3:19Entonces Nabucodonosor fué lleno de ira, y demudóse la figura de su rostro sobre Sadrach, Mesach, y Abed-nego: [así] habló, y ordenó que el horno se encendiese siete veces tanto de lo que cada vez solía.
3:20Y mandó á hombres muy vigorosos que [tenía] en su ejército, que atasen á Sadrach, Mesach, y Abed-nego, para echarlos en el horno de fuego ardiendo.
3:21Entonces estos varones fueron atados con sus mantos, y sus calzas, y sus turbantes, y sus vestidos, y fueron echados dentro del horno de fuego ardiendo.
3:22Y porque la palabra del rey daba priesa, y había procurado que se encendiese mucho, la llama del fuego mató á aquellos que habían alzado á Sadrach, Mesach, y Abed-nego.
3:23Y estos tres varones, Sadrach, Mesach, y Abed-nego, cayeron atados dentro del horno de fuego ardiendo.
3:24Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y levantóse apriesa, y habló, y dijo á los de su consejo: ¿No echaron tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron y dijeron al rey: Es verdad, oh rey.
3:25Respondió él y dijo: He aquí que yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego, y ningún daño hay en ellos: y el parecer del cuarto es semejante á hijo de los dioses.
3:26Entonces Nabucodonosor se acercó á la puerta del horno de fuego ardiendo, y habló y dijo: Sadrach, Mesach, y Abed-nego, siervos del alto Dios, salid y venid. Entonces Sadrach, Mesach, y Abed-nego, salieron de en medio del fuego.
3:27Y juntáronse los grandes, los gobernadores, los capitanes, y los del consejo del rey, para mirar estos varones, como el fuego no se enseñoreó de sus cuerpos, ni cabello de sus cabezas fué quemado, ni sus ropas se mudaron, ni olor de fuego había pasado por ellos.
3:28Nabucodonosor habló y dijo: Bendito el Dios de ellos, de Sadrach, Mesach, y Abed-nego, que envió su ángel, y libró sus siervos que esperaron en él, y el mandamiento del rey mudaron, y entregaron sus cuerpos antes que sirviesen ni adorasen otro dios que su Dios.
3:29Por mí pues se pone decreto, que todo pueblo, nación, ó lengua, que dijere blasfemia contra el Dios de Sadrach, Mesach, y Abed-nego, sea descuartizado, y su casa sea puesta por muladar; por cuanto no hay dios que pueda librar como éste.
3:30Entonces el rey engrandeció á Sadrach, Mesach, y Abed-nego en la provincia de Babilonia.
El palacio puede asignar nombres nuevos. No puede atribuirse haber entregado la sabiduría. El versículo 7 adjudica el cambio de nombres al funcionario principal; el 17 atribuye a Dios el conocimiento y la capacidad. Son dos actos distintos de dar, y el Libro de Daniel mantiene separados sus orígenes. Ananías, Misael y Azarías ingresan al sistema real con nombres más adecuados para sus registros, pero ese sistema no recibe el crédito como fuente última de sus capacidades.
El texto no dice que los cuatro se nieguen a aprender la lengua o la literatura de Babilonia. No se distinguen por evitar por completo aquella formación. Cumplen el período establecido y responden a las preguntas del rey. La prueba anterior de diez días con los alimentos y este examen no son la misma ocasión: el versículo 5 indicó tres años de preparación. La escala cambia: primero un supervisor inspecciona sus rostros; después un rey examina su entendimiento.
En esa entrevista final, el libro vuelve a usar sus nombres hebreos. Las etiquetas administrativas no borraron las identidades presentadas al comienzo. Los cuatro reciben conocimiento, mientras que la comprensión de visiones y sueños se atribuye especialmente a Daniel. Los tres no son ayudantes intercambiables ni hombres a quienes el texto conceda todos los dones de Daniel. Comparecen ante el rey con una distinción compartida y diferencias que el pasaje se ocupa de conservar.