18:13Y aconteció que otro día se sentó Moisés á juzgar al pueblo; y el pueblo estuvo delante de Moisés desde la mañana hasta la tarde.
18:14Y viendo el suegro de Moisés todo lo que él hacía con el pueblo, dijo: ¿Qué es esto que haces tú con el pueblo? ¿por qué te sientas tú solo, y todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la tarde?
18:15Y Moisés respondió á su suegro: Porque el pueblo viene á mí para consultar á Dios:
18:16Cuando tienen negocios, vienen á mí; y yo juzgo entre el uno y el otro, y declaro las ordenanzas de Dios y sus leyes.
18:17Entonces el suegro de Moisés le dijo: No haces bien:
18:18Desfallecerás del todo, tú, y también este pueblo que está contigo; porque el negocio es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo.
18:19Oye ahora mi voz, yo te aconsejaré, y Dios será contigo. Está tú por el pueblo delante de Dios, y somete tú los negocios á Dios.
18:20Y enseña á ellos las ordenanzas y las leyes, y muéstrales el camino por donde anden, y lo que han de hacer.
18:21Además inquiere tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y constituirás á éstos sobre ellos caporales sobre mil, sobre ciento, sobre cincuenta y sobre diez.
18:22Los cuales juzgarán al pueblo en todo tiempo; y será que todo negocio grave lo traerán á ti, y ellos juzgarán todo negocio pequeño: alivia así [la carga] de sobre ti, y llevarla han ellos contigo.
18:23Si esto hicieres, y Dios te lo mandare, tú podrás persistir, y todo este pueblo se irá también en paz á su lugar.
18:24Y oyó Moisés la voz de su suegro, é hizo todo lo que dijo.
18:25Y escogió Moisés varones de virtud de todo Israel, y púsolos por cabezas sobre el pueblo, caporales sobre mil, sobre ciento, sobre cincuenta, y sobre diez;
18:26Y juzgaban al pueblo en todo tiempo: el negocio arduo traíanlo á Moisés, y ellos juzgaban todo negocio pequeño.
18:27Y despidió Moisés á su suegro, y fuése á su tierra.
Siete hijas regresan temprano, y su padre lo nota. Un hombre las ha librado de los pastores y ha dado agua al rebaño, pero de algún modo el auxiliador se ha quedado en el pozo. La respuesta de Reuel tiene la rapidez de quien corrige un descuido bastante evidente. Por lo menos debieron invitarlo a comer. La hospitalidad comienza aquí, no con una gran declaración, sino con un invitado que falta a la mesa.
Las hijas llaman egipcio a Moisés. El Libro de Éxodo acaba de mostrarlo reconociendo como hermanos a los hebreos oprimidos, de modo que la descripción revela la distancia entre su identidad y la impresión que produce. El padre no exige resolver esa distancia antes de abrirle su casa. El fugitivo pasa a ser residente, después esposo y padre.
Aun así, el nombre Gersón mantiene el exilio dentro del nuevo hogar. Moisés puede aceptar vivir con aquel hombre y seguir llamándose extranjero en tierra ajena. La acogida es verdadera. No exige que el pasado desaparezca.