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Portada de Pide Vasijas, No Pocas

2 Reyes 4:1-37

Pide Vasijas, No Pocas

Letras · 2 Reyes

Pide Vasijas, No Pocas

2 Reyes 4:1-37

Letras

Acerca de esta canción

Acerca de esta canción

Esta canción pertenece a la colección de 2 Reyes. Hay una grabación disponible para escuchar aquí, con la letra completa más abajo.

Libro bíblico
2 Reyes
Colección
2 Reyes
Estilos musicales
Acústico
[Verso 1] La palabra llegó con claridad y nadie pudo silenciarla. Eliseo vio de cerca la obediencia y su rival. La verdad alcanzó a Eliseo cuando el camino se estrechó. Fue mostrando lo que el corazón quería guardar. [Pre-Coro] El camino se estrechó delante de sus pies, Pero la verdad no retrocedió aquella vez. [Coro] Pide Vasijas, No Pocas, guarda cerca la promesa, Por el camino silencioso y la espera. Un corazón fiel caminó sin buscar honor, Y la misericordia escribió el porvenir. [Verso 2] La voz llamó, y la respuesta cambió el rumbo. Con fe como testigo de lo que iba a suceder. Una oración subió delante de Dios, y el corazón quedó expuesto. Cada acto recibió su peso y su dirección. [Puente] La verdad alcanzó a Eliseo cuando el camino se estrechó. Eliseo vio la línea que nadie debía cruzar. Lo que estaba quebrado volvió a levantarse delante del pueblo. Y el final dejó memoria para toda la ciudad. [Coro Final] Pide Vasijas, No Pocas, guarda cerca la promesa, Por el camino silencioso y la espera. Un corazón fiel caminó sin buscar honor, Y la misericordia escribió el porvenir. [Outro] Pasaron los años, la promesa permaneció. La misericordia fue mayor que la elección.

Nombrados en esta canciónEliseo

Sobre el pasaje

2 Reyes 4: Aceite, una habitación, un niño y pan

El capítulo 4 del Libro de 2 Reyes pasa sin cesar de grandes afirmaciones proféticas a cuartos, cocinas, campos, deudas y comidas. Una viuda que enfrenta la pérdida de sus hijos descubre que el poco aceite que queda en su casa puede llenar todas las vasijas prestadas y dejar lo suficiente para pagar lo que debe. Una sunamita edifica a Eliseo una habitación sin pedir recompensa, recibe la promesa de un hijo que nunca solicitó, y después lleva a ese niño muerto a la cama preparada para el profeta. Su protesta devuelve a la vista la promesa original, mientras la oración y la presencia persistente de Eliseo preceden a la restauración del niño. El capítulo se vuelve luego a una comunidad profética hambrienta: unas calabazas desconocidas vuelven peligrosa la olla común, y veinte panes de cebada parecen absurdamente pocos para cien hombres. Al final, cuerpos amenazados han sido preservados una y otra vez mediante objetos que siguen siendo ordinarios.

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