Josué 6:3-5
Siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carneros delante del arca
El plan se cuenta de siete en siete, y la señal para el grito es el sonido del cuerno y no una orden de un comandante.
Versículo por versículo
- 6:3
Rodear significa dar una vuelta alrededor de la ciudad, no medirla.
- 6:4
El hebreo shofar designa un instrumento de cuerno; las trompetas de plata de Números 10 reciben otro nombre hebreo.
- 6:5
La caída del muro expresa el resultado prometido, no el mecanismo físico que lo produce.











El plan de batalla dedica más espacio a contar sacerdotes que a describir armas. Siete sacerdotes, siete cuernos, siete días y siete vueltas el último día: hay demasiada precisión para hablar de una improvisación militar. Los hombres de guerra están presentes, pero las instrucciones colocan el arca y a quienes la acompañan en el centro. Jericó aparece como una ciudad sobre la cual el SEÑOR reclama autoridad, no simplemente como un obstáculo en la campaña de Josué.
Los cuernos también tienen una función concreta. Su toque prolongado da la señal para el grito del pueblo; ni los instrumentos ni las voces se presentan como un mecanismo para romper mampostería. La promesa de que caerá el muro llega antes de que suene nada. Ese orden importa. El Libro de Josué describe una intervención de Dios, no un experimento temprano de acústica. Hasta el movimiento final queda indicado: el pueblo subirá cada uno en derecho de sí. Ninguna puerta tendrá que servir como único acceso estrecho. La barrera misma dejará de ser barrera.