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Números 18:1-20:29

Habla a la Roca

Letras · Números

Habla a la Roca

Números 18:1-20:29

Letras

Acerca de esta canción

Acerca de esta canción

Esta canción pertenece a la colección de Números. Hay una grabación disponible para escuchar aquí, con la letra completa más abajo.

Libro bíblico
Números
Colección
Números
Estilos musicales
Música del mundo
[Verso 1] Sacerdotes y levitas vivían de ofrenda y don, Diezmos fueron su porción, y un diezmo volvió a Aarón. Una vaca roja ardió con cedro, hisopo y carmesí, Ceniza con agua viva limpió contacto con morir. [Pre-Coro] Luego Miriam murió en Cades, Y la sed rodeó a Moisés otra vez. [Coro] Habla a la roca ante el pueblo, Que el agua muestre la santidad de Dios. Pero la ira la golpeó dos veces, Y los líderes perdieron la tierra que anhelaron cruzar. [Verso 2] El pueblo gritó, Moisés cayó delante del lugar, La gloria dio instrucción, mas frustración cambió el obrar. Agua vino abundante para hombre y animal, Pero Meriba recordó que Dios no fue santificado allí. [Puente] Edom cerró la vía con ejército y poder, Luego Aarón subió al monte porque debía fallecer. Moisés puso sus vestidos sobre Eleazar delante, Y el campo lloró treinta días cuando Aarón ya no bajó. [Coro Final] Habla a la roca ante el pueblo, Que el agua muestre la santidad de Dios. El río fluyó aun por fracaso humano, Mas Moisés y Aarón no cruzarían la nación. [Outro] El agua corrió, Y el monte guardó una tumba.

Nombrados en esta canciónAarónMiriamMoisés

Sobre el pasaje

Números 18: Los dones del santuario vienen con un encargo que cumplir

Números 18 responde al temor del final del capítulo anterior definiendo quién guarda el santuario, quién sirve dónde, y cómo se sostiene a esos servidores. Aarón y sus hijos no reciben un sacerdocio confirmado como privilegio irrestricto. Llevan responsabilidad por el santuario y el altar, mientras que los levitas asisten bajo límites que los protegen a ellos y a la congregación de otro estallido de ira. El capítulo se vuelve entonces sorprendentemente práctico. Las casas sacerdotales reciben porciones cuidadosamente distinguidas de ofrendas, primicias y dones de primogénitos; los primogénitos humanos y los animales inmundos se redimen en vez de sacrificarse. Los levitas reciben los diezmos de Israel porque no comparten la heredad territorial tribal ordinaria, pero incluso quienes reciben un diezmo deben dar el mejor décimo de él a Jehová mediante Aarón. El servicio, el sostén, la santidad y la responsabilidad se mantienen juntos. El santuario puede permanecer en el centro de Israel porque el acceso está ordenado, y las personas nombradas para guardar ese orden están ellas mismas atadas a él.

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Números 19: Un camino de regreso desde la impureza de la muerte

Números 19 pasa de la custodia del santuario a la impureza creada por la muerte. Una vaca bermeja se prepara fuera del campamento, pero su sangre se rocía hacia el tabernáculo, y mantiene todo el rito orientado hacia el lugar santo cuya pureza está en juego. Sus cenizas se almacenan para uso futuro, y crean un remedio que puede estar listo cuando la muerte entre en una tienda o se encuentre en el campo. La inversión más llamativa del capítulo es que quienes preparan y manejan el medio de purificación quedan ellos mismos temporalmente inmundos. La impureza ritual no es por tanto otra palabra para la culpa moral. El contacto con un cadáver dura siete días y requiere purificación en el tercer y el séptimo día; el tiempo solo no basta. El agua corriente, las cenizas, el hisopo, el lavado y un ayudante limpio devuelven a la persona inmunda, mientras que rehusar usar los medios provistos tiene consecuencias para el santuario. El Libro de Números trata la mortalidad como una condición que se extiende por la vida ordinaria, pero provee también una ruta señalada de regreso.

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Números 20: El agua fluye, pero los dirigentes no cruzarán

Números 20 está enmarcado por las muertes de Miriam y de Aarón, y entre esas pérdidas Moisés aprende que él tampoco conducirá a Israel a la tierra. El capítulo comienza con sed real y una acusación pública familiar. En Meriba, Moisés toma la vara como se le mandó pero golpea la peña en vez de hablarle, y Jehová identifica el fallo más hondo como incredulidad y falta de santificarlo delante del pueblo. El agua viene sin embargo en abundancia para el pueblo y para el ganado. La provisión no es una absolución. La ruta se cierra entonces de nuevo cuando Edom, tratado como hermano de Israel, rehúsa el paso pacífico y aparece en fuerza, lo cual hace que Israel se aparte en vez de pelear. En el monte Hor, las consecuencias de Meriba se hacen visibles en la muerte de Aarón, pero el sacerdocio no muere con él. Sus vestiduras pasan a Eleazar antes de que muera. El Libro de Números pone la pérdida junto a la continuidad: los líderes son quitados, los caminos se bloquean, y sin embargo se da agua, la congregación sigue adelante, y el servicio sacerdotal continúa.

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