Génesis 8:6-7
El cuervo
Sale y va y viene y nunca resuelve la pregunta. El relato no lo explica y no necesita hacerlo.
Versículo por versículo
- 8:6
El versículo anterior informa que se ven las cumbres de los montes. Estos cuarenta días no deben confundirse con los cuarenta días de lluvia de Génesis 7:12.
- 8:7
Yendo y tornando describe movimiento repetido. El versículo no presenta una sola partida definitiva.
- 8:7
Génesis no especifica la dieta, el motivo ni un juicio moral sobre el cuervo.










El cuervo ha terminado con una reputación bastante peor que la que le dan estos dos versículos. Génesis dice que estuvo yendo y tornando. No lo llama desobediente, no lo acusa de abandonar a Noé ni describe lo que comía. Un informe de vuelo ha acabado cargando con un juicio de carácter que nunca contenía.
La ventana importa tanto como el ave. Noé abre algo que él mismo construyó, un elemento corriente del refugio extraordinario. El texto ya ha informado que el arca descansa sobre los montes y que sus cumbres se ven. Pero unas alturas expuestas no demuestran que la tierra alrededor sea habitable. El ave puede llegar más allá de la abertura; Noé no puede inspeccionar el territorio desde su compartimento. La escena trata de los límites de lo que todavía puede saberse.
Los cuarenta días corresponden a este momento, después de que aparecen las cumbres, no a los cuarenta días iniciales de lluvia. Génesis ha distribuido el paso de la catástrofe a la recuperación en fechas, intervalos y observaciones. El ir y venir del cuervo pertenece a esa espera. La tierra no queda lista para sus habitantes solo porque el tiempo haya dejado de ser desastroso.