Letras · Nahúm
Los Carros Se Precipitan por las Calles
Nahúm 2:1-13
Letras ↓[Alarma en 7/8]
El destructor sube contra Nínive,
guarda el muro, vigila el camino.
Afirma los lomos, reúne la fuerza,
el día de la caída está encima.
[Verso de Batalla]
Escudos teñidos, soldados vestidos,
los carros arden al ser preparados.
Las lanzas se agitan, las ruedas se cruzan,
las calles no pueden contener los costados.
[Coro]
Los carros se precipitan por las calles,
relámpagos de hierro bajo puertas fluviales.
Corren como antorchas, chocan en confusión,
el palacio se disuelve con la inundación.
Los carros se precipitan por las calles,
la guarida del león perdió sus pedestales.
[Movimiento II]
La reina es llevada, sus criadas gimen,
como palomas golpeándose el pecho.
“Deteneos, deteneos”, gritan a los que huyen,
pero nadie vuelve al sitio deshecho.
[Puente]
Plata sin término, oro sin cuenta,
riqueza acumulada por violencia y temor.
Vacía, agotada, desolada la ciudad,
rodillas que tiemblan, rostros sin color.
[Coro Final]
Los carros se precipitan por las calles,
relámpagos de hierro bajo puertas fluviales.
El león que llenaba su cueva con botín
ya no oye a sus mensajeros, ha llegado su fin.
Los carros se precipitan por las calles,
y el SEÑOR corta el humo de sus arsenales.
[Coda]
La ciudad que hacía temblar al mundo
tembló dentro de sus propios muros.
Nombrados en esta canciónNínive
Sobre el pasaje
Nahúm 2: La ciudad que vació a otros queda vacía
Nahúm 2 convierte el juicio en movimiento. Las órdenes de guardar los muros y reforzar la defensa llegan junto al hecho incómodo de que los defensores ya se apresuran, tropiezan y pierden el control de los accesos. Escudos rojos, ropa escarlata, carros como antorchas y velocidad de relámpago vuelven vívido el asalto, pero el movimiento más hondo del capítulo va de la concentración a la dispersión. Nínive, largo tiempo reunida como estanque, no puede impedir que su gente se escurra. Su plata, su oro y sus espléndidos depósitos permanecen lo bastante para volverse botín ajeno. El Libro de Nahúm pregunta después qué había sido realmente la seguridad de la ciudad. La guarida del león parecía segura desde dentro, pero se llenaba de desgarro y presa. Cuando el Señor declara «Heme aquí contra ti», los carros arden, el suministro de presa termina, y la voz imperial que llegaba más allá de los muros queda silenciada.
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