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Portada de Cercano Está el Gran Día

Sofonías 1:14-18

Cercano Está el Gran Día

Letras · Sofonías

Cercano Está el Gran Día

Sofonías 1:14-18

Letras

Acerca de esta canción

Acerca de esta canción

Esta canción pertenece a la colección de Sofonías. Hay una grabación disponible para escuchar aquí, con la letra completa más abajo.

Libro bíblico
Sofonías
Colección
Sofonías
Estilos musicales
Electrónica
[Alarma] Cercano está el gran día del SEÑOR, cercano, apresurado, amargo en su clamor. El valiente grita sin poder resistir, la trompeta despierta a la ciudad para huir. [Letanía] Día de ira, día de angustia, día de ruina, día de tiniebla. Nube y oscuridad, trompeta sobre el muro, los hombres andan ciegos por pecar contra el Puro. [Coro] Cercano está el gran día, no compra la plata ni rescata el oro. La tierra siente el fuego de celos santos, y el orgullo pierde su tesoro. Cercano está el gran día, la alarma no es canción para el temor; es misericordia antes del límite, una voz que todavía llama al pecador. [Verso] La sangre se derrama como polvo, la carne como estiércol en la vía. El juicio hace consumación terrible, y no deja al hombre gobernar el día. [Puente] No duermas junto a la muralla, no llames lento al mensajero. Cuando el amargo grito se aproxima, la humildad es refugio verdadero. [Coro Final] Cercano está el gran día, la trompeta atraviesa la ciudad. Cercano, amargo, justo y cierto, rompe la ilusión de impunidad. Cercano está el gran día; que el corazón se vuelva mientras hay claridad. [Coda] La alarma quedó suspendida, como metal en el amanecer.

Sobre el pasaje

Sofonías 1: El día que examina cada escondite

El Libro de Sofonías abre volviendo la crisis de Judá más grande que Judá y luego volviéndola dolorosamente específica. El lenguaje barre la creación antes de posarse sobre Jerusalén, donde la acusación incluye idolatría abierta, culto mezclado, apartamiento del SEÑOR, ganancia violenta y la convicción más callada de que Dios no actuará en absoluto. El día del SEÑOR trastorna la jerarquía habitual de la protección. Los hijos del rey, los mercaderes, los valientes, las ciudades fortificadas, las casas, las viñas, la plata y el oro siguen siendo reconocibles, pero ninguno puede fijar los términos de lo que viene. Jerusalén se pinta como una ciudad escudriñada con candiles, imagen que vuelve expuesta la complacencia en vez de oculta. La presión del capítulo viene de ese registro que se estrecha: la religión pública, las suposiciones privadas, la riqueza, la fuerza y los planes de futuro entran todos en la misma cuenta.

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