Esa frase devuelve al cruce una duración que suele perderse en una sola imagen: oscuridad, viento sostenido, suelo descubierto y personas caminando entre aguas. El derrumbe del ejército se describe mediante carros, ruedas, confusión y el reconocimiento egipcio de que el SEÑOR lucha por Israel. La respuesta final es temor al SEÑOR y confianza en él y en su siervo Moisés. Moisés no se ha convertido en una segunda fuente de poder. Su autoridad queda establecida como la de un siervo. El agua que Israel no podía atravesar por sí mismo se vuelve el lugar donde esa diferencia resulta visible.

    Versículo por versículo

    1. 13:18

      Que los hijos de Israel subieran «armados» (en hebreo jamushim, quizá en formación) describe una salida ordenada o equipada; no demuestra que el pueblo poseyera la confianza militar necesaria. El versículo anterior menciona expresamente el peligro de retroceder.

    2. 13:19

      El juramento sobre los huesos de José procede de Génesis 50:25 y se recuerda en Hebreos 11:22. Llevarlos cumple una obligación previa durante la urgencia de la salida.

    3. 14:19-20

      La nube pasa detrás de Israel antes de que se divida el mar. La protección frente a los egipcios precede a la apertura del camino por las aguas.

    4. 14:21

      El versículo nombra un fuerte viento oriental que actúa durante la noche. No identifica un lugar moderno del cruce ni reduce el acontecimiento a una marea baja ordinaria.

    5. 14:31

      Primera de Corintios 10:1-2 interpreta la nube y el mar en relación con la identificación de Israel con Moisés. El propio Libro del Éxodo termina el episodio llamándolo siervo de Dios.

    Éxodo 13:17-14:31: Por el mar

    Éxodo 13:17-14:31

    Santa Biblia Reina Valera 1909 · 37 versículos

    13:17Y luego que Faraón dejó ir al pueblo, Dios no los llevó por el camino de la tierra de los Filisteos, que estaba cerca; porque dijo Dios: Que quizá no se arrepienta el pueblo cuando vieren la guerra, y se vuelvan á Egipto:

    13:18Mas hizo Dios al pueblo que rodease por el camino del desierto del mar Bermejo. Y subieron los hijos de Israel de Egipto armados.

    13:19Tomó también consigo Moisés los huesos de José, el cual había juramentado á los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis subir mis huesos de aquí con vosotros.

    13:20Y partidos de Succoth, asentaron campo en Etham, á la entrada del desierto.

    13:21Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube, para guiarlos por el camino; y de noche en una columna de fuego para alumbrarles; á fin de que anduviesen de día y de noche.

    13:22Nunca se partió de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego.

    14:1Y HABLÓ Jehová á Moisés, diciendo:

    14:2Habla á los hijos de Israel que den la vuelta, y asienten su campo delante de Pihahiroth, entre Migdol y la mar hacia Baalzephón: delante de él asentaréis el campo, junto á la mar.

    14:3Porque Faraón dirá de los hijos de Israel: Encerrados están en la tierra, el desierto los ha encerrado.

    14:4Y yo endureceré el corazón de Faraón para que los siga; y seré glorificado en Faraón y en todo su ejército; y sabrán los Egipcios que yo soy Jehová. Y ellos lo hicieron así.

    14:5Y fué dado aviso al rey de Egipto cómo el pueblo se huía: y el corazón de Faraón y de sus siervos se volvió contra el pueblo, y dijeron: ¿Cómo hemos hecho esto de haber dejado ir á Israel, para que no nos sirva?

    14:6Y unció su carro, y tomó consigo su pueblo;

    14:7Y tomó seiscientos carros escogidos, y todos los carros de Egipto, y los capitanes sobre ellos.

    14:8Y endureció Jehová el corazón de Faraón rey de Egipto, y siguió á los hijos de Israel; pero los hijos de Israel habían salido con mano poderosa.

    14:9Siguiéndolos, pues, los Egipcios, con toda la caballería y carros de Faraón, su gente de á caballo, y todo su ejército, alcanzáronlos asentando el campo junto á la mar, al lado de Pihahiroth, delante de Baalzephón.

    14:10Y cuando Faraón se hubo acercado, los hijos de Israel alzaron sus ojos, y he aquí los Egipcios que venían tras ellos; por lo que temieron en gran manera, y clamaron los hijos de Israel á Jehová.

    14:11Y dijeron á Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué lo has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto?

    14:12¿No es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: Déjanos servir á los Egipcios? Que mejor nos fuera servir á los Egipcios, que morir nosotros en el desierto.

    14:13Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estáos quedos, y ved la salud de Jehová, que él hará hoy con vosotros; porque los Egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis.

    14:14Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis quedos.

    14:15Entonces Jehová dijo á Moisés: ¿Por qué clamas á mí? di á los hijos de Israel que marchen:

    14:16Y tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre la mar, y divídela; y entren los hijos de Israel por medio de la mar en seco.

    14:17Y yo, he aquí yo endureceré el corazón de los Egipcios, para que los sigan: y yo me glorificaré en Faraón, y en todo su ejército, y en sus carros, y en su caballería;

    14:18Y sabrán los Egipcios que yo soy Jehová, cuando me glorificaré en Faraón, en sus carros, y en su gente de á caballo.

    14:19Y el ángel de Dios que iba delante del campo de Israel, se apartó, é iba en pos de ellos; y asimismo la columna de nube que iba delante de ellos, se apartó, y púsose á sus espaldas:

    14:20E iba entre el campo de los Egipcios y el campo de Israel; y era nube y tinieblas [para aquéllos], y alumbraba [á Israel] de noche: y en toda aquella noche nunca llegaron los unos á los otros.

    14:21Y extendió Moisés su mano sobre la mar, é hizo Jehová que la mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y tornó la mar en seco, y las aguas quedaron divididas.

    14:22Entonces los hijos de Israel entraron por medio de la mar en seco, teniendo las aguas como muro á su diestra y á su siniestra:

    14:23Y siguiéndolos los Egipcios, entraron tras ellos hasta el medio de la mar, toda la caballería de Faraón, sus carros, y su gente de á caballo.

    14:24Y aconteció á la vela de la mañana, que Jehová miró al campo de los Egipcios desde la columna de fuego y nube, y perturbó el campo de los Egipcios.

    14:25Y quitóles las ruedas de sus carros, y trastornólos gravemente. Entonces los Egipcios dijeron: Huyamos de delante de Israel, porque Jehová pelea por ellos contra los Egipcios.

    14:26Y Jehová dijo á Moisés: Extiende tu mano sobre la mar, para que las aguas vuelvan sobre los Egipcios, sobre sus carros, y sobre su caballería.

    14:27Y Moisés extendió su mano sobre la mar, y la mar se volvió en su fuerza cuando amanecía; y los Egipcios iban hacia ella: y Jehová derribó á los Egipcios en medio de la mar.

    14:28Y volvieron las aguas, y cubrieron los carros y la caballería, y todo el ejército de Faraón que había entrado tras ellos en la mar; no quedó de ellos ni uno.

    14:29Y los hijos de Israel fueron por medio de la mar en seco, teniendo las aguas por muro á su diestra y á su siniestra.

    14:30Así salvó Jehová aquel día á Israel de mano de los Egipcios; é Israel vió á los Egipcios muertos á la orilla de la mar.

    14:31Y vió Israel aquel grande hecho que Jehová ejecutó contra los Egipcios: y el pueblo temió á Jehová, y creyeron á Jehová y á Moisés su siervo.

  9. 09

    Éxodo 15-17

    Cántico, maná, agua, Amalec

    Moisés y el pueblo cantan: el SEÑOR es mi fortaleza y mi cántico. Luego el agua amarga de Mara es endulzada por un árbol, vienen maná y codornices en el desierto de Sin, brota agua de la peña en Horeb cuando Moisés la golpea, y Amalec es vencido en Refidim mientras Aarón y Hur sostienen sus manos.

    El enemigo tiene voz en el cántico, y casi todo lo que dice gira alrededor de sí mismo. Éxodo 15:9 acumula persecución, alcance, botín, apetito, espada y destrucción. El versículo 10 responde a semejante despliegue con el viento de Dios. Esa intención tan larga y ese derrumbe tan breve forman parte de la fuerza del poema. Cantan Moisés y los hijos de Israel; Miriam recibe el título de profetisa y encabeza a las mujeres con panderos y danzas. El pasaje conserva el acontecimiento y también su memoria musical pública. No deja a las mujeres mirando en silencio la actuación de los hombres.

    Tres días después, el problema es el agua. Para explicar el paso del canto a la sed no hace falta fingir que la sed es imaginaria. Lo que estos capítulos dejan al descubierto es cómo la necesidad presente modifica el recuerdo de Egipto: las ollas de carne siguen muy nítidas; la esclavitud se desdibuja. El maná responde al hambre con un ritmo peculiar. Recoger más de lo necesario no garantiza seguridad, y guardar sobrantes de un día ordinario produce gusanos; la porción reservada para el sábado no se echa a perder. La misma acción, almacenar, adquiere otro sentido bajo otra instrucción. Prepararse no es, por naturaleza, una falta de fe. El alimento mismo enseña un orden de provisión, trabajo y descanso.

    En la batalla contra Amalec, la mano levantada no elimina el combate de abajo, ni el combate de Josué vuelve irrelevante esa mano. El texto registra ambas cosas. Entonces a Moisés le pesan los brazos. El hombre asociado con la vara que golpeó a Egipto necesita una piedra para sentarse y dos personas que lo sostengan. Aarón y Hur no son simples espectadores ante un gran dirigente; sus manos hacen posible que él continúe. El recuerdo escrito de la batalla debe repetirse específicamente a oídos de Josué. El capítulo reúne victoria divina, cansancio humano, ayuda práctica y formación de un sucesor sin convertirlos en explicaciones rivales.

    Versículo por versículo

    1. 15:20

      Miriam es llamada expresamente profetisa, no solamente música. Miqueas 6:4 la incluye junto a Moisés y Aarón entre quienes fueron enviados delante de Israel.

    2. 16:23-24

      La porción reservada para el sábado no cría gusanos, a diferencia de lo guardado sin autorización durante la noche en 16:20. El contraste depende de la instrucción dada para cada día.

    3. 16:36

      Según 16:36, un gomer equivale a la décima parte de un efa. El propio capítulo explica la medida en lugar de dejarla sin aclaración.

    4. 17:6

      Aquí Moisés recibe la orden de golpear la roca. Números 20:8 ordena hablarle, de modo que el episodio posterior no debe evaluarse como si ambas instrucciones fueran iguales.

    5. 17:6

      Primera de Corintios 10:4 identifica la Roca espiritual con Cristo. Esa es la interpretación expresa de Pablo sobre la provisión en el desierto, no una afirmación de que la composición física de la piedra fuera divina.

    6. 15:1

      Apocalipsis 15:3 une el cántico de Moisés con el cántico del Cordero. La escena posterior reúne deliberadamente el mar, la liberación, la adoración y el nombre de Moisés.

    Éxodo 15-17: Cántico, maná, agua, Amalec

    Éxodo 15-17

    Santa Biblia Reina Valera 1909 · 79 versículos

    15:1ENTONCES cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico á Jehová, y dijeron: Cantaré yo á Jehová, porque se ha magnificado grandemente, echando en la mar al caballo y al que en él subía.

    15:2Jehová es mi fortaleza, y mi canción, y hame sido por salud: éste es mi Dios, y á éste engrandeceré; Dios de mi padre, y á éste ensalzaré.

    15:3Jehová, varón de guerra; Jehová es su nombre.

    15:4Los carros de Faraón y á su ejército echó en la mar; y sus escogidos príncipes fueron hundidos en el mar Bermejo.

    15:5Los abismos los cubrieron; como piedra descendieron á los profundos.

    15:6Tu diestra, oh Jehová, ha sido magnificada en fortaleza; tu diestra, oh Jehová, ha quebrantado al enemigo.

    15:7Y con la grandeza de tu poder has trastornado á los que se levantaron contra ti: enviaste tu furor; los tragó como á hojarasca.

    15:8Con el soplo de tus narices se amontonaron las aguas; paráronse las corrientes como en un montón; los abismos se cuajaron en medio de la mar.

    15:9El enemigo dijo: Perseguiré, prenderé, repartiré despojos; mi alma se henchirá de ellos; sacaré mi espada, destruirlos ha mi mano.

    15:10Soplaste con tu viento, cubriólos la mar: hundiéronse como plomo en las impetuosas aguas.

    15:11¿Quién como tú, Jehová, entre los dioses? ¿quién como tú, magnífico en santidad, terrible en loores, hacedor de maravillas?

    15:12Extendiste tu diestra; la tierra los tragó.

    15:13Condujiste en tu misericordia á este pueblo, al cual salvaste; llevástelo con tu fortaleza á la habitación de tu santuario.

    15:14Oiránlo los pueblos, y temblarán; apoderarse ha dolor de los moradores de Palestina.

    15:15Entonces los príncipes de Edom se turbarán; á los robustos de Moab los ocupará temblor; abatirse han todos los moradores de Canaán.

    15:16Caiga sobre ellos temblor y espanto; á la grandeza de tu brazo enmudezcan como una piedra; hasta que haya pasado tu pueblo, oh Jehová, hasta que haya pasado este pueblo que tú rescataste.

    15:17Tú los introducirás y los plantarás en el monte de tu heredad, en el lugar de tu morada, que tú has aparejado, oh Jehová; en el santuario del Señor, que han afirmado tus manos.

    15:18Jehová reinará por los siglos de los siglos.

    15:19Porque Faraón entró cabalgando con sus carros y su gente de á caballo en la mar, y Jehová volvió á traer las aguas de la mar sobre ellos; mas los hijos de Israel fueron en seco por medio de la mar.

    15:20Y María la profetisa, hermana de Aarón, tomó un pandero en su mano, y todas las mujeres salieron en pos de ella con panderos y danzas;

    15:21Y María les respondía: Cantad á Jehová; porque en extremo se ha engrandecido, echando en la mar al caballo, y al que en él subía.

    15:22E hizo Moisés que partiese Israel del mar Bermejo, y salieron al desierto de Shur; y anduvieron tres días por el desierto sin hallar agua.

    15:23Y llegaron á Mara, y no pudieron beber las aguas de Mara, porque eran amargas; por eso le pusieron el nombre de Mara.

    15:24Entonces el pueblo murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Qué hemos de beber?

    15:25Y Moisés clamó á Jehová; y Jehová le mostró un árbol, el cual metídolo que hubo dentro de las aguas, las aguas se endulzaron. Allí les dió estatutos y ordenanzas, y allí los probó;

    15:26Y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, é hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído á sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié á los Egipcios te enviaré á ti; porque yo soy Jehová tu Sanador.

    15:27Y llegaron á Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmas; y asentaron allí junto á las aguas.

    16:1Y PARTIENDO de Elim toda la congregación de los hijos de Israel, vino al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, á los quince días del segundo mes después que salieron de la tierra de Egipto.

    16:2Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto;

    16:3Y decíanles los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos á las ollas de las carnes, cuando comíamos pan en hartura; pues nos habéis sacado á este desierto, para matar de hambre á toda esta multitud.

    16:4Y Jehová dijo á Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y cogerá para cada un día, para que yo le pruebe si anda en mi ley, ó no.

    16:5Mas al sexto día aparejarán lo que han de encerrar, que será el doble de lo que solían coger cada día.

    16:6Entonces dijo Moisés y Aarón á todos los hijos de Israel: A la tarde sabréis que Jehová os ha sacado de la tierra de Egipto:

    16:7Y á la mañana veréis la gloria de Jehová; porque él ha oído vuestras murmuraciones contra Jehová; que nosotros, ¿qué somos, para que vosotros murmuréis contra nosotros?

    16:8Y dijo Moisés: Jehová os dará á la tarde carne para comer, y á la mañana pan en hartura; por cuanto Jehová ha oído vuestras murmuraciones con que habéis murmurado contra él: que nosotros, ¿qué somos? vuestras murmuraciones no son contra nosotros, sino contra Jehová.

    16:9Y dijo Moisés á Aarón: Di á toda la congregación de los hijos de Israel: Acercaos á la presencia de Jehová; que él ha oído vuestras murmuraciones.

    16:10Y hablando Aarón á toda la congregación de los hijos de Israel, miraron hacia el desierto, y he aquí la gloria de Jehová, que apareció en la nube.

    16:11Y Jehová habló á Moisés, diciendo:

    16:12Yo he oído las murmuraciones de los hijos de Israel; háblales, diciendo: Entre las dos tardes comeréis carne, y por la mañana os hartaréis de pan, y sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios.

    16:13Y venida la tarde subieron codornices que cubrieron el real; y á la mañana descendió rocío en derredor del real.

    16:14Y como el rocío cesó de descender, he aquí sobre la haz del desierto una cosa menuda, redonda, menuda como una helada sobre la tierra.

    16:15Y viéndolo los hijos de Israel, se dijeron unos á otros: ¿Qué es esto? porque no sabían qué era. Entonces Moisés les dijo: Es el pan que Jehová os da para comer.

    16:16Esto es lo que Jehová ha mandado: cogeréis de él cada uno según pudiere comer; un gomer por cabeza, conforme al número de vuestras personas, tomaréis cada uno para los que están en su tienda.

    16:17Y los hijos de Israel lo hicieron así: y recogieron unos más, otros menos:

    16:18Y medíanlo por gomer, y no sobraba al que había recogido mucho, ni faltaba al que había recogido poco: cada uno recogió conforme á lo que había de comer.

    16:19Y díjoles Moisés: Ninguno deje nada de ello para mañana.

    16:20Mas ellos no obedecieron á Moisés, sino que algunos dejaron de ello para otro día, y crió gusanos, y pudrióse; y enojóse contra ellos Moisés.

    16:21Y recogíanlo cada mañana, cada uno según lo que había de comer: y luego que el sol calentaba, derretíase.

    16:22En el sexto día recogieron doblada comida, dos gomeres para cada uno: y todos los príncipes de la congregación vinieron á Moisés, y se lo hicieron saber.

    16:23Y él les dijo: Esto es lo que ha dicho Jehová: Mañana es el santo sábado, el reposo de Jehová: lo que hubiereis de cocer, cocedlo hoy, y lo que hubiereis de cocinar, cocinadlo; y todo lo que os sobrare, guardadlo para mañana.

    16:24Y ellos lo guardaron hasta la mañana, según que Moisés había mandado, y no se pudrió, ni hubo en él gusano.

    16:25Y dijo Moisés: Comedlo hoy, porque hoy es sábado de Jehová: hoy no hallaréis en el campo.

    16:26En los seis días lo recogeréis; mas el séptimo día es sábado, en el cual no se hallará.

    16:27Y aconteció que algunos del pueblo salieron en el séptimo día á recoger, y no hallaron.

    16:28Y Jehová dijo á Moisés: ¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes?

    16:29Mirad que Jehová os dió el sábado, y por eso os da en el sexto día pan para dos días. Estése, pues, cada uno en su estancia, y nadie salga de su lugar en el séptimo día.

    16:30Así el pueblo reposó el séptimo día.

    16:31Y la casa de Israel lo llamó Maná; y era como simiente de culantro, blanco, y su sabor como de hojuelas con miel.

    16:32Y dijo Moisés: Esto es lo que Jehová ha mandado: Henchirás un gomer de él para que se guarde para vuestros descendientes, á fin de que vean el pan que yo os dí á comer en el desierto, cuando yo os saqué de la tierra de Egipto.

    16:33Y dijo Moisés á Aarón: Toma un vaso, y pon en él un gomer lleno de maná, y ponlo delante de Jehová, para que sea guardado para vuestros descendientes.

    16:34Y Aarón lo puso delante del Testimonio para guardarlo, como Jehová lo mandó á Moisés.

    16:35Así comieron los hijos de Israel maná cuarenta años, hasta que entraron en la tierra habitada: maná comieron hasta que llegaron al término de la tierra de Canaán.

    16:36Y un gomer es la décima parte del epha.

    17:1Y TODA la congregación de los hijos de Israel partió del desierto de Sin, por sus jornadas, al mandamiento de Jehová, y asentaron el campo en Rephidim: y no había agua para que el pueblo bebiese.

    17:2Y altercó el pueblo con Moisés, y dijeron: Danos agua que bebamos. Y Moisés les dijo: ¿Por qué altercáis conmigo? ¿por qué tentáis á Jehová?

    17:3Así que el pueblo tuvo allí sed de agua, y murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto, para matarnos de sed á nosotros, y á nuestros hijos, y á nuestros ganados?

    17:4Entonces clamó Moisés á Jehová, diciendo: ¿Qué haré con este pueblo? de aquí á un poco me apedrearán.

    17:5Y Jehová dijo á Moisés: Pasa delante del pueblo, y toma contigo de los ancianos de Israel; y toma también en tu mano tu vara, con que heriste el río, y ve:

    17:6He aquí que yo estoy delante de ti allí sobre la peña en Horeb; y herirás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo. Y Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel.

    17:7Y llamó el nombre de aquel lugar Massah y Meribah, por la rencilla de los hijos de Israel, y porque tentaron á Jehová, diciendo: ¿Está, pues, Jehová entre nosotros, ó no?

    17:8Y vino Amalec, y peleó con Israel en Rephidim.

    17:9Y dijo Moisés á Josué: Escógenos varones, y sal, pelea con Amalec: mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano.

    17:10E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando con Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron á la cumbre del collado.

    17:11Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec.

    17:12Y las manos de Moisés estaban pesadas; por lo que tomaron una piedra, y pusiéronla debajo de él, y se sentó sobre ella: y Aarón y Hur sustentaban sus manos, el uno de una parte y el otro de otra; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol.

    17:13Y Josué deshizo á Amalec y á su pueblo á filo de espada.

    17:14Y Jehová dijo á Moisés: Escribe esto para memoria en un libro, y di á Josué que del todo tengo de raer la memoria de Amalec de debajo del cielo.

    17:15Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová-nissi;

    17:16Y dijo: Por cuanto la mano sobre el trono de Jehová, Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación.

  10. 10

    Éxodo 18

    El consejo de Jetro

    Su suegro trae a Séfora y a los niños al monte de Dios, se alegra por todo lo que el SEÑOR ha hecho, y ofrece sacrificio. Viendo a Moisés juzgar al pueblo de la mañana a la tarde, le dice que desfallecerá, y que ponga jefes de millares, centenas, cincuentenas y decenas. Moisés lo hace.

    Jetro puede alegrarse por la liberación y, al mismo tiempo, decir que el sistema de Moisés no está bien. Las dos reacciones son compatibles. Su crítica no anula lo que reconoce acerca del SEÑOR en 18:11; su gratitud tampoco lo obliga a admirar una fila que dura desde la mañana hasta la noche. Moisés está sentado, el pueblo permanece de pie y la disponibilidad de un solo hombre determina el acceso de todos a la justicia. Jetro señala el peligro para ambos lados. Moisés se agotará, y el pueblo también. El célebre libertador se ha convertido en un cuello de botella.

    El consejo es más preciso que una consigna sobre delegar. Moisés debe seguir representando al pueblo ante Dios, enseñando los estatutos y aclarando cómo debe vivirse. Otros jueces resolverán los pleitos ordinarios; los asuntos difíciles volverán a él. Los requisitos de esos jueces incluyen tanto carácter como capacidad: temor de Dios, verdad y rechazo de la codicia. Una fila más corta no sería ninguna mejora si terminara ante un tribunal deshonesto. Además, Jetro somete el plan a la condición de que Dios lo mande. Ofrece criterio práctico sin pretender sustituir la comisión divina.

    Moisés escucha. El Libro del Éxodo no añade un discurso en defensa del sistema anterior, una reacción ofendida ante el consejo de un sacerdote extranjero ni una lucha por conservar prestigio. Registra que el consejo se pone en práctica. Antes, Israel necesitaba al hombre capaz de presentarse ante el faraón; aquí necesita que deje de ser el único hombre ante quien debe presentarse cada disputa. El cargo no pierde importancia por volverse sostenible. El pueblo puede regresar a su lugar en paz.

    Versículo por versículo

    1. 18:2

      Séfora vuelve con los dos hijos después de que Moisés la había enviado de regreso. El capítulo no precisa cuándo ocurrió esa separación ni reproduce la conversación que hubo detrás.

    2. 18:3-4

      Gersón recuerda la condición de extranjero; Eliezer, la ayuda de Dios y la huida de la espada del faraón. Las dos explicaciones conservan aspectos distintos de la experiencia de Moisés fuera de su tierra.

    3. 18:19-20

      El consejo de Jetro da por sentado que Moisés seguirá enseñando las ordenanzas de Dios. Delegar decisiones no significa abandonar la fuente y la explicación de la ley.

    4. 18:21

      El rechazo de la codicia excluye a jueces deseosos de obtener ganancias deshonestas. La competencia no es el único requisito.

    5. 18:23

      La condición de que Dios lo mande impide presentar el consejo como una autoridad superior al mandato divino. El plan se propone dentro de la responsabilidad de Moisés ante Dios, no al margen de ella.

    Éxodo 18: El consejo de Jetro

    Éxodo 18

    Santa Biblia Reina Valera 1909 · 27 versículos

    18:1Y OYÓ Jethro, sacerdote de Madián, suegro de Moisés, todas las cosas que Dios había hecho con Moisés, y con Israel su pueblo, y cómo Jehová había sacado á Israel de Egipto:

    18:2Y tomó Jethro, suegro de Moisés, á Séphora la mujer de Moisés, después que él la envió,

    18:3Y á sus dos hijos; el uno se llamaba Gersom, porque dijo, Peregrino he sido en tierra ajena;

    18:4Y el otro se llamaba Eliezer, porque [dijo], El Dios de mi padre me ayudó, y me libró del cuchillo de Faraón.

    18:5Y Jethro, el suegro de Moisés, con sus hijos y su mujer, llegó á Moisés en el desierto, donde tenía el campo junto al monte de Dios;

    18:6Y dijo á Moisés: Yo tu suegro Jethro vengo á ti, con tu mujer, y sus dos hijos con ella.

    18:7Y Moisés salió á recibir á su suegro, é inclinóse, y besólo: y preguntáronse el uno al otro cómo estaban, y vinieron á la tienda.

    18:8Y Moisés contó á su suegro todas las cosas que Jehová había hecho á Faraón y á los Egipcios por amor de Israel, y todo el trabajo que habían pasado en el camino, y cómo los había librado Jehová.

    18:9Y alegróse Jethro de todo el bien que Jehová había hecho á Israel, que lo había librado de mano de los Egipcios.

    18:10Y Jethro dijo: Bendito sea Jehová, que os libró de mano de los Egipcios, y de la mano de Faraón, y que libró al pueblo de la mano de los Egipcios.

    18:11Ahora conozco que Jehová es grande más que todos los dioses; hasta en lo que se ensoberbecieron contra ellos.

    18:12Y tomó Jethro, suegro de Moisés, holocaustos y sacrificios para Dios: y vino Aarón y todos los ancianos de Israel á comer pan con el suegro de Moisés delante de Dios.

    18:13Y aconteció que otro día se sentó Moisés á juzgar al pueblo; y el pueblo estuvo delante de Moisés desde la mañana hasta la tarde.

    18:14Y viendo el suegro de Moisés todo lo que él hacía con el pueblo, dijo: ¿Qué es esto que haces tú con el pueblo? ¿por qué te sientas tú solo, y todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la tarde?

    18:15Y Moisés respondió á su suegro: Porque el pueblo viene á mí para consultar á Dios:

    18:16Cuando tienen negocios, vienen á mí; y yo juzgo entre el uno y el otro, y declaro las ordenanzas de Dios y sus leyes.

    18:17Entonces el suegro de Moisés le dijo: No haces bien:

    18:18Desfallecerás del todo, tú, y también este pueblo que está contigo; porque el negocio es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo.

    18:19Oye ahora mi voz, yo te aconsejaré, y Dios será contigo. Está tú por el pueblo delante de Dios, y somete tú los negocios á Dios.

    18:20Y enseña á ellos las ordenanzas y las leyes, y muéstrales el camino por donde anden, y lo que han de hacer.

    18:21Además inquiere tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y constituirás á éstos sobre ellos caporales sobre mil, sobre ciento, sobre cincuenta y sobre diez.

    18:22Los cuales juzgarán al pueblo en todo tiempo; y será que todo negocio grave lo traerán á ti, y ellos juzgarán todo negocio pequeño: alivia así [la carga] de sobre ti, y llevarla han ellos contigo.

    18:23Si esto hicieres, y Dios te lo mandare, tú podrás persistir, y todo este pueblo se irá también en paz á su lugar.

    18:24Y oyó Moisés la voz de su suegro, é hizo todo lo que dijo.

    18:25Y escogió Moisés varones de virtud de todo Israel, y púsolos por cabezas sobre el pueblo, caporales sobre mil, sobre ciento, sobre cincuenta, y sobre diez;

    18:26Y juzgaban al pueblo en todo tiempo: el negocio arduo traíanlo á Moisés, y ellos juzgaban todo negocio pequeño.

    18:27Y despidió Moisés á su suegro, y fuése á su tierra.

  11. 11

    Éxodo 19-20

    Sinaí

    En el tercer mes acampan delante del monte. Moisés sube y baja entre Dios y el pueblo, el monte humea y tiembla, la trompeta suena larga y fuerte, y Dios pronuncia las diez palabras: yo soy el SEÑOR tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto. El pueblo ruega que Moisés hable con ellos, y no Dios, para que no mueran.

    Antes de los mandamientos hay un rescate consumado. La declaración inicial de Éxodo 20 identifica al que habla como el Dios que sacó a Israel de la casa de servidumbre. El orden importa: la ley se dirige a un pueblo liberado; no se ofrece como el precio con el que unos esclavos podrían convencer a Dios de darles libertad. El capítulo 19 presenta el mismo movimiento mediante otra imagen. Israel ha sido llevado sobre alas de águila y traído a Dios mismo. El destino se describe primero como una relación, no como una extensión de tierra.

    La montaña es a la vez invitación y límite. El pueblo es llamado a entrar en pacto, pero no puede convertir ese llamado en acceso sin restricciones. Moisés va repetidamente de la montaña al campamento y del campamento a la montaña, llevando palabras en ambas direcciones y haciendo respetar límites que siguen vigentes incluso durante la revelación. Los truenos, el humo, la trompeta y el temblor no son efectos decorativos alrededor de una percepción privada. El pueblo oye; entre los propósitos expresos está establecer la confianza en que Dios habla con Moisés. Su mediación tiene testigos públicos. Cuando él se acerca a la densa oscuridad mientras el pueblo permanece lejos, la distancia hace visible el trabajo de su cargo.

    Los mandamientos entran en la vida cotidiana con un alcance notable. El sábado interrumpe el poder de una casa para seguir exigiendo trabajo: hijos, hijas, siervos, ganado y el extranjero que habita dentro de sus puertas quedan incluidos en la misma prohibición. Honrar a los padres, rechazar el robo y el falso testimonio, y respetar a la esposa y los bienes del prójimo sitúan las obligaciones del pacto en relaciones conocidas. La codicia pone bajo consideración incluso el deseo de apropiarse de lo ajeno que todavía no se ha convertido en acto. Las instrucciones finales sobre el altar rechazan después la grandeza definida por criterios humanos: nada de dioses de plata u oro, de herramientas levantadas sobre sus piedras ni de desnudez expuesta al subir escalones. El Dios cuya presencia sacude una montaña no ha pedido a Israel que lo mejore con trabajos de metal.

    Versículo por versículo

    1. 19:5

      «Mi especial tesoro» es una posesión especialmente valorada, guardada aparte por su dueño entre todo lo que tiene, y el versículo añade enseguida por qué puede elegir así: «mía es toda la tierra». El mismo sustantivo hebreo, segullah, designa el tesoro personal de David en 1 Crónicas 29:3, «mi tesoro particular».

    2. 19:6

      El título reino de sacerdotes describe el llamado de Israel entre las naciones. Por sí solo no elimina las distinciones sacerdotales que la ley establece posteriormente.

    3. 20:2

      El mandamiento comienza con el rescate ya realizado. La identidad y la acción de quien habla preceden a las obligaciones que establece.

    4. 20:3-17

      Las distintas tradiciones judías y cristianas dividen y numeran los mandamientos de maneras diferentes. El pasaje presenta los mandatos sin las etiquetas numéricas modernas asignadas a cada uno.

    5. 20:20

      La orden de no temer y el propósito de que el temor de Dios permanezca ante ellos aparecen en el mismo versículo. El contraste inmediato distingue el terror que los mantiene apartados de la reverencia que frena el pecado.

    6. 20:24-26

      Las restricciones se refieren a la construcción del altar y a la manera de acercarse a él. No prohíben toda labor artesanal, pues el tabernáculo requiere trabajos artísticos detallados.

    Éxodo 19-20: Sinaí

    Éxodo 19-20

    Santa Biblia Reina Valera 1909 · 51 versículos

    19:1AL mes tercero de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en aquel día vinieron al desierto de Sinaí.

    19:2Porque partieron de Rephidim, y llegaron al desierto de Sinaí, y asentaron en el desierto; y acampó allí Israel delante del monte.

    19:3Y Moisés subió á Dios; y Jehová lo llamó desde el monte, diciendo: Así dirás á la casa de Jacob, y denunciarás á los hijos de Israel:

    19:4Vosotros visteis lo que hice á los Egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído á mí.

    19:5Ahora pues, si diereis oído á mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra.

    19:6Y vosotros seréis mi reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás á los hijos de Israel.

    19:7Entonces vino Moisés, y llamó á los ancianos del pueblo, y propuso en presencia de ellos todas estas palabras que Jehová le había mandado.

    19:8Y todo el pueblo respondió á una, y dijeron: Todo lo que Jehová ha dicho haremos. Y Moisés refirió las palabras del pueblo á Jehová.

    19:9Y Jehová dijo á Moisés: He aquí, yo vengo á ti en una nube espesa, para que el pueblo oiga mientras yo hablo contigo, y también para que te crean para siempre. Y Moisés denunció las palabras del pueblo á Jehová.

    19:10Y Jehová dijo á Moisés: Ve al pueblo, y santifícalos hoy y mañana, y laven sus vestidos;

    19:11Y estén apercibidos para el día tercero, porque al tercer día Jehová descenderá, á ojos de todo el pueblo, sobre el monte de Sinaí.

    19:12Y señalarás término al pueblo en derredor, diciendo: Guardaos, no subáis al monte, ni toquéis á su término: cualquiera que tocare el monte, de seguro morirá:

    19:13No le tocará mano, mas será apedreado ó asaeteado; sea animal ó sea hombre, no vivirá. En habiendo sonado largamente la bocina, subirán al monte.

    19:14Y descendió Moisés del monte al pueblo, y santificó al pueblo; y lavaron sus vestidos.

    19:15Y dijo al pueblo: Estad apercibidos para el tercer día; no lleguéis á mujer.

    19:16Y aconteció al tercer día cuando vino la mañana, que vinieron truenos y relámpagos, y espesa nube sobre el monte, y sonido de bocina muy fuerte; y estremecióse todo el pueblo que estaba en el real.

    19:17Y Moisés sacó del real al pueblo á recibir á Dios; y pusiéronse á lo bajo del monte.

    19:18Y todo el monte de Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en fuego: y el humo de él subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremeció en gran manera.

    19:19Y el sonido de la bocina iba esforzándose en extremo: Moisés hablaba, y Dios le respondía en voz.

    19:20Y descendió Jehová sobre el monte de Sinaí, sobre la cumbre del monte: y llamó Jehová á Moisés á la cumbre del monte, y Moisés subió.

    19:21Y Jehová dijo á Moisés: Desciende, requiere al pueblo que no traspasen el término por ver á Jehová, porque caerá multitud de ellos.

    19:22Y también los sacerdotes que se llegan á Jehová, se santifiquen, porque Jehová no haga en ellos estrago.

    19:23Y Moisés dijo á Jehová: El pueblo no podrá subir al monte de Sinaí, porque tú nos has requerido diciendo: Señala términos al monte, y santifícalo.

    19:24Y Jehová le dijo: Ve, desciende, y subirás tú, y Aarón contigo: mas los sacerdotes y el pueblo no traspasen el término por subir á Jehová, porque no haga en ellos estrago.

    19:25Entonces Moisés descendió al pueblo, y habló con ellos.

    20:1Y HABLÓ Dios todas estas palabras, diciendo:

    20:2Yo soy JEHOVÁ tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de siervos.

    20:3No tendrás dioses ajenos delante de mí.

    20:4No te harás imagen, ni ninguna semejanza [de cosa] que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra:

    20:5No te inclinarás á ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos, sobre los terceros y sobre los cuartos, á los que me aborrecen,

    20:6Y que hago misericordia en millares á los que me aman, y guardan mis mandamientos.

    20:7No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.

    20:8Acordarte has del día del reposo, para santificarlo:

    20:9Seis días trabajarás, y harás toda tu obra;

    20:10Mas el séptimo día será reposo para Jehová tu Dios: no hagas [en él] obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas:

    20:11Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día: por tanto Jehová bendijo el día del reposo y lo santificó.

    20:12Honra á tu padre y á tu madre, porque tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.

    20:13No matarás.

    20:14No cometerás adulterio.

    20:15No hurtarás.

    20:16No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.

    20:17No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.

    20:18Todo el pueblo consideraba las voces, y las llamas, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba: y viéndolo el pueblo, temblaron, y pusiéronse de lejos.

    20:19Y dijeron á Moisés: Habla tú con nosotros, que nosotros oiremos; mas no hable Dios con nosotros, porque no muramos.

    20:20Y Moisés respondió al pueblo: No temáis; que por probaros vino Dios, y porque su temor esté en vuestra presencia para que no pequéis.

    20:21Entonces el pueblo se puso de lejos, y Moisés se llegó á la osbcuridad, en la cual estaba Dios.

    20:22Y Jehová dijo á Moisés: Así dirás á los hijos de Israel: Vosotros habéis visto que he hablado desde el cielo con vosotros.

    20:23No hagáis conmigo dioses de plata, ni dioses de oro os haréis.

    20:24Altar de tierra harás para mí, y sacrificarás sobre él tus holocaustos y tus pacíficos, tus ovejas y tus vacas: en cualquier lugar donde yo hiciere que esté la memoria de mi nombre, vendré á ti, y te bendeciré.

    20:25Y si me hicieres altar de piedras, no las labres de cantería; porque si alzares tu pico sobre él, tú lo profanarás.

    20:26Y no subirás por gradas á mi altar, porque tu desnudez no sea junto á él descubierta.

  12. 12

    Éxodo 24

    Sangre del pacto

    Moisés lee el libro del pacto y el pueblo responde: haremos todo lo que el SEÑOR ha dicho. Los rocía con sangre, y sube con Aarón, Nadab, Abiú y setenta ancianos, que ven al Dios de Israel con un embaldosado de zafiro bajo sus pies. Luego Moisés entra en la nube en el monte cuarenta días y cuarenta noches.

    La mitad de la sangre va al altar y la otra mitad se reserva para el pueblo. Entre ambas acciones, Moisés lee. Esa ubicación impide que la ceremonia se reduzca a un acto impresionante cuyo significado solo conoce quien lo oficia. Las palabras del pacto se pronuncian, se escriben, se leen en voz alta y se aceptan antes de que la sangre sea aplicada al pueblo. Doce columnas representan a doce tribus; el altar y el pueblo quedan unidos en un pacto vinculante. La sangre no sustituye las palabras. Sella la relación que esas palabras definen.

    La comida en la montaña resulta igualmente notable por lo que se describe y por lo que no. Moisés, Aarón, Nadab, Abiú y setenta ancianos ven al Dios de Israel, pero el detalle visual más desarrollado corresponde a lo que está debajo de sus pies: un pavimento semejante al zafiro, tan claro como el cielo. El pasaje no ofrece un retrato del rostro de Dios. Destaca, en cambio, que no extiende su mano contra los dirigentes; ellos ven, comen y beben. La supervivencia y la comunión forman parte de la descripción de este encuentro permitido. Por eso la afirmación debe mantenerse junto a Éxodo 33:20, no utilizarse para borrarlo. Los pasajes distinguen entre el acceso concedido y lo que se revela, pero no proporcionan un diagrama completo del funcionamiento de toda manifestación divina.

    La siguiente subida de Moisés añade espera a la revelación. La nube cubre la montaña durante seis días antes del llamado del séptimo. Josué lo acompaña en el ascenso, mientras Aarón y Hur quedan disponibles para atender los asuntos del campamento. Incluso aquí, con el pacto ratificado y la gloria visible, personas distintas reciben responsabilidades diferentes y límites distintos de acercamiento. La cercanía se concede; no se toma por asalto.

    Versículo por versículo

    1. 24:5

      Los jóvenes ofrecen sacrificios antes de la consagración posterior de Aarón y sus hijos. El versículo no los identifica como sacerdotes aarónicos ya ordenados.

    2. 24:4

      Las doce columnas representan a las doce tribus. El capítulo explica la cantidad, por lo que no hace falta un cálculo simbólico independiente.

    3. 24:7

      La lectura pública precede a la nueva aceptación del pueblo. El pacto no se ratifica únicamente mediante un gesto sin explicación.

    4. 24:10-11

      El pasaje describe el pavimento bajo los pies de Dios y señala expresamente que los dirigentes sobreviven. No describe sus facciones ni afirma que hayan contemplado su ser sin restricciones.

    5. 24:16-18

      Moisés permanece seis días bajo la nube antes del llamado del séptimo día. Los cuarenta días y cuarenta noches corresponden a la afirmación posterior del versículo 18, no a un período intercambiable sin más.

    Éxodo 24

    Santa Biblia Reina Valera 1909 · 18 versículos

    24:1Y DIJO á Moisés: Sube á Jehová, tú, y Aarón, Nadab, y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel; y os inclinaréis desde lejos.

    24:2Mas Moisés sólo se llegará á Jehová; y ellos no se lleguen cerca, ni suba con él el pueblo.

    24:3Y Moisés vino y contó al pueblo todas las palabras de Jehová, y todos los derechos: y todo el pueblo respondió á una voz, y dijeron: Ejecutaremos todas las palabras que Jehová ha dicho.

    24:4Y Moisés escribió todas las palabras de Jehová, y levantándose de mañana edificó un altar al pie del monte, y doce columnas, según las doce tribus de Israel.

    24:5Y envió á los mancebos de los hijos de Israel, los cuales ofrecieron holocaustos, y sacrificaron pacíficos á Jehová, becerros.

    24:6Y Moisés tomó la mitad de la sangre, y púsola en tazones, y esparció la otra mitad de la sangre sobre el altar.

    24:7Y tomó el libro de la alianza, y leyó á oídos del pueblo, el cual dijo: Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos.

    24:8Entonces Moisés tomó la sangre, y roció sobre el pueblo, y dijo: He aquí la sangre de la alianza que Jehová ha hecho con vosotros sobre todas estas cosas.

    24:9Y subieron Moisés y Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel;

    24:10Y vieron al Dios de Israel; y había debajo de sus pies como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno.

    24:11Mas no extendió su mano sobre los príncipes de los hijos de Israel: y vieron á Dios, y comieron y bebieron.

    24:12Entonces Jehová dijo á Moisés: Sube á mí al monte, y espera allá, y te daré tablas de piedra, y la ley, y mandamientos que he escrito para enseñarlos.

    24:13Y levantóse Moisés, y Josué su ministro; y Moisés subió al monte de Dios.

    24:14Y dijo á los ancianos: Esperadnos aquí hasta que volvamos á vosotros: y he aquí Aarón y Hur están con vosotros: el que tuviere negocios, lléguese á ellos.

    24:15Entonces Moisés subió al monte, y una nube cubrió el monte.

    24:16Y la gloria de Jehová reposó sobre el monte Sinaí, y la nube lo cubrió por seis días: y al séptimo día llamó á Moisés de en medio de la nube.

    24:17Y el parecer de la gloria de Jehová era como un fuego abrasador en la cumbre del monte, á los ojos de los hijos de Israel.

    24:18Y entró Moisés en medio de la nube, y subió al monte: y estuvo Moisés en el monte cuarenta días y cuarenta noches.

  13. 13

    Éxodo 32-34

    El becerro, la hendidura de la peña, el rostro resplandeciente

    Baja con las dos tablas y halla al pueblo danzando en torno a un becerro de oro. Rompe las tablas, quema el becerro, lo muele hasta hacerlo polvo y se lo hace beber, y los levitas matan a tres mil. Luego vuelve a subir: que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme de tu libro. Dios pasa junto a él en la hendidura de la peña proclamando su nombre, misericordioso y piadoso, y da nuevas tablas, y el rostro de Moisés resplandece de modo que lo cubre con un velo.

    La explicación de Aarón pierde bastante credibilidad porque el capítulo ya ha mencionado su herramienta de grabar. El oro no entró en el fuego y salió convertido en becerro por accidente. El versículo 4 registra su trabajo; el 24, su excusa. La distancia entre ambos contiene el juicio seco del propio pasaje. Tampoco basta poner el nombre del SEÑOR a la fiesta para convertir aquello en un culto autorizado. El pueblo ha exigido algo que vaya delante porque ya no sabe qué ha sido de Moisés. Un mediador comisionado ha desaparecido de la vista, y un objeto fabricado viene a ocupar su lugar.

    La discusión sobre el pueblo comienza incluso antes de que Moisés baje. Dios los llama pueblo de Moisés en 32:7; Moisés responde llamándolos pueblo de Dios en 32:11. Su petición se apoya en la liberación realizada por Dios, en su reputación ante Egipto y en su juramento a los padres. No acepta que la nación sea destruida a cambio de un nuevo comienzo por medio de él. Pero la intercesión no vuelve indoloro lo que sigue. Las tablas se rompen, el becerro es pulverizado, caen unos tres mil hombres y se informa de una plaga. Ofrecerse a ser borrado del libro de Dios no autoriza a Moisés a decidir a quién debe atribuirse el pecado de otro. La respuesta mantiene el juicio de Dios incluso ante la extraordinaria súplica de su siervo.

    El capítulo 33 revela entonces el problema más profundo: una tierra prometida sin la presencia acompañante de Dios no es un sustituto aceptable del pacto. La tienda fuera del campamento hace visibles tanto el acceso que continúa como la comunión dañada. Moisés pide contemplar la gloria de Dios, pero recibe una manifestación protegida y limitada, junto con la proclamación del nombre y el carácter divinos. La misericordia, la paciencia, el perdón y la negativa a dejar impune la culpa se proclaman juntos. Las tablas nuevas no significan que no haya pasado nada. Significan que el pacto ha sido renovado después de algo terrible. Por último, el rostro de Moisés resplandece, y él no lo sabe. La luz es consecuencia de hablar con Dios, no una expresión ensayada antes de regresar al campamento.

    Versículo por versículo

    1. 32:4

      La herramienta de grabar de 32:4 debe mantenerse junto a la afirmación de Aarón en 32:24. El capítulo ya ha presentado pruebas contra la excusa de que el becerro apareció por sí solo.

    2. 32:28

      Las aproximadamente tres mil muertes se mencionan expresamente. Reducir el episodio a una lección sobre liderazgo fallido ocultaría su costo humano.

    3. 32:32-33

      El ofrecimiento consiste en ser borrado del libro de Dios. El texto no define ese libro mediante un sistema teológico posterior completo ni afirma que Dios acepte la propuesta de Moisés.

    4. 33:11

      Cara a cara en 33:11 describe la comunicación directa, mientras 33:20 niega la posibilidad de ver el rostro de Dios sin protección. El propio capítulo exige distinguir ambos usos.

    5. 33:19

      Pablo cita la declaración sobre la misericordia en Romanos 9:15. En Éxodo forma parte de la respuesta de Dios a la petición de Moisés de contemplar su gloria.

    6. 34:33-35

      Moisés se quita el velo al entrar para hablar con el SEÑOR y vuelve a colocárselo después de dirigirse a Israel. Segunda de Corintios 3:7-18 desarrolla otra interpretación de ese velo en relación con Cristo.

    Éxodo 32-34: El becerro, la hendidura de la peña, el rostro resplandeciente

    Éxodo 32-34

    Santa Biblia Reina Valera 1909 · 93 versículos

    32:1MAS viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, allegóse entonces á Aarón, y dijéronle: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque á este Moisés, aquel varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.

    32:2Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, y de vuestros hijos, y de vuestras hijas, y traédmelos.

    32:3Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y trajéronlos á Aarón:

    32:4El cual los tomó de las manos de ellos, y formólo con buril, é hizo de ello un becerro de fundición. Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto.

    32:5Y viendo [esto] Aarón, edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta á Jehová.

    32:6Y el día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron pacíficos: y sentóse el pueblo á comer y á beber, y levantáronse á regocijarse.

    32:7Entonces Jehová dijo á Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de tierra de Egipto se ha corrompido:

    32:8Presto se han apartado del camino que yo les mandé, y se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y han sacrificado á él, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto.

    32:9Dijo más Jehová á Moisés: Yo he visto á este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz:

    32:10Ahora pues, déjame que se encienda mi furor en ellos, y los consuma: y á ti yo te pondré sobre gran gente.

    32:11Entonces Moisés oró á la faz de Jehová su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿por qué se encenderá tu furor en tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran fortaleza, y con mano fuerte?

    32:12¿Por qué han de hablar los Egipcios, diciendo: Para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la haz de la tierra? Vuélvete del furor de tu ira, y arrepiéntete del mal de tu pueblo.

    32:13Acuérdate de Abraham, de Isaac, y de Israel, tus siervos, á los cuales has jurado por ti mismo, y dícholes: Yo multiplicaré vuestra simiente como las estrellas del cielo; y daré á vuestra simiente toda esta tierra que he dicho, y la tomarán por heredad para siempre.

    32:14Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer á su pueblo.

    32:15Y volvióse Moisés, y descendió del monte trayendo en su mano las dos tablas del testimonio, las tablas escritas por ambos lados; de una parte y de otra estaban escritas.

    32:16Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas.

    32:17Y oyendo Josué el clamor del pueblo que gritaba, dijo á Moisés: Alarido de pelea hay en el campo.

    32:18Y él respondió: No es eco de algazara de fuertes, ni eco de alaridos de flacos: algazara de cantar oigo yo.

    32:19Y aconteció, que como llegó él al campo, y vió el becerro y las danzas, enardeciósele la ira á Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y quebrólas al pie del monte.

    32:20Y tomó el becerro que habían hecho, y quemólo en el fuego, y moliólo hasta reducirlo á polvo, que esparció sobre las aguas, y diólo á beber á los hijos de Israel.

    32:21Y dijo Moisés á Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado?

    32:22Y respondió Aarón: No se enoje mi señor; tú conoces el pueblo, que es inclinado á mal.

    32:23Porque me dijeron: Haznos dioses que vayan delante de nosotros, que á este Moisés, el varón que nos sacó de tierra de Egipto, no sabemos qué le ha acontecido.

    32:24Y yo les respondí: ¿Quién tiene oro? apartadlo. Y diéronmelo, y echélo en el fuego, y salió este becerro.

    32:25Y viendo Moisés que el pueblo estaba despojado, porque Aarón lo había despojado para vergüenza entre sus enemigos,

    32:26Púsose Moisés á la puerta del real, y dijo: ¿Quién es de Jehová? [júntese] conmigo. Y juntáronse con él todos los hijos de Leví.

    32:27Y él les dijo: Así ha dicho Jehová, el Dios de Israel: Poned cada uno su espada sobre su muslo: pasad y volved de puerta á puerta por el campo, y matad cada uno á su hermano, y á su amigo, y á su pariente.

    32:28Y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés: y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres.

    32:29Entonces Moisés dijo: Hoy os habéis consagrado á Jehová, porque cada uno se ha consagrado en su hijo, y en su hermano, para que dé él hoy bendición sobre vosotros.

    32:30Y aconteció que el día siguiente dijo Moisés al pueblo: Vosotros habéis cometido un gran pecado: mas yo subiré ahora á Jehová; quizá le aplacaré acerca de vuestro pecado.

    32:31Entonces volvió Moisés á Jehová, y dijo: Ruégote, pues este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro,

    32:32Que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito.

    32:33Y Jehová respondió á Moisés: Al que pecare contra mí, á éste raeré yo de mi libro.

    32:34Ve pues ahora, lleva á este pueblo donde te he dicho: he aquí mi ángel irá delante de ti; que en el día de mi visitación yo visitaré en ellos su pecado.

    32:35Y Jehová hirió al pueblo, porque habían hecho el becerro que formó Aarón.

    33:1Y JEHOVÁ dijo á Moisés: Ve, sube de aquí, tú y el pueblo que sacaste de la tierra de Egipto, á la tierra de la cual juré á Abraham, Isaac, y Jacob, diciendo: A tu simiente la daré:

    33:2Y yo enviaré delante de ti el ángel, y echaré fuera al Cananeo y al Amorrheo, y al Hetheo, y al Pherezeo, y al Heveo y al Jebuseo:

    33:3(A la tierra que fluye leche y miel); porque yo no subiré en medio de ti, porque eres pueblo de dura cerviz, no sea que te consuma en el camino.

    33:4Y oyendo el pueblo esta sensible palabra, vistieron luto, y ninguno se puso sus atavíos:

    33:5Pues Jehová dijo á Moisés: Di á los hijos de Israel: Vosotros sois pueblo de dura cerviz: en un momento subiré en medio de ti, y te consumiré: quítate pues ahora tus atavíos, que yo sabré lo que te tengo de hacer.

    33:6Entonces los hijos de Israel se despojaron de sus atavíos desde el monte Horeb.

    33:7Y Moisés tomó el tabernáculo, y extendiólo fuera del campo, lejos del campo, y llamólo el Tabernáculo del Testimonio. Y fué, que cualquiera que requería á Jehová, salía al tabernáculo del testimonio, que estaba fuera del campo.

    33:8Y sucedía que, cuando salía Moisés al tabernáculo, todo el pueblo se levantaba, y estaba cada cual en pie á la puerta de su tienda, y miraban en pos de Moisés, hasta que él entraba en el tabernáculo.

    33:9Y cuando Moisés entraba en el tabernáculo, la columna de nube descendía, y poníase á la puerta del tabernáculo, y [Jehová] hablaba con Moisés.

    33:10Y viendo todo el pueblo la columna de la nube, que estaba á la puerta del tabernáculo, levantábase todo el pueblo, cada uno á la puerta de su tienda, y adoraba.

    33:11Y hablaba Jehová á Moisés cara á cara, como habla cualquiera á su compañero. Y volvíase al campo; mas el joven Josué, su criado, hijo de Nun, nunca se apartaba de en medio del tabernáculo.

    33:12Y dijo Moisés á Jehová: Mira, tú me dices á mí: Saca este pueblo: y tú no me has declarado á quién has de enviar conmigo: sin embargo tú dices: Yo te he conocido por tu nombre, y has hallado también gracia en mis ojos.

    33:13Ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, ruégote que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, porque halle gracia en tus ojos: y mira que tu pueblo es aquesta gente.

    33:14Y él dijo: Mi rostro irá [contigo], y te haré descansar.

    33:15Y él respondió: Si tu rostro no ha de ir [conmigo], no nos saques de aquí.

    33:16¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en andar tú con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra?

    33:17Y Jehová dijo á Moisés: También haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu nombre.

    33:18El entonces dijo: Ruégote que me muestres tu gloria.

    33:19Y respondióle: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente.

    33:20Dijo más: No podrás ver mi rostro: porque no me verá hombre, y vivirá.

    33:21Y dijo aún Jehová: He aquí lugar junto á mí, y tú estarás sobre la peña:

    33:22Y será que, cuando pasare mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado:

    33:23Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro.

    34:1Y JEHOVÁ dijo á Moisés: Alísate dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que quebraste.

    34:2Apercíbete, pues, para mañana, y sube por la mañana al monte de Sinaí, y estáme allí sobre la cumbre del monte.

    34:3Y no suba hombre contigo, ni parezca alguno en todo el monte; ni ovejas ni bueyes pazcan delante del monte.

    34:4Y Moisés alisó dos tablas de piedra como las primeras; y levantóse por la mañana, y subió al monte de Sinaí, como le mandó Jehová, y llevó en su mano las dos tablas de piedra.

    34:5Y Jehová descendió en la nube, y estuvo allí con él, proclamando el nombre de Jehová.

    34:6Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: Jehová, Jehová, fuerte, misericordioso, y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad;

    34:7Que guarda la misericordia en millares, que perdona la iniquidad, la rebelión, y el pecado, y que de ningún modo justificará al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, sobre los terceros, y sobre los cuartos.

    34:8Entonces Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y encorvóse;

    34:9Y dijo: Si ahora, Señor, he hallado gracia en tus ojos, vaya ahora el Señor en medio de nosotros; porque este es pueblo de dura cerviz; y perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y poséenos.

    34:10Y él dijo: He aquí, yo hago concierto delante de todo tu pueblo: haré maravillas que no han sido hechas en toda la tierra, ni en nación alguna; y verá todo el pueblo en medio del cual estás tú, la obra de Jehová; porque ha de ser cosa terrible la que yo haré contigo.

    34:11Guarda lo que yo te mando hoy; he aquí que yo echo de delante de tu presencia al Amorrheo, y al Cananeo, y al Hetheo, y al Pherezeo, y al Heveo, y al Jebuseo.

    34:12Guárdate que no hagas alianza con los moradores de la tierra donde has de entrar, porque no sean por tropezadero en medio de tí:

    34:13Mas derribaréis sus altares, y quebraréis sus estatuas, y talaréis sus bosques:

    34:14Porque no te has de inclinar á dios ajeno; que Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es.

    34:15Por tanto no harás alianza con los moradores de aquella tierra; porque fornicarán en pos de sus dioses, y sacrificarán á sus dioses, y te llamarán, y comerás de sus sacrificios;

    34:16O tomando de sus hijas para tus hijos, y fornicando sus hijas en pos de sus dioses, harán también fornicar á tus hijos en pos de los dioses de ellas.

    34:17No harás dioses de fundición para ti.

    34:18La fiesta de los ázimos guardarás: siete días comerás por leudar, según te he mandado, en el tiempo del mes de Abib; porque en el mes de Abib saliste de Egipto.

    34:19Todo lo que abre matriz, mío es; y de tu ganado todo primerizo de vaca ó de oveja que fuere macho.

    34:20Empero redimirás con cordero el primerizo del asno; y si no lo redimieres, le has de cortar la cabeza. Redimirás todo primogénito de tus hijos, y no serán vistos vacíos delante de mí.

    34:21Seis días trabajarás, mas en el séptimo día cesarás: cesarás aun en la arada y en la siega.

    34:22Y te harás la fiesta de las semanas á los principios de la siega del trigo: y la fiesta de la cosecha á la vuelta del año.

    34:23Tres veces en el año será visto todo varón tuyo delante del Señoreador Jehová, Dios de Israel.

    34:24Porque yo arrojaré las gentes de tu presencia, y ensancharé tu término: y ninguno codiciará tu tierra, cuando tú subieres para ser visto delante de Jehová tu Dios tres veces en el año.

    34:25No ofrecerás con leudo la sangre de mi sacrificio; ni quedará de la noche para la mañana el sacrificio de la fiesta de la pascua.

    34:26La primicia de los primeros frutos de tu tierra meterás en la casa de Jehová tu Dios. No cocerás el cabrito en la leche de su madre.

    34:27Y Jehová dijo á Moisés: Escribe tú estas palabras; porque conforme á estas palabras he hecho la alianza contigo y con Israel.

    34:28Y él estuvo allí con Jehová cuarenta días y cuarenta noches: no comió pan, ni bebió agua; y escribió en tablas las palabras de la alianza, las diez palabras.

    34:29Y aconteció, que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, mientras descendía del monte, no sabía él que la tez de su rostro resplandecía, después que hubo con El hablado.

    34:30Y miró Aarón y todos los hijos de Israel á Moisés, y he aquí la tez de su rostro era resplandeciente; y tuvieron miedo de llegarse á él.

    34:31Y llamólos Moisés; y Aarón y todos los príncipes de la congregación volvieron á él, y Moisés les habló.

    34:32Y después se llegaron todos los hijos de Israel, á los cuales mandó todas las cosas que Jehová le había dicho en el monte de Sinaí.

    34:33Y cuando hubo acabado Moisés de hablar con ellos, puso un velo sobre su rostro.

    34:34Y cuando venía Moisés delante de Jehová para hablar con él, quitábase el velo hasta que salía; y saliendo, hablaba con los hijos de Israel lo que le era mandado;

    34:35Y veían los hijos de Israel el rostro de Moisés, que la tez de su rostro era resplandeciente; y volvía Moisés á poner el velo sobre su rostro, hasta que entraba á hablar con El.

  14. 14

    Éxodo 35-40

    El tabernáculo levantado

    El pueblo trae más que suficiente, Bezaleel y Aholiab hacen todo según lo mostrado en el monte, y el primer día del primer mes del segundo año Moisés levanta el tabernáculo, pone en su lugar el arca, la mesa, el candelero y los altares, y la gloria del SEÑOR lo llena de modo que no puede entrar.

    Uno de los anuncios de Moisés durante la construcción ordena dejar de dar. Los artesanos informan que el pueblo ha traído más que suficiente, y la proclamación frena nuevas contribuciones. Después del oro reunido para el becerro, ese cambio en el uso de manos dispuestas y materiales preciosos resulta notable. La diferencia no consiste en que el trabajo hermoso se haya vuelto seguro por sí mismo. Ahora se sigue el mandato y el modelo confiados a Moisés. La repetición de conforme a lo que el SEÑOR mandó cumple una función decisiva: este santuario no es otro objeto improvisado para responder a la impaciencia del pueblo.

    Estos capítulos muestran un enorme respeto por la destreza. El Espíritu capacita a Bezaleel para el diseño y el trabajo en metal, piedra y madera; él y Aholiab reciben también capacidad para enseñar. Las mujeres hilan con sabiduría, los dirigentes aportan piedras y especias, y los artesanos transforman las ofrendas en objetos que hay que fabricar de verdad. Los hilos de oro de 39:3 no son un resplandor indefinido: el oro se martilla en láminas, se corta en hebras y se incorpora al tejido. Los espejos se convierten en material para la fuente de lavado. El pasaje nombra los procedimientos porque el trabajo importa. Sin embargo, la primera instrucción de Moisés a esta comunidad reunida trata del sábado. Ni siquiera construir el santuario autoriza una semana laboral interminable. El mandato gobierna el tiempo de los trabajadores, además del objeto terminado.

    La conclusión trae inspección y bendición, no una celebración de Moisés como diseñador. Él comprueba que el trabajo se ha realizado conforme al mandato y bendice al pueblo. Cuando se levanta el tabernáculo, la nube lo cubre y la gloria lo llena hasta el punto de que Moisés no puede entrar. Eso no constituye el fracaso de la obra. Ha llegado aquello para lo que existe el santuario, y ni siquiera quien dirigió su construcción puede tratar la presencia de Dios como una posesión. El énfasis final recae sobre la nube y el fuego durante todos los desplazamientos de Israel. El Libro del Éxodo comenzó con un pueblo obligado a construir para el faraón. Termina con una morada en medio de ese pueblo y una presencia que determina cuándo ha de ponerse en marcha.

    Versículo por versículo

    1. 35:31

      La capacitación del Espíritu incluye la artesanía y la capacidad de enseñar mencionada en 35:34. El pasaje no limita los dones divinos al discurso público o a señales extraordinarias.

    2. 36:6-7

      La orden de suspender las contribuciones sigue al informe de abundancia presentado por los artesanos. El texto describe suficiencia y moderación, no una recaudación ilimitada convertida en fin en sí misma.

    3. 38:8

      La fuente de lavado y su base se hacen con los espejos de las mujeres. El versículo identifica los objetos donados, pero no atribuye vanidad, arrepentimiento ni ningún otro motivo no expresado a quienes los entregan.

    4. 39:3

      El oro se martilla hasta formar láminas delgadas y se corta en hebras para el tejido. Es una descripción concreta de fabricación, no solamente una observación de que la vestidura parecía dorada.

    5. 40:17

      El tabernáculo se levanta el primer día del primer mes del segundo año. El pasaje proporciona una fecha relativa a la salida de Egipto, no un año establecido de forma independiente en el calendario moderno.

    6. 40:35

      La imposibilidad de entrar que experimenta Moisés se relaciona con la nube que cubre el tabernáculo y la gloria que lo llena. Levítico 1:1 comienza después con el SEÑOR llamando a Moisés desde el tabernáculo.

    Éxodo 35-40: El tabernáculo levantado

    Éxodo 35-40

    Santa Biblia Reina Valera 1909 · 214 versículos

    35:1Y MOISÉS hizo juntar toda la congregación de los hijos de Israel, y díjoles: Estas son las cosas que Jehová ha mandado que hagáis.

    35:2Seis días se hará obra, mas el día séptimo os será santo, sábado de reposo á Jehová: cualquiera que en él hiciere obra, morirá.

    35:3No encenderéis fuego en todas vuestras moradas en el día del sábado.

    35:4Y habló Moisés á toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: Esto es lo que Jehová ha mandado, diciendo:

    35:5Tomad de entre vosotros ofrenda para Jehová: todo liberal de corazón la traerá á Jehová: oro, plata, metal;

    35:6Y cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino fino, y [pelo] de cabras;

    35:7Y cueros rojos de carneros, y cueros de tejones, y madera de Sittim;

    35:8Y aceite para la luminaria, y especias aromáticas para el aceite de la unción, y para el perfume aromático;

    35:9Y piedras de onix, y demás pedrería, para el ephod, y para el racional.

    35:10Y todo sabio de corazón entre vosotros, vendrá y hará todas las cosas que Jehová ha mandado:

    35:11El tabernáculo, su tienda, y su cubierta, y sus anillos, y sus tablas, sus barras, sus columnas, y sus basas;

    35:12El arca, y sus varas, la cubierta, y el velo de la tienda;

    35:13La mesa, y sus varas, y todos sus vasos, y el pan de la proposición.

    35:14El candelero de la luminaria, y sus vasos, y sus candilejas, y el aceite para la luminaria;

    35:15Y el altar del perfume, y sus varas, y el aceite de la unción, y el perfume aromático, y el pabellón de la puerta, para la entrada del tabernáculo;

    35:16El altar del holocausto, y su enrejado de metal, y sus varas, y todos sus vasos, y la fuente con su basa;

    35:17Las cortinas del atrio, sus columnas, y sus basas, y el pabellón de la puerta del atrio;

    35:18Las estacas del tabernáculo, y las estacas del atrio, y sus cuerdas;

    35:19Las vestiduras del servicio para ministrar en el santuario, las sagradas vestiduras de Aarón el sacerdote, y las vestiduras de sus hijos para servir en el sacerdocio.

    35:20Y salió toda la congregación de los hijos de Israel de delante de Moisés.

    35:21Y vino todo varón á quien su corazón estimuló, y todo aquel á quien su espíritu le dió voluntad, y trajeron ofrenda á Jehová para la obra del tabernáculo del testimonio, y para toda su fábrica, y para las sagradas vestiduras.

    35:22Y vinieron así hombres como mujeres, todo voluntario de corazón, y trajeron cadenas y zarcillos, sortijas y brazaletes, y toda joya de oro; y cualquiera ofrecía ofrenda de oro á Jehová.

    35:23Todo hombre que se hallaba con jacinto, ó púrpura, ó carmesí, ó lino fino, ó [pelo] de cabras, ó cueros rojos de carneros, ó cueros de tejones, lo traía.

    35:24Cualquiera que ofrecía ofrenda de plata ó de metal, traía á Jehová la ofrenda: y todo el que se hallaba con madera de Sittim, traíala para toda la obra del servicio.

    35:25Además todas las mujeres sabias de corazón hilaban de sus manos, y traían lo que habían hilado: cárdeno, ó púrpura, ó carmesí, ó lino fino.

    35:26Y todas las mujeres cuyo corazón las levantó en sabiduría, hilaron [pelos] de cabras.

    35:27Y los príncipes trajeron piedras de onix, y las piedras de los engastes para el ephod y el racional;

    35:28Y la especia aromática y aceite, para la luminaria, y para el aceite de la unción, y para el perfume aromático.

    35:29De los hijos de Israel, así hombres como mujeres, todos los que tuvieron corazón voluntario para traer para toda la obra, que Jehová había mandado por medio de Moisés que hiciesen, trajeron ofrenda voluntaria á Jehová.

    35:30Y dijo Moisés á los hijos de Israel: Mirad, Jehová ha nombrado á Bezaleel, hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá;

    35:31Y lo ha henchido de espíritu de Dios, en sabiduría, en inteligencia, y en ciencia, y en todo artificio,

    35:32Para proyectar inventos, para trabajar en oro, y en plata, y en metal,

    35:33Y en obra de pedrería para engastar, y en obra de madera, para trabajar en toda invención ingeniosa.

    35:34Y ha puesto en su corazón el que pueda enseñar, así él como Aholiab, hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan:

    35:35Y los ha henchido de sabiduría de corazón, para que hagan toda obra de artificio, y de invención, y de recamado en jacinto, y en púrpura, y en carmesí, y en lino fino, y en telar; para que hagan toda labor, é inventen todo diseño.

    36:1HIZO, pues, Bezaleel y Aholiab, y todo hombre sabio de corazón, á quien Jehová dió sabiduría é inteligencia para que supiesen hacer toda la obra del servicio del santuario, todas las cosas que había mandado Jehová.

    36:2Y Moisés llamó á Bezaleel y á Aholiab, y á todo varón sabio de corazón, en cuyo corazón había dado Jehová sabiduría, y á todo hombre á quien su corazón le movió á llegarse á la obra, para trabajar en ella;

    36:3Y tomaron de delante de Moisés toda la ofrenda que los hijos de Israel habían traído para la obra del servicio del santuario, á fin de hacerla. Y ellos le traían aún ofrenda voluntaria cada mañana.

    36:4Vinieron, por tanto, todos los maestros que hacían toda la obra del santuario, cada uno de la obra que hacía.

    36:5Y hablaron á Moisés, diciendo: El pueblo trae mucho más de lo que es menester para la atención de hacer la obra que Jehová ha mandado que se haga.

    36:6Entonces Moisés mandó pregonar por el campo, diciendo: Ningún hombre ni mujer haga más obra para ofrecer para el santuario. Y así fué el pueblo impedido de ofrecer;

    36:7Pues tenía material abundante para hacer toda la obra, y sobraba.

    36:8Y todos los sabios de corazón entre los que hacían la obra, hicieron el tabernáculo de diez cortinas, de lino torcido, y de jacinto, y de púrpura y carmesí; las cuales hicieron de obra prima, con querubines.

    36:9La longitud de la una cortina era de veintiocho codos, y la anchura de cuatro codos: todas las cortinas tenían una misma medida.

    36:10Y juntó las cinco cortinas la una con la otra: asimismo unió las otras cinco cortinas la una con la otra.

    36:11E hizo las lazadas de color de jacinto en la orilla de la una cortina, en el borde, á la juntura; y así hizo en la orilla al borde de la segunda cortina, en la juntura.

    36:12Cincuenta lazadas hizo en la una cortina, y otras cincuenta en la segunda cortina, en el borde, en la juntura; las unas lazadas enfrente de las otras.

    36:13Hizo también cincuenta corchetes de oro, con los cuales juntó las cortinas, la una con la otra; é hízose un tabernáculo.

    36:14Hizo asimismo cortinas de [pelo] de cabras para la tienda sobre el tabernáculo, é hízolas [en número] de once.

    36:15La longitud de la una cortina era de treinta codos, y la anchura de cuatro codos: las once cortinas tenían una misma medida.

    36:16Y juntó las cinco cortinas de por sí, y las seis cortinas aparte.

    36:17Hizo además cincuenta lazadas en la orilla de la postrera cortina en la juntura, y otras cincuenta lazadas en la orilla de la otra cortina en la juntura.

    36:18Hizo también cincuenta corchetes de metal para juntar la tienda, de modo que fuese una.

    36:19E hizo una cubierta para la tienda de cueros rojos de carneros, y una cubierta encima de cueros de tejones.

    36:20Además hizo las tablas para el tabernáculo de madera de Sittim, para estar derechas.

    36:21La longitud de cada tabla de diez codos, y de codo y medio la anchura.

    36:22Cada tabla tenía dos quicios enclavijados el uno delante del otro: así hizo todas las tablas del tabernáculo.

    36:23Hizo, pues, las tablas para el tabernáculo: veinte tablas al lado del austro, al mediodía.

    36:24Hizo también las cuarenta basas de plata debajo de las veinte tablas: dos basas debajo de la una tabla para sus dos quicios, y dos basas debajo de la otra tabla para sus dos quicios.

    36:25Y para el otro lado del tabernáculo, á la parte del aquilón, hizo veinte tablas,

    36:26Con sus cuarenta basas de plata: dos basas debajo de la una tabla, y dos basas debajo de la otra tabla.

    36:27Y para el lado occidental del tabernáculo hizo seis tablas.

    36:28Para las esquinas del tabernáculo en los dos lados hizo dos tablas,

    36:29Las cuales se juntaban por abajo, y asimismo por arriba á un gozne: y así hizo á la una y á la otra en las dos esquinas.

    36:30Eran, pues, ocho tablas, y sus basas de plata dieciséis; dos basas debajo de cada tabla.

    36:31Hizo también las barras de madera de Sittim; cinco para las tablas del un lado del tabernáculo,

    36:32Y cinco barras para las tablas del otro lado del tabernáculo, y cinco barras para las tablas del lado del tabernáculo á la parte occidental.

    36:33E hizo que la barra del medio pasase por medio de las tablas del un cabo al otro.

    36:34Y cubrió las tablas de oro, é hizo de oro los anillos de ellas por donde pasasen las barras: cubrió también de oro las barras.

    36:35Hizo asimismo el velo de cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino torcido, el cual hizo con querubines de delicada obra.

    36:36Y para él hizo cuatro columnas de madera de Sittim; y cubriólas de oro, los capiteles de las cuales eran de oro; é hizo para ellas cuatro basas de plata de fundición.

    36:37Hizo también el velo para la puerta del tabernáculo, de jacinto, y púrpura, y carmesí, y lino torcido, obra de recamador;

    36:38Y sus cinco columnas con sus capiteles: y cubrió las cabezas de ellas y sus molduras de oro: pero sus cinco basas las hizo de metal.

    37:1HIZO también Bezaleel el arca de madera de Sittim: su longitud era de dos codos y medio, y de codo y medio su anchura, y su altura de otro codo y medio:

    37:2Y cubrióla de oro puro por de dentro y por de fuera, é hízole una cornisa de oro en derredor.

    37:3Hízole además de fundición cuatro anillos de oro á sus cuatro esquinas; en el un lado dos anillos y en el otro lado dos anillos.

    37:4Hizo también las varas de madera de Sittim, y cubriólas de oro.

    37:5Y metió las varas por los anillos á los lados del arca, para llevar el arca.

    37:6Hizo asimismo la cubierta de oro puro: su longitud de dos codos y medio, y su anchura de codo y medio.

    37:7Hizo también los dos querubines de oro, hízolos labrados á martillo, á los dos cabos de la cubierta:

    37:8El un querubín de esta parte al un cabo, y el otro querubín de la otra parte al otro cabo de la cubierta: hizo los querubines á sus dos cabos.

    37:9Y los querubines extendían sus alas por encima, cubriendo con sus alas la cubierta: y sus rostros el uno enfrente del otro, hacia la cubierta los rostros de los querubines.

    37:10Hizo también la mesa de madera de Sittim; su longitud de dos codos, y su anchura de un codo, y de codo y medio su altura;

    37:11Y cubrióla de oro puro, é hízole una cornisa de oro en derredor.

    37:12Hízole también una moldura alrededor, del ancho de una mano, á la cual moldura hizo la cornisa de oro en circunferencia.

    37:13Hízole asimismo de fundición cuatro anillos de oro, y púsolos á las cuatro esquinas que correspondían á los cuatro pies de ella.

    37:14Delante de la moldura estaban los anillos, por los cuales se metiesen las varas para llevar la mesa.

    37:15E hizo las varas de madera de Sittim para llevar la mesa, y cubriólas de oro.

    37:16También hizo los vasos que [habían de estar] sobre la mesa, sus platos, y sus cucharas, y sus cubiertos y sus tazones con que se había de libar, de oro fino.

    37:17Hizo asimismo el candelero de oro puro, é hízolo labrado á martillo: su pie y su caña, sus copas, sus manzanas y sus flores eran de lo mismo.

    37:18De sus lados salían seis brazos; tres brazos del un lado del candelero, y otros tres brazos del otro lado del candelero:

    37:19En el un brazo, tres copas figura de almendras, una manzana y una flor; y en el otro brazo tres copas figura de almendras, una manzana y una flor: y así en los seis brazos que salían del candelero.

    37:20Y en el candelero había cuatro copas figura de almendras, sus manzanas y sus flores:

    37:21Y una manzana debajo de los dos brazos de lo mismo, y otra manzana debajo de los otros dos brazos de lo mismo, y otra manzana debajo de los [otros] dos brazos de lo mismo, conforme á los seis brazos que salían de él.

    37:22Sus manzanas y sus brazos eran de lo mismo; todo era una pieza labrada á martillo, de oro puro.

    37:23Hizo asimismo sus siete candilejas, y sus despabiladeras, y sus platillos, de oro puro;

    37:24De un talento de oro puro lo hizo, con todos sus vasos.

    37:25Hizo también el altar del perfume de madera de Sittim: un codo su longitud, y otro codo su anchura, [era] cuadrado; y su altura de dos codos; y sus cuernos de la misma pieza.

    37:26Y cubriólo de oro puro, su mesa y sus paredes alrededor, y sus cuernos: é hízole una corona de oro alrededor.

    37:27Hízole también dos anillos de oro debajo de la corona en las dos esquinas á los dos lados, para pasar por ellos las varas con que había de ser conducido.

    37:28E hizo las varas de madera de Sittim, y cubriólas de oro.

    37:29Hizo asimismo el aceite santo de la unción, y el fino perfume aromático, de obra de perfumador.

    38:1IGUALMENTE hizo el altar del holocausto de madera de Sittim: su longitud de cinco codos, y su anchura de otros cinco codos, cuadrado, y de tres codos de altura.

    38:2E hízole sus cuernos á sus cuatro esquinas, los cuales eran de la misma pieza, y cubriólo de metal.

    38:3Hizo asimismo todos los vasos del altar: calderas, y tenazas, y tazones, y garfios, y palas: todos sus vasos hizo de metal.

    38:4E hizo para el altar el enrejado de metal, de hechura de red, [que puso] en su cerco por debajo hasta el medio del altar.

    38:5Hizo también cuatro anillos de fundición á los cuatro cabos del enrejado de metal, para meter las varas.

    38:6E hizo las varas de madera de Sittim, y cubriólas de metal.

    38:7Y metió las varas por los anillos á los lados del altar, para llevarlo con ellas: hueco lo hizo, de tablas.

    38:8También hizo la fuente de metal, con su basa de metal, de los espejos de las que velaban á la puerta del tabernáculo del testimonio.

    38:9Hizo asimismo el atrio; á la parte austral del mediodía las cortinas del atrio eran de cien codos, de lino torcido:

    38:10Sus columnas veinte, con sus veinte basas de metal: los capiteles de las columnas y sus molduras, de plata.

    38:11Y á la parte del aquilón [cortinas de] cien codos: sus columnas veinte, con sus veinte basas de metal; los capiteles de las columnas y sus molduras, de plata.

    38:12A la parte del occidente cortinas de cincuenta codos: sus columnas diez, y sus diez basas; los capiteles de las columnas y sus molduras, de plata.

    38:13Y á la parte oriental, al levante, cortinas de cincuenta codos:

    38:14Al un lado cortinas de quince codos, sus tres columnas, y sus tres basas;

    38:15Al otro lado, de la una parte y de la otra de la puerta del atrio, cortinas de á quince codos, sus tres columnas, y sus tres basas.

    38:16Todas las cortinas del atrio alrededor eran de lino torcido.

    38:17Y las basas de las columnas eran de metal; los capiteles de las columnas y sus molduras, de plata; asimismo las cubiertas de las cabezas de ellas, de plata: y todas las columnas del atrio tenían molduras de plata.

    38:18Y el pabellón de la puerta del atrio fué de obra de recamado, de jacinto, y púrpura, y carmesí, y lino torcido: la longitud de veinte codos, y la altura en el ancho de cinco codos, conforme á las cortinas del atrio.

    38:19Y sus columnas fueron cuatro con sus cuatro basas de metal: y sus capiteles de plata; y las cubiertas de los capiteles de ellas y sus molduras, de plata.

    38:20Y todas las estacas del tabernáculo y del atrio alrededor fueron de metal.

    38:21Estas son las cuentas del tabernáculo, del tabernáculo del testimonio, lo que fué contado de orden de Moisés por mano de Ithamar, hijo de Aarón sacerdote, para el ministerio de los Levitas.

    38:22Y Bezaleel, hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá, hizo todas las cosas que Jehová mandó á Moisés.

    38:23Y con él estaba Aholiab, hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan, artífice, y diseñador, y recamador en jacinto, y púrpura, y carmesí, y lino fino.

    38:24Todo el oro empleado en la obra, en toda la obra del santuario, el cual fué oro de ofrenda, fué veintinueve talentos, y setecientos y treinta siclos, según el siclo del santuario.

    38:25Y la plata de los contados de la congregación fué cien talentos, y mil setecientos setenta y cinco siclos, según el siclo del santuario:

    38:26Medio por cabeza, medio siclo, según el siclo del santuario, á todos los que pasaron por cuenta de edad de veinte años y arriba, que fueron seiscientos tres mil quinientos cincuenta.

    38:27Hubo además cien talentos de plata para hacer de fundición las basas del santuario y las basas del velo: en cien basas cien talentos, á talento por basa.

    38:28Y de los mil setecientos setenta y cinco [siclos] hizo los capiteles de las columnas, y cubrió los capiteles de ellas, y las ciñó.

    38:29Y el metal de la ofrenda fué setenta talentos, y dos mil cuatrocientos siclos;

    38:30Del cual hizo las basas de la puerta del tabernáculo del testimonio, y el altar de metal, y su enrejado de metal, y todos los vasos del altar.

    38:31Y las basas del atrio alrededor, y las basas de la puerta del atrio, y todas las estacas del tabernáculo, y todas las estacas del atrio alrededor.

    39:1Y DEL jacinto, y púrpura, y carmesí, hicieron las vestimentas del ministerio para ministrar en el santuario, y asimismo hicieron las vestiduras sagradas para Aarón; como Jehová lo había mandado á Moisés.

    39:2Hizo también el ephod de oro, de cárdeno y púrpura y carmesí, y lino torcido.

    39:3Y extendieron las planchas de oro, y cortaron hilos para tejerlos entre el jacinto, y entre la púrpura, y entre el carmesí, y entre el lino, con delicada obra.

    39:4Hiciéronle las hombreras que se juntasen; y uníanse en sus dos lados.

    39:5Y el cinto del ephod que estaba sobre él, era de lo mismo, conforme á su obra; de oro, jacinto, y púrpura, y carmesí, y lino torcido; como Jehová lo había mandado á Moisés.

    39:6Y labraron las piedras oniquinas cercadas de engastes de oro, grabadas de grabadura de sello con los nombres de los hijos de Israel:

    39:7Y púsolas sobre las hombreras del ephod, por piedras de memoria á los hijos de Israel; como Jehová lo había á Moisés mandado.

    39:8Hizo también el racional de primorosa obra, como la obra del ephod, de oro, jacinto, y púrpura, y carmesí, y lino torcido.

    39:9Era cuadrado: doblado hicieron el racional: su longitud era de un palmo, y de un palmo su anchura, doblado.

    39:10Y engastaron en él cuatro órdenes de piedras. El primer orden era un sardio, un topacio, y un carbunclo: este el primer orden.

    39:11El segundo orden, una esmeralda, un zafiro, y un diamante.

    39:12El tercer orden, un ligurio, un ágata, y un amatista.

    39:13Y el cuarto orden, un berilo, un onix, y un jaspe: cercadas y encajadas en sus engastes de oro.

    39:14Las cuales piedras eran conforme á los nombres de los hijos de Israel, doce según los nombres de ellos; como grabaduras de sello, cada una con su nombre según las doce tribus.

    39:15Hicieron también sobre el racional las cadenas pequeñas de hechura de trenza, de oro puro.

    39:16Hicieron asimismo los dos engastes y los dos anillos, de oro; los cuales dos anillos de oro pusieron en los dos cabos del racional.

    39:17Y pusieron las dos trenzas de oro en aquellos dos anillos á los cabos del racional.

    39:18Y fijaron los dos cabos de las dos trenzas en los dos engastes, que pusieron sobre las hombreras del ephod, en la parte delantera de él.

    39:19E hicieron dos anillos de oro, que pusieron en los dos cabos del racional en su orilla, á la parte baja del ephod.

    39:20Hicieron además dos anillos de oro, los cuales pusieron en las dos hombreras del ephod, abajo en la parte delantera, delante de su juntura, sobre el cinto del ephod.

    39:21Y ataron el racional de sus anillos á los anillos del ephod con un cordón de jacinto, para que estuviese sobre el cinto del mismo ephod, y no se apartase el racional del ephod; como Jehová lo había mandado á Moisés.

    39:22Hizo también el manto del ephod de obra de tejedor, todo de jacinto,

    39:23Con su abertura en medio de él, como el cuello de un coselete, con un borde en derredor de la abertura, porque no se rompiese.

    39:24E hicieron en las orillas del manto las granadas de jacinto, y púrpura, y carmesí, y lino torcido.

    39:25Hicieron también las campanillas de oro puro, las cuales campanillas pusieron entre las granadas por las orillas del manto alrededor entre las granadas:

    39:26Una campanilla y una granada, una campanilla y una granada alrededor, en las orillas del manto, para ministrar; como Jehová lo mandó á Moisés.

    39:27Igualmente hicieron las túnicas de lino fino de obra de tejedor, para Aarón y para sus hijos;

    39:28Asimismo la mitra de lino fino, y los adornos de los chapeos (tiaras) de lino fino, y los pañetes de lino, de lino torcido;

    39:29También el cinto de lino torcido, y de jacinto, y púrpura, y carmesí, de obra de recamador; como Jehová lo mandó á Moisés.

    39:30Hicieron asimismo la plancha de la diadema santa de oro puro, y escribieron en ella de grabadura de sello, el rótulo, SANTIDAD Á JEHOVÁ.

    39:31Y pusieron en ella un cordón de jacinto, para colocarla en alto sobre la mitra; como Jehová lo había mandado á Moisés.

    39:32Y fué acabada toda la obra del tabernáculo, del tabernáculo del testimonio: é hicieron los hijos de Israel como Jehová lo había mandado á Moisés: así lo hicieron.

    39:33Y trajeron el tabernáculo á Moisés, el tabernáculo y todos sus vasos; sus corchetes, sus tablas, sus barras, y sus columnas, y sus basas;

    39:34Y la cubierta de pieles rojas de carneros, y la cubierta de pieles de tejones, y el velo del pabellón;

    39:35El arca del testimonio, y sus varas, y la cubierta;

    39:36La mesa, todos sus vasos, y el pan de la proposición;

    39:37El candelero limpio, sus candilejas, las lámparas que debían mantenerse en orden, y todos sus vasos, y el aceite para la luminaria;

    39:38Y el altar de oro, y el aceite de la unción, y el perfume aromático, y el pabellón para la puerta del tabernáculo;

    39:39El altar de metal, con su enrejado de metal, sus varas, y todos sus vasos; y la fuente, y su basa;

    39:40Las cortinas del atrio, y sus columnas, y sus basas, y el pabellón para la puerta del atrio, y sus cuerdas, y sus estacas, y todos los vasos del servicio del tabernáculo, del tabernáculo del testimonio;

    39:41Las vestimentas del servicio para ministrar en el santuario, las sagradas vestiduras para Aarón el sacerdote, y las vestiduras de sus hijos, para ministrar en el sacerdocio.

    39:42En conformidad á todas las cosas que Jehová había mandado á Moisés, así hicieron los hijos de Israel toda la obra.

    39:43Y vió Moisés toda la obra, y he aquí que la habían hecho como Jehová había mandado; y bendíjolos.

    40:1Y JEHOVÁ habló á Moisés, diciendo:

    40:2En el primer día del mes primero harás levantar el tabernáculo, el tabernáculo del testimonio:

    40:3Y pondrás en él el arca del testimonio, y la cubrirás con el velo:

    40:4Y meterás la mesa, y la pondrás en orden: meterás también el candelero, y encenderás sus lámparas:

    40:5Y pondrás el altar de oro para el perfume delante del arca del testimonio, y pondrás el pabellón delante de la puerta del tabernáculo.

    40:6Después pondrás el altar del holocausto delante de la puerta del tabernáculo, del tabernáculo del testimonio.

    40:7Luego pondrás la fuente entre el tabernáculo del testimonio y el altar; y pondrás agua en ella.

    40:8Finalmente pondrás el atrio en derredor, y el pabellón de la puerta del atrio.

    40:9Y tomarás el aceite de la unción, y ungirás el tabernáculo, y todo lo que está en él; y le santificarás con todos sus vasos, y será santo.

    40:10Ungirás también el altar del holocausto y todos sus vasos: y santificarás el altar, y será un altar santísimo.

    40:11Asimismo ungirás la fuente y su basa, y la santificarás.

    40:12Y harás llegar á Aarón y á sus hijos á la puerta del tabernáculo del testimonio, y los lavarás con agua.

    40:13Y harás vestir á Aarón las vestiduras sagradas, y lo ungirás, y lo consagrarás, para que sea mi sacerdote.

    40:14Después harás llegar sus hijos, y les vestirás las túnicas:

    40:15Y los ungirás como ungiste á su padre, y serán mis sacerdotes: y será que su unción les servirá por sacerdocio perpetuo por sus generaciones.

    40:16Y Moisés hizo conforme á todo lo que Jehová le mandó; así lo hizo.

    40:17Y así en el día primero del primer mes, en el segundo año, el tabernáculo fué erigido.

    40:18Y Moisés hizo levantar el tabernáculo, y asentó sus basas, y colocó sus tablas, y puso sus barras, é hizo alzar sus columnas.

    40:19Y extendió la tienda sobre el tabernáculo, y puso la sobrecubierta encima del mismo; como Jehová había mandado á Moisés.

    40:20Y tomó y puso el testimonio dentro del arca, y colocó las varas en el arca, y encima la cubierta sobre el arca:

    40:21Y metió el arca en el tabernáculo, y puso el velo de la tienda, y cubrió el arca del testimonio; como Jehová había mandado á Moisés.

    40:22Y puso la mesa en el tabernáculo del testimonio, al lado septentrional del pabellón, fuera del velo:

    40:23Y sobre ella puso por orden los panes delante de Jehová, como Jehová había mandado á Moisés.

    40:24Y puso el candelero en el tabernáculo del testimonio, enfrente de la mesa, al lado meridional del pabellón.

    40:25Y encendió las lámparas delante de Jehová; como Jehová había mandado á Moisés.

    40:26Puso también el altar de oro en el tabernáculo del testimonio, delante del velo:

    40:27Y encendió sobre él el perfume aromático; como Jehová había mandado á Moisés.

    40:28Puso asimismo la cortina de la puerta del tabernáculo.

    40:29Y colocó el altar del holocausto á la puerta del tabernáculo, del tabernáculo del testimonio; y ofreció sobre él holocausto y presente; como Jehová había mandado á Moisés.

    40:30Y puso la fuente entre el tabernáculo del testimonio y el altar; y puso en ella agua para lavar.

    40:31Y Moisés y Aarón y sus hijos lavaban en ella sus manos y sus pies.

    40:32Cuando entraban en el tabernáculo del testimonio, y cuando se llegaban al altar, se lavaban; como Jehová había mandado á Moisés.

    40:33Finalmente erigió el atrio en derredor del tabernáculo y del altar, y puso la cortina de la puerta del atrio. Y así acabó Moisés la obra.

    40:34Entonces una nube cubrió el tabernáculo del testimonio, y la gloria de Jehová hinchió el tabernáculo.

    40:35Y no podía Moisés entrar en el tabernáculo del testimonio, porque la nube estaba sobre él, y la gloria de Jehová lo tenía lleno.

    40:36Y cuando la nube se alzaba del tabernáculo, los hijos de Israel se movían en todas sus jornadas:

    40:37Pero si la nube no se alzaba, no se partían hasta el día en que ella se alzaba.

    40:38Porque la nube de Jehová estaba de día sobre el tabernáculo, y el fuego estaba de noche en él, á vista de toda la casa de Israel, en todas sus jornadas.

  15. 15

    Números 11-12

    Quejas, y su propia familia

    El pueblo codicia carne y llora por Egipto, y Moisés dice a Dios que no puede llevar solo a todo este pueblo; Dios pone su espíritu en setenta ancianos y envía codornices. Luego Miriam y Aarón hablan contra él por causa de su mujer cusita. El texto dice que era muy manso, más que todos los hombres. Dios lo llama aquel con quien habla boca a boca, y Moisés ora por la sanidad de Miriam.

    La queja de Moisés toma la forma de una responsabilidad familiar imposible: él no concibió a este pueblo, pero se le pide que lo cargue como un padre que lleva a un niño de pecho. La imagen sorprende porque el agotamiento no se esconde detrás de lenguaje oficial. Dice que la carga es demasiado pesada y pide morir antes que seguir bajo ella. El Libro de Números registra esa súplica sin convertirla en una declaración pulida de fortaleza. La respuesta de Dios incluye otros hombros. Setenta ancianos compartirán la carga, y la acción del Espíritu convierte su participación en algo más que una reorganización administrativa.

    Ese don compartido pronto trae su propia prueba. Eldad y Medad profetizan en el campamento en lugar de hacerlo junto a la tienda, y Josué quiere que Moisés los detenga. Moisés se niega a convertir su posición en el límite de la generosidad de Dios. Su deseo expreso es que todo el pueblo del SEÑOR sea profeta. El contraste cobra especial fuerza junto al capítulo siguiente, donde su propio hermano y su propia hermana cuestionan la singularidad de su cargo. Moisés no necesita silenciar todas las demás voces proféticas para seguir siendo el siervo cuya relación con Dios es distinta. Dios mismo establece la diferencia, señalando la comunicación directa con él y su fidelidad en la casa.

    La exclusión de Miriam da a esa defensa una forma corporal dolorosa. El texto no la convierte en una villana desechable. Aarón suplica, Moisés clama por su sanidad y todo el campamento espera hasta que ella sea recibida de nuevo. El hermano cuestionado se convierte en su intercesor. Siete días fuera del campamento siguen siendo siete días fuera; la misericordia no finge que el juicio nunca ocurrió. Pero tampoco se reanuda el viaje dejándola atrás. El capítulo termina con un lugar restituido dentro de una comunidad que vuelve a ponerse en marcha.

    Versículo por versículo

    1. 11:12

      Las comparaciones con la gestación y el cuidado de un lactante pertenecen a las propias palabras de Moisés sobre una tarea insoportable. No hace falta sustituirlas por pensamientos privados inventados cuando el pasaje ya expresa su queja.

    2. 11:17

      Dios promete que los ancianos llevarán la carga junto con Moisés. La distribución del Espíritu se vincula expresamente con una responsabilidad compartida.

    3. 11:28-29

      La preocupación de Josué recibe como respuesta el deseo de Moisés de que el don profético alcance a más personas. El texto no dice que Eldad y Medad sean falsos profetas ni que el lugar donde están invalide el don.

    4. 12:1

      La mujer cusita no recibe nombre. Se discute si es Séfora descrita de otra manera o una esposa distinta; el capítulo no resuelve la identificación.

    5. 12:3

      La mansedumbre describe la humildad de Moisés, no una incapacidad para dirigir o hablar con firmeza. La afirmación aparece en un pasaje donde Dios lo defiende, en lugar de que Moisés organice su propia defensa.

    6. 12:7

      Hebreos 3:2-6 retoma la fidelidad de Moisés en la casa de Dios y distingue su servicio del lugar de Cristo como Hijo. La distinción se establece sin dejar de honrar la fidelidad de Moisés.

    Números 11-12: Quejas, y su propia familia

    Números 11-12

    Santa Biblia Reina Valera 1909 · 51 versículos

    11:1Y ACONTECIÓ que el pueblo se quejó á oídos de Jehová: y oyólo Jehová, y enardecióse su furor, y encendióse en ellos fuego de Jehová y consumió el un cabo del campo.

    11:2Entonces el pueblo dió voces á Moisés, y Moisés oró á Jehová, y soterróse el fuego.

    11:3Y llamó á aquel lugar Taberah; porque el fuego de Jehová se encendió en ellos.

    11:4Y el vulgo que había en medio tuvo un vivo deseo, y volvieron, y aun lloraron los hijos de Israel, y dijeron: ¡Quién nos diera á comer carne!

    11:5Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los cohombros, y de los melones, y de los puerros, y de las cebollas, y de los ajos:

    11:6Y ahora nuestra alma se seca; que nada sino maná [ven] nuestros ojos.

    11:7Y era el maná como semilla de culantro, y su color como color de bdelio.

    11:8Derramábase el pueblo, y recogían, y molían en molinos, ó majaban en morteros, y lo cocían en caldera, ó hacían de él tortas: y su sabor era como sabor de aceite nuevo.

    11:9Y cuando descendía el rocío sobre el real de noche, el maná descendía de sobre él.

    11:10Y oyó Moisés al pueblo, que lloraba por sus familias, cada uno á la puerta de su tienda: y el furor de Jehová se encendió en gran manera; también pareció mal á Moisés.

    11:11Y dijo Moisés á Jehová: ¿Por qué has hecho mal á tu siervo? ¿y por qué no he hallado gracia en tus ojos, que has puesto la carga de todo este pueblo sobre mí?

    11:12¿Concebí yo á todo este pueblo? ¿engendrélo yo, para que me digas: Llévalo en tu seno, como lleva la que cría al que mama, á la tierra de la cual juraste á sus padres?

    11:13¿De dónde tengo yo carne para dar á todo este pueblo? porque lloran á mí, diciendo: Danos carne que comamos.

    11:14No puedo yo solo soportar á todo este pueblo, que me es pesado en demasía.

    11:15Y si así lo haces tú conmigo, yo te ruego que me des muerte, si he hallado gracia en tus ojos; y que yo no vea mi mal.

    11:16Entonces Jehová dijo á Moisés: Júntame setenta varones de los ancianos de Israel, que tú sabes que son ancianos del pueblo y sus principales; y tráelos á la puerta del tabernáculo del testimonio, y esperen allí contigo.

    11:17Y yo descenderé y hablaré allí contigo; y tomaré del espíritu que está en ti, y pondré en ellos; y llevarán contigo la carga del pueblo, y no la llevarás tú solo.

    11:18Empero dirás al pueblo: Santificaos para mañana, y comeréis carne: pues que habéis llorado en oídos de Jehová, diciendo: ¡Quién nos diera á comer carne! ¡cierto mejor nos iba en Egipto! Jehová, pues, os dará carne, y comeréis.

    11:19No comeréis un día, ni dos días, ni cinco días, ni diez días, ni veinte días;

    11:20Sino hasta un mes de tiempo, hasta que os salga por las narices, y os sea en aborrecimiento: por cuanto menospreciasteis á Jehová que está en medio de vosotros, y llorasteis delante de él, diciendo: ¿Para qué salimos acá de Egipto?

    11:21Entonces dijo Moisés: Seiscientos mil de á pie es el pueblo en medio del cual yo estoy; y tú dices: Les daré carne, y comerán el tiempo de un mes.

    11:22¿Se han de degollar para ellos ovejas y bueyes que les basten? ¿ó se juntarán para ellos todos los peces de la mar para que tengan abasto?

    11:23Entonces Jehová respondió á Moisés: ¿Hase acortado la mano de Jehová? ahora verás si te sucede mi dicho, ó no.

    11:24Y salió Moisés, y dijo al pueblo las palabras de Jehová: y juntó los setenta varones de los ancianos del pueblo, é hízolos estar alrededor del tabernáculo.

    11:25Entonces Jehová descendió en la nube, y hablóle; y tomó del espíritu que estaba en él, y púsolo en los setenta varones ancianos; y fué que, cuando posó sobre ellos el espíritu, profetizaron, y no cesaron.

    11:26Y habían quedado en el campo dos varones, llamado el uno Eldad y el otro Medad, sobre los cuales también reposó el espíritu: estaban estos entre los escritos, mas no habían salido al tabernáculo; y profetizaron en el campo.

    11:27Y corrió un mozo, y dió aviso á Moisés, y dijo: Eldad y Medad profetizan en el campo.

    11:28Entonces respondió Josué hijo de Nun, ministro de Moisés, [uno] de sus mancebos, y dijo: Señor mío Moisés, impídelos.

    11:29Y Moisés le respondió: ¿Tienes tú celos por mí? mas ojalá que todo el pueblo de Jehová fuesen profetas, que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos.

    11:30Y recogióse Moisés al campo, él y los ancianos de Israel.

    11:31Y salió un viento de Jehová, y trajo codornices de la mar, y dejólas sobre el real, un día de camino de la una parte, y un día de camino de la otra, en derredor del campo, y casi dos codos sobre la haz de la tierra.

    11:32Entonces el pueblo estuvo levantado todo aquel día, y toda la noche, y todo el día siguiente, y recogiéronse codornices: el que menos, recogió diez montones; y las tendieron para sí á lo largo en derredor del campo.

    11:33Aun estaba la carne entre los dientes de ellos, antes que fuese mascada, cuando el furor de Jehová se encendió en el pueblo, é hirió Jehová al pueblo con una muy grande plaga.

    11:34Y llamó el nombre de aquel lugar Kibroth-hattaavah, por cuanto allí sepultaron al pueblo codicioso.

    11:35De Kibroth-hattaavah movió el pueblo á Haseroth, y pararon en Haseroth.

    12:1Y HABLARON María y Aarón contra Moisés á causa de la mujer Ethiope que había tomado: porque él había tomado mujer Ethiope.

    12:2Y dijeron: ¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿no ha hablado también por nosotros? Y oyólo Jehová.

    12:3Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra.

    12:4Y luego dijo Jehová á Moisés, y á Aarón, y á María: Salid vosotros tres al tabernáculo del testimonio. Y salieron ellos tres.

    12:5Entonces Jehová descendió en la columna de la nube, y púsose á la puerta del tabernáculo, y llamó á Aarón y á María; y salieron ellos ambos.

    12:6Y él les dijo: Oid ahora mis palabras: si tuviereis profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él.

    12:7No así á mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa:

    12:8Boca á boca hablaré con él, y á las claras, y no por figuras; y verá la apariencia de Jehová: ¿por qué pues no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés?

    12:9Entonces el furor de Jehová se encendió en ellos; y fuése.

    12:10Y la nube se apartó del tabernáculo: y he aquí que María era leprosa como la nieve; y miró Aarón á María, y he aquí que estaba leprosa.

    12:11Y dijo Aarón á Moisés: ¡Ah! señor mío, no pongas ahora sobre nosotros pecado; porque locamente lo hemos hecho, y hemos pecado.

    12:12No sea ella ahora como el que sale muerto del vientre de su madre, consumida la mitad de su carne.

    12:13Entonces Moisés clamó á Jehová, diciendo: Ruégote, oh Dios, que la sanes ahora.

    12:14Respondió Jehová á Moisés: Pues si su padre hubiera escupido en su cara, ¿no se avergonzaría por siete días?: sea echada fuera del real por siete días, y después se reunirá.

    12:15Así María fué echada del real siete días; y el pueblo no pasó adelante hasta que se [le] reunió María.

    12:16Y DESPUÉS movió el pueblo de Haseroth, y asentaron el campo en el desierto de Parán.

  16. 16

    Números 13-14

    Cades-barnea

    Doce espías entran en la tierra; diez traen mal informe y el pueblo llora toda la noche y habla de volver a Egipto. Dios amenaza con desheredarlos y hacer de Moisés una nación mayor. Moisés alega la honra del nombre de Dios entre las naciones y sus propias palabras, el SEÑOR es tardo para la ira, y Dios perdona, pero esa generación morirá en el desierto en cuarenta años.

    Las uvas no están en discusión. Tanto el informe temeroso como la respuesta fiel se refieren a una tierra verdaderamente fértil; el enorme racimo ha sido traído como prueba. La discrepancia está en lo que significa esa prueba frente a ciudades fortificadas y habitantes formidables. Un informe presenta una tierra que devora a sus habitantes; Josué y Caleb llaman pan a esos habitantes. Las imágenes contrapuestas de comida dejan al descubierto dos lecturas incompatibles de la misma situación. La confianza de ambos depende de la presencia del SEÑOR, no de afirmar que las murallas son pequeñas o los adversarios inofensivos.

    La propuesta de volver a Egipto convierte el rechazo en un programa alternativo: nombrar otro capitán y regresar. La intercesión de Moisés no sostiene que la reacción sea lo bastante comprensible como para quedar excusada. Apela a lo que Egipto y los pueblos vecinos concluirán sobre el poder de Dios, y después repite la propia declaración divina de paciencia y misericordia. La respuesta contiene una diferencia fácil de perder: se concede perdón en 14:20, pero permanece la exclusión de esa generación. Perdonar no equivale a decir que el viaje puede continuar como si el rechazo nunca hubiera ocurrido. Los hijos que sus padres temían que acabaran como presa son nombrados expresamente como aquellos a quienes Dios hará entrar. El mismo futuro utilizado para justificar la retirada se convierte en el futuro al que sus padres no entrarán.

    El avance de la mañana siguiente no constituye una corrección tardía. La palabra que ahora reciben es que no suban, porque el SEÑOR no estará con ellos en ese intento. Avanzan de todos modos. La negativa temerosa y el asalto decidido parecen opuestos, pero ambos desoyen el mandato que tienen delante en ese momento. Moisés y el arca permanecen en el campamento. El pasaje no celebra el movimiento solo porque sea audaz. Lo decisivo no es si Israel se mueve, sino si ese movimiento responde a la palabra recibida.

    Versículo por versículo

    1. 13:25

      Los cuarenta días de reconocimiento proporcionan la base numérica del juicio en 14:34. Los cuarenta años posteriores se relacionan expresamente con aquellos días.

    2. 13:33

      La comparación con saltamontes incluye la percepción de los propios exploradores y lo que ellos afirman sobre cómo los veían los demás. El texto no registra de manera independiente que los habitantes hicieran esa comparación.

    3. 14:9

      La imagen del pan responde a la afirmación anterior de que la tierra devora a sus habitantes. Josué y Caleb invierten la imagen y fundamentan su llamado en la presencia de Dios.

    4. 14:18

      La petición de Moisés recurre a la proclamación divina de Éxodo 34:6-7. Pide sobre la base del carácter declarado de Dios, no de la inocencia del pueblo.

    5. 14:20-23

      El perdón y la exclusión aparecen juntos. El propio pasaje distingue entre perdonar y eliminar todas las consecuencias.

    6. 14:44

      El arca y Moisés permanecen en el campamento cuando el pueblo avanza. Su ausencia subraya la advertencia de que ese ataque no es la entrada en la tierra que Dios había ordenado.

    Números 13-14: Cades-barnea

    Números 13-14

    Santa Biblia Reina Valera 1909 · 78 versículos

    13:1Y Jehová habló á Moisés, diciendo:

    13:2Envía tú hombres que reconozcan la tierra de Canaán, la cual yo doy á los hijos de Israel: de cada tribu de sus padres enviaréis un varón, cada uno príncipe entre ellos.

    13:3Y Moisés los envió desde el desierto de Parán, conforme á la palabra de Jehová: y todos aquellos varones eran príncipes de los hijos de Israel.

    13:4Los nombres de los cuales son éstos: De la tribu de Rubén, Sammua hijo de Zaccur.

    13:5De la tribu de Simeón, Saphat hijo de Hurí.

    13:6De la tribu de Judá, Caleb hijo de Jephone.

    13:7De la tribu de Issachâr, Igal hijo de Joseph.

    13:8De la tribu de Ephraim, Oseas hijo de Nun.

    13:9De la tribu de Benjamín, Palti hijo de Raphu.

    13:10De la tribu de Zabulón, Gaddiel hijo de Sodi.

    13:11De la tribu de José, de la tribu de Manasés, Gaddi hijo de Susi.

    13:12De la tribu de Dan, Ammiel hijo de Gemalli.

    13:13De la tribu de Aser, Sethur hijo de Michâel.

    13:14De la tribu de Nephtalí, Nahabí hijo de Vapsi.

    13:15De la tribu de Gad, Geuel hijo de Machî.

    13:16Estos son los nombres de los varones que Moisés envió á reconocer la tierra: y á Oseas hijo de Nun, le puso Moisés el nombre de Josué.

    13:17Enviólos, pues, Moisés á reconocer la tierra de Canaán, diciéndoles: Subid por aquí, por el mediodía, y subid al monte:

    13:18Y observad la tierra qué tal es; y el pueblo que la habita, si es fuerte ó débil, si poco ó numeroso;

    13:19Qué tal la tierra habitada, si es buena ó mala; y qué tales son las ciudades habitadas, si de tiendas ó de fortalezas;

    13:20Y cuál sea el terreno, si es pingüe ó flaco, si en él hay ó no árboles: y esforzaos, y coged del fruto del país. Y el tiempo era el tiempo de las primeras uvas.

    13:21Y ellos subieron, y reconocieron la tierra desde el desierto de Zin hasta Rehob, entrando en Emath.

    13:22Y subieron por el mediodía, y vinieron hasta Hebrón: y allí estaban Aimán, y Sesai, y Talmai, hijos de Anac. Hebrón fué edificada siete años antes de Zoán, la de Egipto.

    13:23Y llegaron hasta el arroyo de Escol, y de allí cortaron un sarmiento con un racimo de uvas, el cual trajeron dos en un palo, y de las granadas y de los higos.

    13:24Y llamóse aquel lugar Nahal-escol, por el racimo que cortaron de allí los hijos de Israel.

    13:25Y volvieron de reconocer la tierra al cabo de cuarenta días.

    13:26Y anduvieron y vinieron á Moisés y á Aarón, y á toda la congregación de los hijos de Israel, en el desierto de Parán, en Cades, y diéronles la respuesta, y á toda la congregación, y les mostraron el fruto de la tierra.

    13:27Y le contaron, y dijeron: Nosotros llegamos á la tierra á la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella.

    13:28Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fuertes; y también vimos allí los hijos de Anac.

    13:29Amalec habita la tierra del mediodía; y el Hetheo, y el Jebuseo, y el Amorrheo, habitan en el monte; y el Cananeo habita junto á la mar, y á la ribera del Jordán.

    13:30Entonces Caleb hizo callar el pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y poseámosla; que más podremos que ella.

    13:31Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo; porque es más fuerte que nosotros.

    13:32Y vituperaron entre los hijos de Israel la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga á sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella, son hombres de grande estatura.

    13:33También vimos allí gigantes, hijos de Anac, [raza] de los gigantes: y éramos nosotros, á nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos á ellos.

    14:1ENTONCES toda la congregación alzaron [grita], y dieron voces: y el pueblo lloró aquella noche.

    14:2Y quejáronse contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y díjoles toda la multitud: ¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; ó en este desierto ojalá muriéramos!

    14:3¿Y por qué nos trae Jehová á esta tierra para caer á cuchillo, y que nuestras mujeres y nuestros chiquitos sean por presa? ¿no nos sería mejor volvernos á Egipto?

    14:4Y decían el uno al otro: Hagamos un capitán, y volvámonos á Egipto.

    14:5Entonces Moisés y Aarón cayeron sobre sus rostros delante de toda la multitud de la congregación de los hijos de Israel.

    14:6Y Josué hijo de Nun, y Caleb hijo de Jephone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rompieron sus vestidos;

    14:7Y hablaron á toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena.

    14:8Si Jehová se agradare de nosotros, [él] nos meterá en esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel.

    14:9Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de aquesta tierra, porque nuestro pan son: su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová: no los temáis.

    14:10Entonces toda la multitud habló de apedrearlos con piedras. Mas la gloria de Jehová se mostró en el tabernáculo del testimonio á todos los hijos de Israel.

    14:11Y Jehová dijo á Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿hasta cuándo no me ha de creer con todas las señales que he hecho en medio de ellos?

    14:12Yo le heriré de mortandad, y lo destruiré, y á ti te pondré sobre gente grande y más fuerte que ellos.

    14:13Y Moisés respondió á Jehová: Oiránlo luego los Egipcios, porque de en medio de ellos sacaste á este pueblo con tu fortaleza:

    14:14Y lo dirán á los habitadores de esta tierra; [los cuales] han oído que tú, oh Jehová, estabas en medio de este pueblo, que ojo á ojo aparecías tú, oh Jehová, y que tu nube estaba sobre ellos, y que de día ibas delante de ellos en columna de nube, y de noche en columna de fuego:

    14:15Y que has hecho morir á este pueblo como á un hombre: y las gentes que hubieren oído tu fama hablarán, diciendo:

    14:16Porque no pudo Jehová meter este pueblo en la tierra de la cual les había jurado, los mató en el desierto.

    14:17Ahora, pues, yo te ruego que sea magnificada la fortaleza del Señor, como lo hablaste, diciendo:

    14:18Jehová, tardo de ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, y absolviendo no absolverá al [culpado]; que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta los terceros y hasta los cuartos.

    14:19Perdona ahora la iniquidad de este pueblo según la grandeza de tu misericordia, y como has perdonado á este pueblo desde Egipto hasta aquí.

    14:20Entonces Jehová dijo: yo lo he perdonado conforme á tu dicho:

    14:21Mas, ciertamente vivo yo y mi gloria hinche toda la tierra,

    14:22Que todos los que vieron mi gloria y mis señales que he hecho en Egipto y en el desierto, y me han tentado ya diez veces, y no han oído mi voz,

    14:23No verán la tierra de la cual juré á sus padres: no, ninguno de los que me han irritado la verá.

    14:24Empero mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y cumplió de ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su simiente la recibirá en heredad.

    14:25Ahora bien, el Amalecita y el Cananeo habitan en el valle; volveos mañana, y partíos al desierto, camino del mar Bermejo.

    14:26Y Jehová habló á Moisés y á Aarón, diciendo:

    14:27¿Hasta cuándo oiré esta depravada multitud que murmura contra mí, las querellas de los hijos de Israel, que de mí se quejan?

    14:28Diles: Vivo yo, dice Jehová, que según habéis hablado á mis oídos, así haré yo con vosotros:

    14:29En este desierto caerán vuestros cuerpos; todos vuestros contados según toda vuestra cuenta, de veinte años arriba, los cuales habéis murmurado contra mí;

    14:30Vosotros á la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano de haceros habitar en ella; exceptuando á Caleb hijo de Jephone, y á Josué hijo de Nun.

    14:31Mas vuestros chiquitos, de los cuales dijisteis que serían por presa, yo los introduciré, y ellos conocerán la tierra que vosotros despreciasteis.

    14:32Y en cuanto á vosotros, vuestros cuerpos caerán en este desierto.

    14:33Y vuestros hijos andarán pastoreando en el desierto cuarenta años, y ellos llevarán vuestras fornicaciones, hasta que vuestros cuerpos sean consumidos en el desierto.

    14:34Conforme al número de los días, [de los] cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada día; y conoceréis mi castigo.

    14:35Yo Jehová he hablado; así haré á toda esta multitud perversa que se ha juntado contra mí; en este desierto serán consumidos, y ahí morirán.

    14:36Y los varones que Moisés envió á reconocer la tierra, y vueltos habían hecho murmurar contra él á toda la congregación, desacreditando aquel país,

    14:37Aquellos varones que habían hablado mal de la tierra, murieron de plaga delante de Jehová.

    14:38Mas Josué hijo de Nun, y Caleb hijo de Jephone, quedaron con vida de entre aquellos hombres que habían ido á reconocer la tierra.

    14:39Y Moisés dijo estas cosas á todos los hijos de Israel, y el pueblo se enlutó mucho.

    14:40Y levantáronse por la mañana, y subieron á la cumbre del monte, diciendo: Henos aquí para subir al lugar del cual ha hablado Jehová; porque hemos pecado.

    14:41Y dijo Moisés: ¿Por qué quebrantáis el dicho de Jehová? Esto tampoco os sucederá bien.

    14:42No subáis, porque Jehová no está en medio de vosotros, no seáis heridos delante de vuestros enemigos.

    14:43Porque el Amalecita y el Cananeo están allí delante de vosotros, y caeréis á cuchillo: pues por cuanto os habéis retraído de seguir á Jehová, por eso no será Jehová con vosotros.

    14:44Sin embargo, se obstinaron en subir á la cima del monte: mas el arca de la alianza de Jehová, y Moisés, no se apartaron de en medio del campo.

    14:45Y descendieron el Amalecita y el Cananeo, que habitaban en aquel monte, é hiriéronlos y derrotáronlos, [persiguiéndolos] hasta Horma.

  17. 17

    Números 16-17

    Coré

    Coré, Datán y Abiram y doscientos cincuenta príncipes acusan a Moisés y Aarón de tomar demasiado para sí. Moisés cae sobre su rostro y fija una prueba de incensarios. La tierra se abre y traga las casas de Datán y Abiram, el fuego consume a los doscientos cincuenta, y una plaga se detiene solo cuando Aarón corre a la congregación con incienso. La vara de Aarón florece para zanjarlo.

    Datán y Abiram llaman a Egipto tierra que fluye leche y miel. La expresión prometida para el destino de Israel se ha reasignado al lugar del trabajo forzado. Su acusación hace más que quejarse del desierto: reescribe la salida como una pérdida causada por Moisés. La afirmación de Coré opera de otra manera, comenzando con la santidad de toda la congregación. Ese llamado es real, pero Moisés responde que no autoriza a ocupar cualquier cargo: los levitas ya tienen un servicio particular, y ahora la exigencia alcanza el sacerdocio. Doscientos cincuenta hombres de prestigio reconocido se suman al desafío. Su reputación da mayor peso al enfrentamiento, no justificación automática.

    Moisés no se limita a exigir que un título resuelva el asunto. La prueba revelará a quién escoge Dios, y él declara que las obras que acreditan su comisión no proceden de su propia voluntad. Sin embargo, el juicio resultante no puede reducirse a una victoria ordenada de la organización correcta. Datán y Abiram están con sus esposas, hijos y niños pequeños; la tierra se abre y desaparecen familias. El fuego consume al grupo que ofrece incienso. El pasaje deja a esas personas a la vista. Una explicación que solo mencionara procedimientos corregidos escondería lo que el texto realmente registra.

    Después vuelve a aparecer el incienso. Aarón corre hacia la congregación con su incensario y se coloca entre los muertos y los vivos, haciendo expiación mientras la plaga se detiene. El instrumento asociado con la muerte de los que desafiaron la autoridad ahora lo lleva el sacerdote para preservar al pueblo. El cargo disputado aparece cumpliendo el servicio que le corresponde, no simplemente disfrutando de su vindicación. Luego la vara de Aarón produce brotes, flores y almendras entre varas sin vida. Su autoridad queda establecida por una vida que ningún rival ha fabricado. El clamor final del pueblo todavía expresa temor de acercarse al santuario. Una señal ha resuelto el desafío; no ha vuelto trivial la santidad.

    Versículo por versículo

    1. 16:9-10

      Moisés identifica la exigencia como una pretensión de acceder al sacerdocio más allá del servicio que ya tenían los levitas. No se discute si la congregación posee alguna santidad.

    2. 16:13

      Leche y miel suele describir la tierra prometida en los pasajes del éxodo. Aplicar la expresión a Egipto invierte el vocabulario de la liberación.

    3. 16:27

      Las esposas, los hijos y los niños pequeños de Datán y Abiram aparecen expresamente a la entrada de las tiendas. La severidad del pasaje no debe suavizarse ni ampliarse con detalles que no proporciona.

    4. 16:30

      El versículo habla de descender «vivos al abismo». El castigo no es solo la muerte, sino ser tragados todavía con vida, y eso es lo que hace del hecho la «nueva cosa» que Moisés anuncia.

    5. 16:38

      Los incensarios se convierten en revestimiento del altar porque fueron presentados ante el SEÑOR. Su condición sagrada no valida la ofrenda no autorizada.

    6. 17:8

      La vara presenta brotes, flores y almendras producidas. La combinación ofrece una señal visible que excede el crecimiento nocturno ordinario.

    Números 16-17: Coré

    Números 16-17

    Santa Biblia Reina Valera 1909 · 63 versículos

    16:1Y CORÉ, hijo de Ishar, hijo de Coath, hijo de Leví; y Dathán y Abiram, hijos de Eliab; y Hon, hijo de Peleth, de los hijos de Rubén, tomaron [gente],

    16:2Y levantáronse contra Moisés con doscientos y cincuenta varones de los hijos de Israel, príncipes de la congregación, de los del consejo, varones de nombre;

    16:3Y se juntaron contra Moisés y Aarón, y les dijeron: Básteos, porque toda la congregación, todos ellos son santos, y en medio de ellos está Jehová: ¿por qué, pues, os levantáis vosotros sobre la congregación de Jehová?

    16:4Y como lo oyó Moisés, echóse sobre su rostro;

    16:5Y habló á Coré y á todo su séquito, diciendo: Mañana mostrará Jehová quién es suyo, y al santo harálo llegar á sí; y al que él escogiere, él lo allegará á sí.

    16:6Haced esto: tomaos incensarios, Coré y todo su séquito:

    16:7Y poned fuego en ellos, y poned en ellos sahumerio delante de Jehová mañana; y será que el varón á quien Jehová escogiere, aquél [será] el santo: básteos [esto], hijos de Leví.

    16:8Dijo más Moisés á Coré: Oid ahora, hijos de Leví:

    16:9¿Os es poco que el Dios de Israel os haya apartado de la congregación de Israel, haciéndoos allegar á sí para que ministraseis en el servicio del tabernáculo de Jehová, y estuvieseis delante de la congregación para ministrarles?

    16:10¿Y que te hizo acercar á ti, y á todos tus hermanos los hijos de Leví contigo; para que procuréis también el sacerdocio?

    16:11Por tanto, tú y todo tu séquito sois los que os juntáis contra Jehová: pues Aarón, ¿qué es para que contra él murmuréis?

    16:12Y envió Moisés á llamar á Dathán y Abiram, hijos de Eliab; mas ellos respondieron: No iremos allá:

    16:13¿Es poco que nos hayas hecho venir de una tierra que destila leche y miel, para hacernos morir en el desierto, sino que también te enseñorees de nosotros imperiosamente?

    16:14Ni tampoco nos has metido tú en tierra que fluya leche y miel, ni nos has dado heredades de tierras y viñas: ¿has de arrancar los ojos de estos hombres? No subiremos.

    16:15Entonces Moisés se enojó en gran manera, y dijo á Jehová: No mires á su presente: ni aun un asno he tomado de ellos, ni á ninguno de ellos he hecho mal.

    16:16Después dijo Moisés á Coré: Tú y todo tu séquito, poneos mañana delante de Jehová; tú, y ellos, y Aarón:

    16:17Y tomad cada uno su incensario, y poned sahumerio en ellos, y allegad delante de Jehová cada uno su incensario: doscientos y cincuenta incensarios: tú también, y Aarón, cada uno con su incensario.

    16:18Y tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, y echaron en ellos sahumerio, y pusiéronse á la puerta del tabernáculo del testimonio con Moisés y Aarón.

    16:19Ya Coré había hecho juntar contra ellos toda la congregación á la puerta del tabernáculo del testimonio: entonces la gloria de Jehová apareció á toda la congregación.

    16:20Y Jehová habló á Moisés y á Aarón, diciendo:

    16:21Apartaos de entre esta congregación, y consumirlos he en un momento.

    16:22Y ellos se echaron sobre sus rostros, y dijeron: Dios, Dios de los espíritus de toda carne, ¿no es un hombre el que pecó? ¿y airarte has tú contra toda la congregación?

    16:23Entonces Jehová habló á Moisés, diciendo:

    16:24Habla á la congregación, diciendo: Apartaos de en derredor de la tienda de Coré, Dathán, y Abiram.

    16:25Y Moisés se levantó, y fué á Dathán y á Abiram; y los ancianos de Israel fueron en pos de él.

    16:26Y él habló á la congregación, diciendo: Apartaos ahora de las tiendas de estos impíos hombres, y no toquéis ninguna cosa suya, por que no perezcáis en todos sus pecados.

    16:27Y apartáronse de las tiendas de Coré, de Dathán, y de Abiram en derredor: y Dathán y Abiram salieron y pusiéronse á las puertas de sus tiendas, con sus mujeres, y sus hijos, y sus chiquitos.

    16:28Y dijo Moisés: En esto conoceréis que Jehová me ha enviado para que hiciese todas estas cosas; que no de mi corazón [las hice].

    16:29Si como mueren todos los hombres murieren éstos, ó si fueren ellos visitados á la manera de todos los hombres, Jehová no me envió.

    16:30Mas si Jehová hiciere una nueva cosa, y la tierra abriere su boca, y los tragare con todas sus cosas, y descendieren vivos al abismo, entonces conoceréis que estos hombres irritaron á Jehová.

    16:31Y aconteció, que en acabando él de hablar todas estas palabras, rompióse la tierra que estaba debajo de ellos:

    16:32Y abrió la tierra su boca, y tragólos á ellos, y á sus casas, y á todos los hombres de Coré, y á toda su hacienda.

    16:33Y ellos, con todo lo que tenían, descendieron vivos al abismo, y cubriólos la tierra, y perecieron de en medio de la congregación.

    16:34Y todo Israel, los que estaban en derredor de ellos, huyeron al grito de ellos; porque decían: No nos trague también la tierra.

    16:35Y salió fuego de Jehová, y consumió los doscientos y cincuenta hombres que ofrecían el sahumerio.

    16:36Entonces Jehová habló á Moisés, diciendo:

    16:37Di á Eleazar, hijo de Aarón sacerdote, que tome los incensarios de en medio del incendio, y derrame más allá el fuego; porque son santificados:

    16:38Los incensarios de estos pecadores contra sus almas: y harán de ellos planchas extendidas para cubrir el altar: por cuanto ofrecieron con ellos delante de Jehová, son santificados; y serán por señal á los hijos de Israel.

    16:39Y el sacerdote Eleazar tomó los incensarios de metal con que los quemados habían ofrecido; y extendiéronlos para cubrir el altar,

    16:40En recuerdo á los hijos de Israel que ningún extraño que no sea de la simiente de Aarón, llegue á ofrecer sahumerio delante de Jehová, porque no sea como Coré, y como su séquito; según se lo dijo Jehová por mano de Moisés.

    16:41El día siguiente toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón, diciendo: Vosotros habéis muerto al pueblo de Jehová.

    16:42Y aconteció que, como se juntó la congregación contra Moisés y Aarón, miraron hacia el tabernáculo del testimonio, y he aquí la nube lo había cubierto, y apareció la gloria de Jehová.

    16:43Y vinieron Moisés y Aarón delante del tabernáculo del testimonio.

    16:44Y Jehová habló á Moisés, diciendo:

    16:45Apartaos de en medio de esta congregación, y consumirélos en un momento. Y ellos se echaron sobre sus rostros.

    16:46Y dijo Moisés á Aarón: Toma el incensario, y pon en él fuego del altar, y sobre él pon perfume, y ve presto á la congregación, y haz expiación por ellos; porque el furor ha salido de delante de la faz de Jehová: la mortandad ha comenzado.

    16:47Entonces tomó Aarón [el incensario], como Moisés dijo, y corrió en medio de la congregación: y he aquí que la mortandad había comenzado en el pueblo: y él puso perfume, é hizo expiación por el pueblo.

    16:48Y púsose entre los muertos y los vivos; y cesó la mortandad.

    16:49Y los que murieron en aquella mortandad fueron catorce mil y setecientos, sin los muertos por el negocio de Coré.

    16:50Después se volvió Aarón á Moisés á la puerta del tabernáculo del testimonio, cuando la mortandad había cesado.

    17:1Y HABLÓ Jehová á Moisés, diciendo:

    17:2Habla á los hijos de Israel, y toma de ellos una vara por cada casa de los padres, de todos los príncipes de ellos, doce varas conforme á las casas de sus padres; y escribirás el nombre de cada uno sobre su vara.

    17:3Y escribirás el nombre de Aarón sobre la vara de Leví; porque cada cabeza de familia de sus padres tendrá una vara.

    17:4Y las pondrás en el tabernáculo del testimonio delante del testimonio, donde yo me declararé á vosotros.

    17:5Y será, que el varón que yo escogiere, su vara florecerá: y haré cesar de sobre mí las quejas de los hijos de Israel, con que murmuran contra vosotros.

    17:6Y Moisés habló á los hijos de Israel, y todos los príncipes de ellos le dieron varas; cada príncipe por las casas de sus padres una vara, [en todas] doce varas; y la vara de Aarón estaba entre las varas de ellos.

    17:7Y Moisés puso las varas delante de Jehová en el tabernáculo del testimonio.

    17:8Y aconteció que el día siguiente vino Moisés al tabernáculo del testimonio; y he aquí que la vara de Aarón de la casa de Leví había brotado, y echado flores, y arrojado renuevos, y producido almendras.

    17:9Entonces sacó Moisés todas las varas de delante de Jehová á todos los hijos de Israel; y ellos lo vieron, y tomaron cada uno su vara.

    17:10Y Jehová dijo á Moisés: Vuelve la vara de Aarón delante del testimonio, para que se guarde por señal á los hijos rebeldes; y harás cesar sus quejas de sobre mí, porque no mueran.

    17:11E hízolo Moisés: como le mandó Jehová, así hizo.

    17:12Entonces los hijos de Israel hablaron á Moisés, diciendo: He aquí nosotros somos muertos, perdidos somos, todos nosotros somos perdidos.

    17:13Cualquiera que se llegare, el que se acercare al tabernáculo de Jehová morirá: ¿acabaremos de perecer todos?

  18. 18

    Números 20

    Meriba

    Miriam muere en Cades. El pueblo riñe por agua, y Dios dice a Moisés que tome la vara y hable a la peña. Moisés dice: oíd ahora, rebeldes, ¿os hemos de hacer salir agua de esta peña?, y la golpea dos veces. Sale agua, pero Dios dice: por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel, no meteréis esta congregación en la tierra. Aarón muere en Hor ese año.

    El agua sale, y Moisés recibe juicio de todos modos. Esa combinación es el rechazo más firme del pasaje a una conclusión fácil. Un resultado visible no certifica cada palabra y cada acto de la persona por medio de la cual llega. En Horeb, en Éxodo 17, Moisés recibió la orden de golpear la roca; aquí se le ordena hablarle. La golpea dos veces y llama rebeldes a los presentes. La explicación de Dios señala incredulidad y la falta de santificarlo ante Israel, e incluye a Aarón junto con Moisés. Se ha discutido el peso preciso de los golpes y de las palabras, pero el veredicto expreso no debe reemplazarse por un diagnóstico que el pasaje nunca ofrece.

    La muerte de Miriam abre el capítulo y la de Aarón lo cierra. Su ubicación sitúa el conflicto del agua en un marco de pérdidas, sin autorizar la explicación inventada de que el duelo provocó la conducta de Moisés. El Libro de Números no lo dice. Deja juntas las muertes y la falta. Entre ellas aparece la negativa de Edom a permitir el paso. La petición de Moisés llama a Israel hermano de Edom y recuerda la relación entre Jacob y Esaú, pero el parentesco no abre el camino. Ni siquiera ofrecer el pago del agua consigue el permiso.

    La muerte de Aarón incluye un acto visible de cerca: Moisés retira las vestiduras de su hermano y se las pone a Eleazar. El sacerdocio continúa mientras termina la vida del sacerdote. Tres hombres suben a la montaña; Moisés y Eleazar bajan. La congregación llora a Aarón durante treinta días. Ninguna presentación triunfal de la sucesión puede hacer desaparecer esa resta. El capítulo ha proporcionado agua, mantenido el viaje y dado continuidad al cargo sacerdotal. También ha dejado a Moisés sin su hermano y su hermana, y sin permiso para conducir al pueblo al otro lado de la frontera final.

    Versículo por versículo

    1. 20:1

      La muerte y sepultura de Miriam ocupan un versículo. La brevedad de la noticia no demuestra que su papel en Israel fuera poco importante.

    2. 20:8

      La orden consiste en hablar a la roca delante de la congregación. Es distinta de la instrucción de golpearla en Éxodo 17:6.

    3. 20:12

      Dios identifica la falta como incredulidad y como no haberlo santificado. Salmo 106:32-33 también recuerda que Moisés habló imprudentemente; las interpretaciones difieren sobre la relación exacta entre las palabras y los golpes.

    4. 20:14

      La expresión tu hermano Israel apela al vínculo entre Jacob, llamado Israel, y Esaú, asociado con Edom. No significa que ambos pueblos compartan un gobierno.

    5. 20:26-28

      Las vestiduras de Aarón pasan a Eleazar antes de que Aarón muera. La continuidad visible del cargo se coloca junto a la pérdida irreversible de quien lo ocupaba.

    Números 20: Meriba

    Números 20

    Santa Biblia Reina Valera 1909 · 29 versículos

    20:1Y LLEGARON los hijos de Israel, toda la congregación, al desierto de Zin, en el mes primero, y asentó el pueblo en Cades; y allí murió María, y fué allí sepultada.

    20:2Y como no hubiese agua para la congregación, juntáronse contra Moisés y Aarón.

    20:3Y regañó el pueblo con Moisés, y hablaron diciendo: ¡Ojalá que nosotros hubiéramos muerto cuando perecieron nuestros hermanos delante de Jehová!

    20:4¿Y por qué hiciste venir la congregación de Jehová á este desierto, para que muramos aquí nosotros y nuestras bestias?

    20:5¿Y por qué nos has hecho subir de Egipto, para traernos á este mal lugar? No es lugar de sementera, de higueras, de viñas, ni granadas: ni aun de agua para beber.

    20:6Y fuéronse Moisés y Aarón de delante de la congregación á la puerta del tabernáculo del testimonio, y echáronse sobre sus rostros; y la gloria de Jehová apareció sobre ellos.

    20:7Y habló Jehová á Moisés, diciendo:

    20:8Toma la vara, y reune la congregación, tú y Aarón tu hermano, y hablad á la peña en ojos de ellos; y ella dará su agua, y les sacarás aguas de la peña, y darás de beber á la congregación, y á sus bestias.

    20:9Entonces Moisés tomó la vara de delante de Jehová, como él le mandó.

    20:10Y juntaron Moisés y Aarón la congregación delante de la peña, y díjoles: Oid ahora, rebeldes: ¿os hemos de hacer salir aguas de esta peña?

    20:11Entonces alzó Moisés su mano, é hirió la peña con su vara dos veces: y salieron muchas aguas, y bebió la congregación, y sus bestias.

    20:12Y Jehová dijo á Moisés y á Aarón: Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme en ojos de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado.

    20:13Estas son las aguas de la rencilla, por las cuales contendieron los hijos de Israel con Jehová, y él se santificó en ellos.

    20:14Y envió Moisés embajadores al rey de Edom desde Cades: Así dice Israel tu hermano: Tú has sabido todo el trabajo que nos ha venido:

    20:15Cómo nuestros padres descendieron á Egipto, y estuvimos en Egipto largo tiempo, y los Egipcios nos maltrataron, y á nuestros padres;

    20:16Y clamamos á Jehová, el cual oyó nuestra voz, y envió ángel, y sacónos de Egipto; y he aquí estamos en Cades, ciudad al extremo de tus confines:

    20:17Rogámoste que pasemos por tu tierra; no pasaremos por labranza, ni por viña, ni beberemos agua de pozos: por el camino real iremos, sin apartarnos á la diestra ni á la siniestra, hasta que hayamos pasado tu término.

    20:18Y Edom le respondió: No pasarás por mi [país], de otra manera saldré contra ti armado.

    20:19Y los hijos de Israel dijeron: Por el camino seguido iremos; y si bebiéremos tus aguas yo y mis ganados, daré el precio de ellas: ciertamente sin [hacer] otra cosa, pasaré de seguida.

    20:20Y él respondió: No pasarás. Y salió Edom contra él con mucho pueblo, y mano fuerte.

    20:21No quiso, pues, Edom dejar pasar á Israel por su término, y apartóse Israel de él.

    20:22Y partidos de Cades los hijos de Israel, toda aquella congregación, vinieron al monte de Hor.

    20:23Y Jehová habló á Moisés y Aarón en el monte de Hor, en los confines de la tierra de Edom, diciendo:

    20:24Aarón será reunido á sus pueblos; pues no entrará en la tierra que yo di á los hijos de Israel, por cuanto fuisteis rebeldes á mi mandamiento en las aguas de la rencilla.

    20:25Toma á Aarón y á Eleazar su hijo, y hazlos subir al monte de Hor;

    20:26Y haz desnudar á Aarón sus vestidos, y viste de ellos á Eleazar su hijo; porque Aarón será reunido [á sus pueblos], y allí morirá.

    20:27Y Moisés hizo como Jehová le mandó: y subieron al monte de Hor á ojos de toda la congregación.

    20:28Y Moisés hizo desnudar á Aarón de sus vestidos y vistiólos á Eleazar su hijo: y Aarón murió allí en la cumbre del monte: y Moisés y Eleazar descendieron del monte.

    20:29Y viendo toda la congregación que Aarón era muerto, hiciéronle duelo por treinta días todas las familias de Israel.

  19. 19

    Números 21:4-9

    La serpiente de bronce

    El pueblo habla contra Dios y contra Moisés rodeando Edom, y serpientes ardientes los muerden. Piden a Moisés que ore, y él hace una serpiente de bronce y la pone sobre un asta, y todo mordido que la mira vive.

    El pueblo pide que sean retiradas las serpientes. La respuesta registrada proporciona una manera de vivir después de una mordedura. Esa diferencia merece permanecer visible. Números 21:8-9 no afirma que las serpientes desaparezcan de inmediato; describe a la persona mordida que mira y vive. La provisión enfrenta la muerte dentro del peligro, en lugar de presentar primero un campamento completamente seguro. La intercesión de Moisés es igualmente sobria. El pueblo confiesa haber hablado contra Dios y contra él, le pide que ore, y él ora. No se registra ninguna exigencia de que primero reparen su dignidad herida.

    La queja contiene su propia contradicción reveladora: no hay pan, y enseguida viene el asco por este pan liviano. Hay alimento, pero se lo considera intolerable. El Libro de Números no necesita inventar un motivo privado cuando las palabras pronunciadas ya muestran el rechazo. Después se coloca el remedio a la vista, sobre un asta. Nada en el mandato atribuye un poder independiente al metal; la vida se vincula a la respuesta que Dios dispone. Eso vuelve especialmente importante la destrucción posterior del objeto en 2 Reyes 18:4. Israel había comenzado a quemarle incienso, convirtiendo el instrumento en destinatario de adoración. La Biblia conserva tanto su fabricación autorizada como su destrucción autorizada. Juan 3:14-15 añade otra conexión expresa cuando Jesús habla de que el Hijo del hombre sea levantado. La comparación procede de las propias palabras de Jesús, no de adivinar el significado de cada característica de una serpiente.

    Versículo por versículo

    1. 21:4

      El rodeo de Edom sigue a la negativa de paso en Números 20. El inicio sitúa la queja dentro de un viaje alargado, no de un cambio de destino sin explicación.

    2. 21:5

      La expresión pan liviano desprecia el alimento disponible. La queja no demuestra que el campamento careciera literalmente de toda comida.

    3. 21:6

      Ardientes traduce un término hebreo relacionado con quemar. El versículo describe serpientes mortales y no exige alas ni una anatomía fantástica.

    4. 21:9

      La Reina Valera dice sencillamente «serpiente de metal», y con prudencia: el hebreo nehosheth puede designar cobre o una aleación de cobre. El pasaje no especifica una fórmula metalúrgica moderna.

    Números 21:4-9

    Santa Biblia Reina Valera 1909 · 6 versículos

    21:4Y partieron del monte de Hor, camino del mar Bermejo, para rodear la tierra de Edom; y abatióse el ánimo del pueblo por el camino.

    21:5Y habló el pueblo contra Dios y Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? que ni hay pan, ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano.

    21:6Y Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo: y murió mucho pueblo de Israel.

    21:7Entonces el pueblo vino á Moisés, y dijeron: Pecado hemos por haber hablado contra Jehová, y contra ti: ruega á Jehová que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo.

    21:8Y Jehová dijo á Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre la bandera: y será que cualquiera que fuere mordido y mirare á ella, vivirá.

    21:9Y Moisés hizo una serpiente de metal, y púsola sobre la bandera: y fué, que cuando alguna serpiente mordía á alguno, miraba á la serpiente de metal, y vivía.

    Números 21:4-9: La serpiente de bronce
  20. 20

    Números 27:12-23

    Un varón sobre la congregación

    Sabiendo que verá la tierra y morirá, Moisés pide al SEÑOR, Dios de los espíritus de toda carne, que ponga un varón sobre la congregación para que no sean como ovejas sin pastor. Dios nombra a Josué, y Moisés pone sus manos sobre él delante de Eleazar y de todo el pueblo.

    Moisés responde al anuncio de su muerte próxima pidiendo un pastor. No comienza esta respuesta solicitando una prórroga de su cargo. La preocupación que expresa es qué sucederá con la congregación cuando él ya no esté para dirigirla. Salir y entrar, sacar y hacer entrar, dan al cargo movimiento y responsabilidad. No se trata simplemente de una vacante ceremonial. Un pueblo que encara la siguiente etapa de su viaje necesita a alguien cuyo liderazgo abarque todo el trayecto, desde la partida hasta el regreso.

    Josué es descrito como un hombre en quien está el espíritu antes de que Moisés ponga una mano sobre él. La ceremonia no crea idoneidad de la nada; comisiona públicamente a la persona que Dios nombra. Moisés debe poner parte de su dignidad sobre él delante de Eleazar y de la congregación, para que el pueblo reconozca la nueva autoridad. Sin embargo, las instrucciones no reproducen sin más la posición de Moisés. Josué se presentará ante el sacerdote, y se buscará dirección mediante el juicio del Urim. El sucesor recibe autoridad sin convertirse en una copia exacta del hombre al que sucede.

    La obediencia final es discreta y completa. Moisés toma a Josué, lo presenta, pone sus manos sobre él y le da el encargo. El hombre que tantas veces se ha situado entre Dios y la congregación ayuda ahora a establecer cómo será guiada la congregación sin él. Sus hijos no son propuestos en el intercambio, pero el texto no ofrece una conversación privada sobre su exclusión. La atención permanece en el rebaño. Entre los últimos servicios de Moisés está asegurar que su ausencia no lo deje sin guía.

    Versículo por versículo

    1. 27:12

      Abarim designa la región montañosa; Deuteronomio 32:49 identifica al Nebo dentro de ella. La instrucción promete contemplar la tierra, no permiso para entrar.

    2. 27:14

      La referencia al desierto de Zin y a Meriba remite a Números 20:12-13. El motivo expreso de la exclusión no desaparece durante los preparativos de la sucesión.

    3. 27:18

      Josué ya tiene el espíritu cuando es nombrado. Deuteronomio 34:9 relaciona después su plenitud del espíritu de sabiduría con la imposición de manos de Moisés.

    4. 27:20

      Se transmite parte de la dignidad de Moisés; no se declara que cada rasgo de su cargo vaya a reproducirse. La autorización pública de Josué es expresa.

    5. 27:21

      El Urim está relacionado con la consulta sacerdotal. El pasaje no describe su forma física ni proporciona detalles suficientes para reconstruir su funcionamiento exacto.

    Números 27:12-23

    Santa Biblia Reina Valera 1909 · 12 versículos

    27:12Y Jehová dijo á Moisés: Sube á este monte Abarim, y verás la tierra que he dado á los hijos de Israel.

    27:13Y después que la habrás visto, tú también serás reunido á tus pueblos, como fué reunido tu hermano Aarón:

    27:14Pues fuisteis rebeldes á mi dicho en el desierto de Zin, en la rencilla de la congregación, para santificarme en las aguas á ojos de ellos. Estas son las aguas de la rencilla de Cades en el desierto de Zin.

    27:15Entonces respondió Moisés á Jehová, diciendo:

    27:16Ponga Jehová, Dios de los espíritus de toda carne, varón sobre la congregación,

    27:17Que salga delante de ellos, y que entre delante de ellos, que los saque y los introduzca; porque la congregación de Jehová no sea como ovejas sin pastor.

    27:18Y Jehová dijo á Moisés: Toma á Josué hijo de Nun, varón en el cual hay espíritu, y pondrás tu mano sobre él;

    27:19Y ponerlo has delante de Eleazar el sacerdote, y delante de toda la congregación; y le darás órdenes en presencia de ellos.

    27:20Y pondrás de tu dignidad sobre él, para que toda la congregación de los hijos de Israel [le] obedezcan.

    27:21Y él estará delante de Eleazar el sacerdote, y á él preguntará por el juicio del Urim delante de Jehová: por el dicho de él saldrán, y por el dicho de él entrarán, él, y todos los hijos de Israel con él, y toda la congregación.

    27:22Y Moisés hizo como Jehová le había mandado; que tomó á Josué, y le puso delante de Eleazar el sacerdote, y de toda la congregación:

    27:23Y puso sobre él sus manos, y dióle órdenes, como Jehová había mandado por mano de Moisés.

    Números 27:12-23: Un varón sobre la congregación
  21. 21

    Deuteronomio 31-33

    Las últimas palabras

    En los llanos de Moab predica de nuevo la ley a la generación que cruzará, la escribe en un libro que se guardará junto al arca, enseña un cántico como testigo contra ellos, y bendice a cada tribu. Moisés tiene ciento veinte años; sus ojos no se han oscurecido, ni ha perdido su vigor.

    Moisés se prepara para un tiempo en que nadie podrá llamarlo para que venga a explicar la ley. La respuesta no es un archivo sellado. En la lectura señalada cada siete años, hombres, mujeres, niños y el extranjero deben oírla juntos. La instrucción incluye deliberadamente a quienes todavía no la conocen. El texto escrito ha de convertirse, una y otra vez, en palabras pronunciadas a oídos de toda una comunidad. La autoridad no dependerá de mantener físicamente presente a Moisés ni de convertir la ley en posesión privada de sus custodios.

    El cántico da otra forma a la memoria. Dios ordena enseñarlo y ponerlo en la boca del pueblo como testigo, incluso contra ellos. Su permanencia dejará al descubierto la distancia entre lo que Israel ha aprendido y lo que después hará. Las imágenes tienen fuerza suficiente para sostener esa tarea: Dios como la Roca, un pueblo hallado en el desierto, un águila que cuida a sus crías y Jesurún engordado que da coces. La abundancia misma se convierte en el escenario del olvido. El cántico no halaga a quienes lo cantan. Tampoco es solo una amenaza: su exposición del juicio divino termina con la vindicación y la misericordia mencionadas en 32:43. Moisés llama a estas palabras la vida de Israel, no un adorno añadido a ella.

    Después bendice a las tribus. El hombre que conoce su rebelión no permite que la acusación sea su único tono final. Las bendiciones nombran tierra, trabajo, fuerza, rocío, grano, montañas y seguridad. En la bendición de José aparece un regreso especialmente cercano: el favor del que habitó en la zarza. El llamado del desierto sigue presente en las últimas esperanzas pronunciadas sobre la tierra. Moisés no entrará en ella, pero sus palabras se detienen en su abundancia. La despedida une advertencia y bendición sin fingir que sean lo mismo. Sus pies se detendrán antes de la heredad. Su cuidado por Israel no termina allí.

    Versículo por versículo

    1. 31:10-13

      La lectura pública ocurre en el año de remisión, durante la fiesta de los tabernáculos. El público mencionado incluye al extranjero residente y a los niños, no solo a los jefes de familia.

    2. 31:19-21

      El cántico es designado expresamente como testigo. Su permanencia prevista en boca de los descendientes da a Israel un testimonio continuo incluso después de la desobediencia.

    3. 31:26

      El libro de la ley se coloca al lado del arca, mientras Deuteronomio 10:5 sitúa las tablas de piedra dentro de ella. Son ubicaciones distintas.

    4. 32:15

      Jesurún es un nombre asociado con la rectitud, usado aquí con ironía incisiva cuando el pueblo bien alimentado da coces contra su creador. También aparece en la bendición de 33:5 y 33:26.

    5. 32:21

      Romanos 10:19 cita el lenguaje de Deuteronomio 32:21 sobre provocar a Israel por medio de un pueblo. Romanos 15:10 vuelve a 32:43, de modo que el cántico tiene importancia en la exposición de Pablo sobre las naciones.

    6. 33:16

      La referencia al que habitó en la zarza recuerda Éxodo 3. La bendición de Moisés relaciona los dones de la tierra con el Dios que lo comisionó antes de la salida de Egipto.

    Deuteronomio 31-33: Las últimas palabras

    Deuteronomio 31-33

    Santa Biblia Reina Valera 1909 · 111 versículos

    31:1Y FUÉ Moisés, y habló estas palabras á todo Israel,

    31:2Y díjoles: De edad de ciento y veinte años soy hoy día; no puedo más salir ni entrar: á más de esto Jehová me ha dicho: No pasarás este Jordán.

    31:3Jehová tu Dios, él pasa delante de ti; él destruirá estas gentes de delante de ti, y las heredarás: Josué será el que pasará delante de ti, como Jehová ha dicho.

    31:4Y hará Jehová con ellos como hizo con Sehón y con Og, reyes de los Amorrheos, y con su tierra, que los destruyó.

    31:5Y los entregará Jehová delante de vosotros, y haréis con ellos conforme á todo lo que os he mandado.

    31:6Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos: que Jehová tu Dios es el que va contigo: no te dejará ni te desamparará.

    31:7Y llamó Moisés á Josué, y díjole á vista de todo Israel: Esfuérzate y anímate; porque tú entrarás con este pueblo á la tierra que juró Jehová á sus padres que les había de dar, y tú se la harás heredar.

    31:8Y Jehová es el que va delante de ti; él será contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas, ni te intimides.

    31:9Y escribió Moisés esta ley, y dióla á los sacerdotes, hijos de Leví, que llevaban el arca del pacto de Jehová, y á todos los ancianos de Israel.

    31:10Y mandóles Moisés, diciendo: Al cabo del séptimo año, en el año de la remisión, en la fiesta de las Cabañas,

    31:11Cuando viniere todo Israel á presentarse delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere, leerás esta ley delante de todo Israel á oídos de ellos.

    31:12Harás congregar el pueblo, varones y mujeres y niños, y tus extranjeros que estuvieren en tus ciudades, para que oigan y aprendan, y teman á Jehová vuestro Dios, y cuiden de poner por obra todas las palabras de esta ley:

    31:13Y los hijos de ellos que no supieron oigan, y aprendan á temer á Jehová vuestro Dios todos los días que viviereis sobre la tierra, para ir á la cual pasáis el Jordán para poseerla.

    31:14Y Jehová dijo á Moisés: He aquí se han acercado tus días para que mueras: llama á Josué, y esperad en el tabernáculo del testimonio, y le mandaré. Fueron pues Moisés y Josué, y esperaron en el tabernáculo del testimonio.

    31:15Y aparecióse Jehová en el tabernáculo, en la columna de nube; y la columna de nube se puso sobre la puerta del tabernáculo.

    31:16Y Jehová dijo á Moisés: He aquí tú vas á dormir con tus padres, y este pueblo se levantará y fornicará tras los dioses ajenos de la tierra adonde va, [en estando] en medio de ella; y me dejará, é invalidará mi pacto que he concertado con él:

    31:17Y mi furor se encenderá contra él en aquel día; y los abandonaré, y esconderé de ellos mi rostro, y serán consumidos; y le hallarán muchos males y angustias, y dirá en aquel día: ¿No me han hallado estos males porque no está mi Dios en medio de mí?

    31:18Empero yo esconderé ciertamente mi rostro en aquel día, por todo el mal que ellos habrán hecho, por haberse vuelto á dioses ajenos.

    31:19Ahora pues, escribíos este cántico, y enséñalo á los hijos de Israel: ponlo en boca de ellos, para que este cántico me sea por testigo contra los hijos de Israel.

    31:20Porque yo le introduciré en la tierra que juré á sus padres, la cual fluye leche y miel; y comerá, y se hartará, y se engordará: y volveránse á dioses ajenos, y les servirán, y me enojarán, é invalidarán mi pacto.

    31:21Y será que cuando le vinieren muchos males y angustias, entonces responderá en su cara este cántico como testigo, pues no caerá en olvido de la boca de su linaje: porque yo conozco su ingenio, [y] lo que hace hoy antes que le introduzca en la tierra que juré.

    31:22Y Moisés escribió este cántico aquel día, y enseñólo á los hijos de Israel.

    31:23Y dió orden á Josué hijo de Nun, y dijo: Esfuérzate y anímate, que tú meterás los hijos de Israel en la tierra que les juré, y yo seré contigo.

    31:24Y como acabó Moisés de escribir las palabras de esta ley en un libro hasta concluirse,

    31:25Mandó Moisés á los Levitas que llevaban el arca del pacto de Jehová, diciendo:

    31:26Tomad este libro de la ley, y ponedlo al lado del arca del pacto de Jehová vuestro Dios, y esté allí por testigo contra ti.

    31:27Porque yo conozco tu rebelión, y tu cerviz dura: he aquí que aun viviendo yo hoy con vosotros, sois rebeldes á Jehová; y ¿cuánto más después que yo fuere muerto?

    31:28Congregad á mí todos los ancianos de vuestras tribus, y á vuestros oficiales, y hablaré en sus oídos estas palabras, y llamaré por testigos contra ellos los cielos y la tierra.

    31:29Porque yo sé que después de mi muerte, ciertamente os corromperéis y os aparteréis del camino que os he mandado; y que os ha de venir mal en los postreros días, por haber hecho mal en ojos de Jehová, enojándole con la obra de vuestras manos.

    31:30Entonces habló Moisés en oídos de toda la congregación de Israel las palabras de este cántico hasta acabarlo.

    32:1ESCUCHAD, cielos, y hablaré; y oiga la tierra los dichos de mi boca.

    32:2Goteará como la lluvia mi doctrina; destilará como el rocío mi razonamiento; como la llovizna sobre la grama, y como las gotas sobre la hierba:

    32:3Porque el nombre de Jehová invocaré: engrandeced á nuestro Dios.

    32:4[El es] la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud: Dios de verdad, y ninguna iniquidad en él: es justo y recto.

    32:5La corrupción no [es] suya: á sus hijos la mancha de ellos, generación torcida y perversa.

    32:6¿Así pagáis á Jehová, pueblo loco é ignorante? ¿no es él tu padre que te poseyó? él te hizo y te ha organizado.

    32:7Acuérdate de los tiempos antiguos; considerad los años de generación y generación: pregunta á tu padre, que él te declarará; á tus viejos, y ellos te dirán.

    32:8Cuando el Altísimo hizo heredar á las gentes, cuando hizo dividir los hijos de los hombres, estableció los términos de los pueblos según el número de los hijos de Israel.

    32:9Porque la parte de Jehová es su pueblo; Jacob la cuerda de su heredad.

    32:10Hallólo en tierra de desierto, y en desierto horrible y yermo; trájolo alrededor, instruyólo, guardólo como la niña de su ojo.

    32:11Como el águila despierta su nidada, revolotea sobre sus pollos, extiende sus alas, los toma, los lleva sobre sus plumas:

    32:12Jehová solo le guió, que no hubo con él dios ajeno.

    32:13Hízolo subir sobre las alturas de la tierra, y comió los frutos del campo, é hizo que chupase miel de la peña, y aceite del duro pedernal;

    32:14Manteca de vacas y leche de ovejas, con grosura de corderos, y carneros de Basán; también machos de cabrío, con grosura de riñones de trigo: y sangre de uva bebiste, vino puro.

    32:15Y engrosó Jeshurun, y tiró coces: engordástete, engrosástete, cubrístete: y dejó al Dios que le hizo, y menospreció la Roca de su salud.

    32:16Despertáronle á celos con los [dioses] ajenos; ensañáronle con abominaciones.

    32:17Sacrificaron á los diablos, no á Dios; á dioses que no habían conocido, á nuevos [dioses] venidos de cerca, que no habían temido vuestros padres.

    32:18De la Roca que te crió te olvidaste: te has olvidado del Dios tu criador.

    32:19Y vió[lo] Jehová, y encendióse en ira, por el menosprecio de sus hijos y de sus hijas.

    32:20Y dijo: Esconderé de ellos mi rostro, veré cuál será su postrimería: que son generación de perversidades, hijos sin fe.

    32:21Ellos me movieron á celos con lo que no es Dios; hiciéronme ensañar con sus vanidades: yo también los moveré á celos con [un pueblo que] no [es] pueblo, con gente insensata los haré ensañar.

    32:22Porque fuego se encenderá en mi furor, y arderá hasta el profundo; y devorará la tierra y sus frutos, y abrasará los fundamentos de los montes.

    32:23Yo allegaré males sobre ellos; emplearé en ellos mis saetas.

    32:24Consumidos [serán] de hambre, y comidos de fiebre ardiente y de amarga pestilencia; diente de bestias enviaré también sobre ellos, con veneno de serpiente de la tierra.

    32:25De fuera desolará la espada, y dentro de las cámaras el espanto; así al mancebo como á la doncella, al que mama como el hombre cano.

    32:26Dije: Echaríalos yo del mundo, haría cesar de entre los hombres la memoria de ellos,

    32:27Si no temiese la ira del enemigo, no sea que se envanezcan sus adversarios, no sea que digan: Nuestra mano alta ha hecho todo esto, no Jehová.

    32:28Porque son gente de perdidos consejos, y no hay en ellos entendimiento.

    32:29¡Ojalá fueran sabios, que comprendieran esto, y entendieran su postrimería!

    32:30¿Cómo podría perseguir uno á mil, y dos harían huir á diez mil, si su Roca no los hubiese vendido, y Jehová no los hubiera entregado?

    32:31Que la roca de ellos no es como nuestra Roca: y nuestros enemigos [sean de ello] jueces.

    32:32Porque de la vid de Sodoma es la vid de ellos, y de los sarmientos de Gomorra: las uvas de ellos son uvas ponzoñosas, racimos muy amargos tienen.

    32:33Veneno de dragones es su vino, y ponzoña cruel de áspides.

    32:34¿No tengo yo esto guardado, sellado en mis tesoros?

    32:35Mía es la venganza y el pago, al tiempo que su pie vacilará; porque el día de su aflicción está cercano, y lo que les está preparado se apresura.

    32:36Porque Jehová juzgará á su pueblo, y por amor de sus siervos se arrepentirá, cuando viere que la fuerza pereció, y que no hay guardado, mas desamparado.

    32:37Y dirá: ¿Dónde están sus dioses, la roca en que se guarecían;

    32:38Que comían el sebo de sus sacrificios, bebían el vino de sus libaciones? Levántense, que os ayuden y os defiendan.

    32:39Ved ahora que yo, yo soy, y no hay dioses conmigo: yo hago morir, y yo hago vivir: yo hiero, y yo curo: y no hay quien pueda librar de mi mano.

    32:40Cuando yo alzaré á los cielos mi mano, y diré: Vivo yo para siempre,

    32:41Si afilare mi reluciente espada, y mi mano arrebatare el juicio, yo volveré la venganza á mis enemigos, y daré el pago á los que me aborrecen.

    32:42Embriagaré de sangre mis saetas, y mi espada devorará carne: en la sangre de los muertos y de los cautivos de las cabezas, con venganzas de enemigo.

    32:43Alabad, gentes, á su pueblo, porque él vengará la sangre de sus siervos, y volverá la venganza á sus enemigos, y expiará su tierra, á su pueblo.

    32:44Y vino Moisés, y recitó todas las palabras de este cántico á oídos del pueblo, él, y Josué hijo de Nun.

    32:45Y acabó Moisés de recitar todas estas palabras á todo Israel;

    32:46Y díjoles: Poned vuestro corazón á todas las palabras que yo os protesto hoy, para que las mandéis á vuestros hijos, y cuiden de poner por obra todas las palabras de esta ley.

    32:47Porque no os es cosa vana, mas es vuestra vida: y por ellas haréis prolongar los días sobre la tierra, para poseer la cual pasáis el Jordán.

    32:48Y habló Jehová á Moisés aquel mismo día, diciendo:

    32:49Sube á este monte de Abarim, al monte Nebo, que está en la tierra de Moab, que está en derecho de Jericó, y mira la tierra de Canaán, que yo doy por heredad á los hijos de Israel;

    32:50Y muere en el monte al cual subes, y sé reunido á tus pueblos; al modo que murió Aarón tu hermano en el monte de Hor, y fué reunido á sus pueblos:

    32:51Por cuanto prevaricasteis contra mí en medio de los hijos de Israel en las aguas de la rencilla de Cades, en el desierto de Zin; porque no me santificasteis en medio de los hijos de Israel.

    32:52Verás por tanto delante de ti la tierra; mas no entrarás allá, á la tierra que doy á los hijos de Israel.

    33:1Y ESTA es la bendición con la cual bendijo Moisés varón de Dios á los hijos de Israel, antes que muriese.

    33:2Y dijo: Jehová vino de Sinaí, y de Seir les esclareció; resplandeció del monte de Parán, y vino con diez mil santos: á su diestra la ley de fuego para ellos.

    33:3Aun amó los pueblos; todos sus santos en tu mano: ellos también se llegaron á tus pies: recibieron de tus dichos.

    33:4Ley nos mandó Moisés, heredad á la congregación de Jacob.

    33:5Y fué rey en Jeshurun, cuando se congregaron las cabezas del pueblo con las tribus de Israel.

    33:6Viva Rubén, y no muera; y sean sus varones en número.

    33:7Y esta [bendición] para Judá. Dijo así: Oye, oh Jehová, la voz de Judá, y llévalo á su pueblo; sus manos le basten, y tú seas ayuda contra sus enemigos.

    33:8Y á Leví dijo: Tu Thummim y tu Urim, con tu buen varón, al cual tentaste en Massa, y le hiciste reñir en las aguas de la rencilla;

    33:9El que dijo á su padre y á su madre: Nunca los vi: ni conoció á sus hermanos, ni conoció á sus hijos: por lo cual ellos guardarán tus palabras, y observarán tu pacto.

    33:10Ellos enseñarán tus juicios á Jacob, y tu ley á Israel; pondrán el perfume delante de ti, y el holocausto sobre tu altar.

    33:11Bendice, oh Jehová, lo que hicieren, y recibe con agrado la obra de sus manos: hiere los lomos de sus enemigos, y de los que le aborrecieren; para que nunca se levanten.

    33:12Y á Benjamín dijo: El amado de Jehová habitará confiado cerca de él; cubrirálo siempre, y entre sus hombros morará.

    33:13Y á José dijo: Bendita de Jehová su tierra, por los regalos de los cielos, por el rocío, y por el abismo que abajo yace,

    33:14Y por los regalados frutos del sol, y por los regalos de las influencias de las lunas,

    33:15Y por la cumbre de los montes antiguos, y por los regalos de los collados eternos,

    33:16Y por los regalos de la tierra y su plenitud; y la gracia del que habitó en la zarza venga sobre la cabeza de José, y sobre la mollera del apartado de sus hermanos.

    33:17El es aventajado como el primogénito de su toro, y sus cuernos, cuernos de unicornio: con ellos acorneará los pueblos juntos [hasta] los fines de la tierra: y estos son los diez millares de Ephraim, y estos los millares de Manasés.

    33:18Y á Zabulón dijo: Alégrate, Zabulón, cuando salieres: y [tú], Issachâr, en tus tiendas.

    33:19Llamarán los pueblos al monte; allí sacrificarán sacrificios de justicia: por lo cual chuparán la abundancia de los mares, y los tesoros escondidos de la arena.

    33:20Y á Gad dijo: Bendito el que hizo ensanchar á Gad: como león habitará, y arrebatará brazo y testa.

    33:21Y él se ha provisto de la parte primera, porque allí una porción del legislador fuéle reservada, y vino en la delantera del pueblo; la justicia de Jehová ejecutará, y sus juicios con Israel.

    33:22Y á Dan dijo: Dan, cachorro de león: saltará desde Basán.

    33:23Y á Nephtalí dijo: Nephtalí, saciado de benevolencia, y lleno de la bendición de Jehová, posee el occidente y el mediodía.

    33:24Y á Aser dijo: Bendito Aser en hijos: agradable será á sus hermanos, y mojará en aceite su pie.

    33:25Hierro y metal tu calzado, y como tus días tu fortaleza.

    33:26No hay como el Dios de Jeshurun, montado sobre los cielos para tu ayuda, y sobre las nubes con su grandeza.

    33:27El eterno Dios es [tu] refugio, y acá abajo los brazos eternos; él echará de delante de ti al enemigo, y dirá: Destruye.

    33:28E Israel, fuente de Jacob, habitará confiado solo en tierra de grano y de vino: también sus cielos destilarán rocío.

    33:29Bienaventurado tú, oh Israel, ¿quién como tú, pueblo salvo por Jehová, escudo de tu socorro, y espada de tu excelencia? Así que tus enemigos serán humillados, y tú hollarás sobre sus alturas.

  22. 22

    Deuteronomio 34

    Nebo

    Sube desde los llanos de Moab a la cumbre del Pisga, y el SEÑOR le muestra toda la tierra: Galaad hasta Dan, Neftalí, Efraín y Manasés, Judá hasta el mar occidental, el Neguev, y la llanura de Jericó. Esta es la tierra que juré; te la he hecho ver, pero no pasarás allá. Muere allí, el SEÑOR lo sepulta, e Israel llora treinta días.

    Los ojos de Moisés no están apagados. La precisión impide reducir su muerte al resultado previsible de un cuerpo que ya no puede continuar. A los 120 años conserva la vista y el vigor; el límite es el que Dios ha pronunciado. Se le muestra la tierra prometida a Abraham, Isaac y Jacob, y el permiso de verla queda claramente separado del permiso de cruzar. Nada en la última vista retira el juicio de Meriba. Nada en ese juicio elimina el título que recibe al morir: siervo del SEÑOR.

    La sepultura no se parece a los funerales públicos que podrían esperarse para el hombre cuyas acciones han llenado estos libros. Es sepultado en Moab, y nadie conoce la tumba. El pasaje no identifica un monumento, no establece una peregrinación ni explica por qué Dios mantiene desconocido el lugar. Registra treinta días de duelo y después reconoce la preparación de Josué y la obediencia del pueblo. La obra continúa sin tratar a Moisés como alguien intercambiable. Un sucesor puede quedar plenamente comisionado mientras su predecesor sigue sin igual en la relación particular que describen los versículos finales.

    La distinción final está formulada desde el lado de Dios: a quien el SEÑOR conoció cara a cara. No es simplemente un epitafio que anuncia cuánto sabía Moisés acerca de Dios. Es un hombre conocido, llamado, enviado, corregido y encargado de realizar señales ante Egipto y todo Israel. Su falta no se borra, y su servicio tampoco se reduce a esa falta. El Libro de Deuteronomio cierra con obras poderosas presenciadas por un pueblo, pero la medida más profunda del hombre es una relación que ninguna multitud podía otorgar. El siervo muere fuera de la tierra. No muere sin que Dios lo reconozca.

    Versículo por versículo

    1. 34:4

      La tierra se identifica mediante el juramento a Abraham, Isaac y Jacob. La última vista corresponde a una promesa anterior a Moisés, no a un territorio prometido por primera vez a él personalmente.

    2. 34:6

      El sujeto no nombrado de lo sepultó se entiende tradicionalmente como el SEÑOR. Judas 9 menciona una disputa por el cuerpo de Moisés, pero no revela la tumba ni ofrece una explicación completa de la sepultura.

    3. 34:7

      Hechos 7 señala cuarenta años antes de la primera intervención de Moisés y otros cuarenta antes de la zarza. Éxodo 7:7 le da ochenta años ante el faraón; Deuteronomio registra la edad final de 120.

    4. 34:9

      La comisión de Josué se relaciona expresamente con la imposición de manos de Moisés descrita en Números 27:18-23. El reconocimiento de Josué no anula la distinción que a continuación se concede a Moisés.

    5. 34:10

      Cara a cara recuerda la comunicación directa de Éxodo 33:11 y Números 12:8. Hechos 3:22 cita Deuteronomio 18:15 acerca de un profeta como Moisés, extendiendo la importancia canónica de su cargo más allá de la sucesión de Josué.

    Deuteronomio 34

    Santa Biblia Reina Valera 1909 · 12 versículos

    34:1Y SUBIÓ Moisés de los campos de Moab al monte de Nebo, á la cumbre de Pisga, que está enfrente de Jericó: y mostróle Jehová toda la tierra de Galaad hasta Dan,

    34:2Y á todo Nephtalí, y la tierra de Ephraim y de Manasés, toda la tierra de Judá hasta la mar postrera;

    34:3Y la parte meridional, y la campiña, la vega de Jericó, ciudad de las palmas, hasta Soar.

    34:4Y díjole Jehová: Esta es la tierra de que juré á Abraham, á Isaac, y á Jacob, diciendo: A tu simiente la daré. Hétela hecho ver con tus ojos, mas no pasarás allá.

    34:5Y murió allí Moisés siervo de Jehová, en la tierra de Moab, conforme al dicho de Jehová.

    34:6Y enterrólo en el valle, en tierra de Moab, enfrente de Bethpeor; y ninguno sabe su sepulcro hasta hoy.

    34:7Y era Moisés de edad de ciento y veinte años cuando murió: sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor.

    34:8Y lloraron los hijos de Israel á Moisés en los campos de Moab treinta días: y así se cumplieron los días del lloro del luto de Moisés.

    34:9Y Josué hijo de Nun fué lleno de espíritu de sabiduría, porque Moisés había puesto sus manos sobre él: y los hijos de Israel le obedecieron, é hicieron como Jehová mandó á Moisés.

    34:10Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, á quien haya conocido Jehová cara á cara;

    34:11En todas las señales y prodigios que le envió Jehová á hacer en tierra de Egipto á Faraón, y á todos sus siervos, y á toda su tierra;

    34:12Y en toda aquella mano esforzada, y en todo el espanto grande que causó Moisés á ojos de todo Israel.

    Deuteronomio 34: Nebo

Las personas, los lugares y el resto de las Escrituras.

Leer de cerca a Moisés

Las personas con las que trató

Dios es la persona con quien Moisés más trata, y el texto lo dice de un modo que no dice de nadie más: hablaba el SEÑOR a Moisés cara a cara, como habla un hombre con su amigo. Sus conversaciones son discusión tanto como mandato. Moisés objeta en la zarza, se queja en Éxodo 5, se niega a seguir sin la presencia de Dios en Éxodo 33, pide ver su gloria, ruega por el pueblo ante el becerro y en Cades, y pide que lo dejen cruzar el Jordán y se le dice que no hable más de ello. Dios lo llama mi siervo, fiel en toda mi casa.

Aarón es su boca, tres años mayor, el que hace el becerro y no es castigado por ello, y el sacerdote cuyas vestiduras Moisés le quita en Hor. Miriam vigila la arquilla, dirige el cántico, y se vuelve contra él por su mujer; él ora por ella. Séfora le salva la vida con un pedernal y luego desaparece de la historia salvo por una visita. Jetro lo acoge, le da esposa, y le da la forma de los tribunales de Israel. Faraón es el enemigo que no quiere oír, y a quien Moisés, criado en su casa, se dirige como a un igual.

Josué es el ayudante que no sale de la tienda, y el hombre sobre quien Moisés pone las manos. Caleb, Hur, Bezaleel, Eleazar y Finees le sirven. Coré, Datán y Abiram, y los diez espías, y toda la congregación una y otra vez, se le resisten. El texto lo llama el hombre más manso de la tierra en el capítulo donde sus propios hermanos lo atacan.

Éxodo 1
Éxodo 1

Intercesor

Lo que Moisés más hace, después de guiar, es orar por gente que acaba de intentar reemplazarlo. Ante el becerro se ofrece a ser borrado del libro de Dios. En Cades argumenta desde la reputación de Dios entre los egipcios y desde las propias palabras de Dios sobre sí mismo. Tras Coré, él y Aarón caen sobre sus rostros y Aarón corre con el incensario. Cuando muerden las serpientes, el pueblo le pide que ore, y lo hace. El Salmo 106 lo recuerda: los habría destruido, de no haberse interpuesto Moisés su escogido delante de él en la brecha, para apartar su indignación. Jeremías oye decir a Dios que aunque Moisés y Samuel se pusieran delante de él, no cedería, lo más alto dicho de cualquier intercesor del Antiguo Testamento. Hebreos lo pone junto a Cristo como el siervo junto al Hijo.

Éxodo 1

Meriba, y la tumba que nadie conoce

La razón por la que Moisés no entra en la tierra se da en una frase: por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel. Golpeó lo que se le dijo que hablara, y dijo os hemos de hacer salir agua, como si él y Aarón fueran la fuente. Deuteronomio añade que el SEÑOR se enojó contra él por causa del pueblo, y Moisés se lo dice tres veces. Pide una vez que lo dejen pasar y es rechazado; el Salmo 106 dice que hicieron rebelar su espíritu, y habló precipitadamente con sus labios.

Su muerte es la más suave del Pentateuco. Sube a un monte, lo ve todo, muere por boca del SEÑOR, como dice el hebreo, y Dios lo sepulta. Judas dice que el arcángel Miguel disputó con el diablo por su cuerpo. En el monte de la transfiguración está por fin dentro de la tierra, hablando con Jesús de la partida que iba a cumplir en Jerusalén.

Éxodo 1

Lo que vino antes y lo que siguió

Detrás de Moisés están los cuatrocientos años que Dios anunció a Abraham y los hijos de Israel multiplicándose en Gosén bajo un rey que no conocía a José. Los huesos de José viajan con él fuera de Egipto, de modo que la historia de Génesis es llevada literalmente a través de Éxodo. Delante de él está todo: la conquista de Josué, los jueces, los reyes, los profetas que llaman a Israel de vuelta a su ley, el exilio que Deuteronomio 28 anunció, y el retorno bajo Esdras, que lee su libro en voz alta. Cada fiesta que Israel guarda, Pascua, Semanas y Tabernáculos, es una que él instituyó, y el mandamiento del sábado descansa en sus tablas.

La promesa de un profeta como Moisés en Deuteronomio 18 pende sobre todo el Antiguo Testamento y se responde, dice Pedro en Hechos 3, en Jesús. Los evangelios moldean la historia de Jesús sobre la suya: un rey que mata infantes, una huida a Egipto y de vuelta, cuarenta días en el desierto, un sermón en un monte, pan en el desierto, una transfiguración con rostro resplandeciente, y una Pascua la noche en que es entregado.

Éxodo 2
Éxodo 2

Donde el resto de las Escrituras vuelve a él

Josué abre con Moisés mi siervo ha muerto, y cada libro después se refiere a la ley de Moisés como norma. El Salmo 90 es oración de Moisés, varón de Dios. El Salmo 103 dice que sus caminos notificó a Moisés. Isaías 63 pregunta dónde está el que los hizo subir del mar con el pastor de su rebaño. Las últimas palabras de Malaquías son: acordaos de la ley de Moisés mi siervo.

En el Nuevo Testamento Jesús cita a Moisés sobre el divorcio, sobre honrar a los padres, sobre la resurrección en la zarza, y sobre sí mismo: si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. El discurso de Esteban en Hechos 7 recuenta toda su vida en veinticinco versículos. Pablo dice que los hijos de Israel fueron bautizados en Moisés en la nube y en el mar, y que el velo en su rostro es el velo en los corazones de quienes leen el antiguo pacto sin Cristo. Hebreos 11 le da cuatro versículos de fe: escondido por sus padres, rehusando la casa de Faraón, celebrando la Pascua, pasando el mar. Apocalipsis 15 tiene a los redimidos cantando el cántico de Moisés siervo de Dios y el cántico del Cordero.

Éxodo 3
Éxodo 3

Por qué importa

Moisés es el hombre por quien Dios hizo un pueblo. A Abraham se le dio una promesa; a Moisés se le da una nación, una ley y una casa donde Dios habite. La Pascua, el cruce del mar, los Diez Mandamientos, el pacto en el Sinaí, el tabernáculo, el sacerdocio y el calendario de fiestas vienen todos por él, y los primeros cinco libros de la Biblia llevan su nombre. Deuteronomio cierra diciendo que nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien el SEÑOR conoció cara a cara, y el resto del Antiguo Testamento mide a cada profeta contra él. Es el intercesor de Israel, de pie entre la ira de Dios y el pueblo ante el becerro, en Cades y en la rebelión de Coré, y ofreciendo su propio lugar en el libro de la vida por el de ellos.

Se le nombra en el Nuevo Testamento más que a cualquier otra figura del Antiguo. Jesús dice que Moisés escribió de mí, aparece con él y Elías en el monte de la transfiguración, y levanta la serpiente en el desierto como imagen de su propia cruz. La ley por medio de Moisés fue dada, dice Juan, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. Hebreos lo llama fiel en toda su casa como siervo, y a Cristo fiel como hijo sobre ella, y cuenta su elección de ser maltratado con el pueblo de Dios antes que gozar de los deleites de Egipto como acto de fe. La promesa de Deuteronomio de que Dios levantaría un profeta como Moisés es el texto que los apóstoles aplican a Jesús, y los santos en Apocalipsis cantan el cántico de Moisés y del Cordero.

34 canciones

La música

Todas las canciones del catálogo cuyo pasaje cae dentro de estos capítulos.

  1. Éxodo 1:1-2:10

    Sacado de las Aguas

  2. Éxodo 2:11-4:17

    Fuego que No se Consumía

  3. Éxodo 4:18-6:30

    Ladrillos sin Paja

  4. Éxodo 7:1-8:19

    El Dedo de Dios

  5. Éxodo 8:20-10:29

    Distinción en Gosén

  6. Éxodo 11:1-12:36

    Sangre en la Puerta

  7. Éxodo 12:37-15:21

    El Mar se Levantó

  8. Éxodo 15:22-17:16

    Pan del Cielo, Agua de la Roca

  9. Éxodo 18:1-20:26

    El Monte Tembló

  10. Éxodo 21:1-24:18

    Sangre del Pacto

  11. Éxodo 25:1-31:18

    Hazme un Santuario

  12. Éxodo 32:1-40:38

    La Gloria Llenó la Morada

  13. Números 1:1-4:49

    Alrededor del Centro Santo

  14. Números 5:1-8:26

    El Nombre Sobre el Pueblo

  15. Números 9:1-10:36

    Cuando la Nube se Levantó

  16. Números 11:1-12:16

    ¿Se Ha Acortado la Mano del SEÑOR?

  17. Números 13:1-14:45

    Éramos Como Langostas

  18. Números 15:1-17:13

    Entre los Muertos y los Vivos

  19. Números 18:1-20:29

    Habla a la Roca

  20. Números 21:1-35

    Mira y Vive

  21. Números 22:1-24:25

    Una Estrella de Jacob

  22. Números 25:1-27:23

    Un Pastor para la Congregación

  23. Números 28:1-32:42

    El Voto Debe Cumplirse

  24. Números 33:1-36:13

    Cada Jornada Recordada

  25. Deuteronomio 1:1-46

    No Quisieron Subir

  26. Deuteronomio 2:1-3:29

    Vuelvan Hacia el Norte

  27. Deuteronomio 4:1-49

    Recuerden Horeb

  28. Deuteronomio 5:1-6:25

    Oye, Israel

  29. Deuteronomio 7:1-11:32

    No por Tu Propia Fuerza

  30. Deuteronomio 12:1-16:22

    Alégrense en el Lugar Escogido

  31. Deuteronomio 17:1-26:19

    Justicia en las Puertas

  32. Deuteronomio 27:1-30:20

    Escoge la Vida

  33. Deuteronomio 31:1-32:52

    Que Oigan el Cielo y la Tierra

  34. Deuteronomio 33:1-34:12

    Ningún Profeta Como Moisés

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