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Miqueas 2:1-13

Ay de los que Maquinan Iniquidad

Letras · Miqueas

Ay de los que Maquinan Iniquidad

Miqueas 2:1-13

Letras
[Verso 1] Ay de las manos que planean en la noche, y al alba llaman justo lo que hicieron sin reproche. Codician la parcela y la arrebatan por poder, se adueñan de la casa y borran un amanecer. [Pre-Coro] Movieron el lindero, expulsaron al hogar, un nombre y su herencia quisieron sepultar. [Coro] Ay de los que maquinan iniquidad, levantan comodidad sobre otra dignidad. La medida que torcieron volverá a su umbral, y el campo que devoran no será suyo al final. Ay de los que maquinan iniquidad, el SEÑOR oye al pobre que el fuerte no quiere mirar. [Verso 2] Los falsos predicadores dicen: “No anunciéis dolor”, prometen copa llena mientras roban el sudor. Prefieren al profeta que bendice su licor, y tapa con canciones la desgracia del menor. [Giro] ¿Se ha acortado el Espíritu? ¿No hace bien su voz al hombre que camina con justicia ante Dios? Pero arrancan el manto al que pasa en paz, y expulsan de sus casas a las madres una vez más. [Puente] Levantaos y marchaos, este reposo se manchó, la lisonja no cura lo que el ego destrozó. Mas Jacob será reunido como ovejas al redil, un remanente fuerte que ningún tirano hará morir. [Coro Final] Ay de los que maquinan iniquidad, ninguna obra se pierde ante el Juez de la verdad. El que abre brecha sube, ya se ensancha el portal, su Rey va a la cabeza, el SEÑOR marcha delante al final. De campos que les robaron y casas sin calor, regresa el dispersado junto al gran Pastor. [Final] La noche hizo el plan; la mañana lo reveló.

Sobre el pasaje

Miqueas 2: Quienes se apoderan de tierras se encuentran con otro plan

El capítulo empieza en dormitorios donde la injusticia se diseña antes de ejecutarse a plena luz. Los que tienen poder se apoderan de campos, casas y heredades, solo para oír que Jehová está ideando una calamidad de la que no podrán escapar. La resistencia se vuelve después contra el mensaje mismo: se manda callar a la profecía indeseada, como si el silencio pudiera reparar la conducta que se expone. Miqueas responde describiendo a gente despojada en el camino, mujeres echadas de casas agradables, y niños privados de lo que les pertenecía. Su sátira es especialmente afilada cuando imagina la clase de profeta que tal auditorio preferiría, uno que prometa vino y sidra. Después el tono cambia de golpe. El mismo capítulo que ha visto hogares dispersos termina con un rebaño ruidoso y reunido, un camino abierto, un rey delante de ellos, y Jehová a su cabeza.

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