2 Timoteo 1
Aviva el fuego del don
Su última carta, desde una celda fría, a la persona en quien más confía. Recuerda la fe que habitó primero en Loida, la abuela de Timoteo, y en Eunice, su madre. No nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. Anota sin amargura que todos los de Asia lo han abandonado, y después da gracias por Onesíforo, que buscó por Roma hasta encontrarlo y no se avergonzó de sus cadenas.
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