18:17Después el rey de Asiria envió al rey Ezechîas, desde Lachîs contra Jerusalem, á Thartán y á Rabsaris y á Rabsaces, con un grande ejército: y subieron, y vinieron á Jerusalem. Y habiendo subido, vinieron y pararon junto al conducto del estanque de arriba, que es en el camino de la heredad del batanero.
18:18Llamaron luego al rey, y salió á ellos Eliacim hijo de Hilcías, que era mayordomo, y Sebna escriba, y Joah hijo de Asaph, canciller.
18:19Y díjoles Rabsaces: Decid ahora á Ezechîas: Así dice el gran rey de Asiria: ¿Qué confianza es esta en que tú estás?
18:20Dices, (por cierto palabras de labios): Consejo [tengo] y esfuerzo para la guerra. Mas ¿en qué confías, que te has rebelado contra mí?
18:21He aquí tú confías ahora en este bordón de caña cascada, en Egipto, en el que si alguno se apoyare, entrarále por la mano, y se le pasará. Tal es Faraón rey de Egipto, para todos los que en él confían.
18:22Y si me decís: Nosotros confiamos en Jehová nuestro Dios: ¿no es aquél cuyos altos y altares ha quitado Ezechîas, y ha dicho á Judá y á Jerusalem: Delante de este altar adoraréis en Jerusalem?
18:23Por tanto, ahora yo te ruego que des rehenes á mi señor, el rey de Asiria, y yo te daré dos mil caballos, si tú pudieres dar jinetes para ellos.
18:24¿Cómo pues harás volver el rostro de un capitán el menor de los siervos de mi señor, aunque estés confiado en Egipto por sus carros y su gente de á caballo?
18:25Además, ¿he venido yo ahora sin Jehová á este lugar, para destruirlo? Jehová me ha dicho: Sube á esta tierra, y destrúyela.
18:26Entonces dijo Eliacim hijo de Hilcías, y Sebna y Joah, á Rabsaces: Ruégote que hables á tus siervos siriaco, porque nosotros lo entendemos, y no hables con nosotros judaico á oídos del pueblo que está sobre el muro.
18:27Y Rabsaces les dijo: ¿Hame enviado mi señor á ti y á tu señor para decir estas palabras, y no antes á los hombres que están sobre el muro, para comer su estiércol, y beber el agua de sus pies con vosotros?
18:28Paróse luego Rabsaces, y clamó á gran voz en judaico, y habló, diciendo: Oid la palabra del gran rey, el rey de Asiria.
18:29Así ha dicho el rey: No os engañe Ezechîas, porque no os podrá librar de mi mano.
18:30Y no os haga Ezechîas confiar en Jehová, diciendo: De cierto nos librará Jehová, y esta ciudad no será entregada en mano del rey de Asiria.
18:31No oigáis á Ezechîas, porque así dice el rey de Asiria: Haced conmigo paz, y salid á mí, y cada uno comerá de su vid, y de su higuera, y cada uno beberá las aguas de su pozo;
18:32Hasta que yo venga, y os lleve á una tierra como la vuestra, tierra de grano y de vino, tierra de pan y de viñas, tierra de olivas, de aceite, y de miel; y viviréis, y no moriréis. No oigáis á Ezechîas, porque os engaña cuando dice: Jehová nos librará.
18:33¿[Acaso] alguno de los dioses de las gentes ha librado su tierra de la mano del rey de Asiria?
18:34¿Dónde está el dios de Hamath, y de Arphad? ¿dónde el dios de Sepharvaim, de Hena, y de Hiva? ¿pudieron éstos librar á Samaria de mi mano?
18:35¿Qué dios de todos los dioses de las provincias ha librado á su provincia de mi mano, para que libre Jehová de mi mano á Jerusalem?
18:36Y el pueblo calló, que no le respondieron palabra: porque había mandamiento del rey, el cual había dicho: No le respondáis.
18:37Entonces Eliacim hijo de Hilcías, que era mayordomo, y Sebna el escriba, y Joah hijo de Asaph, canciller, vinieron á Ezechîas, rotos sus vestidos, y recitáronle las palabras de Rabsaces.
La serpiente tenía una procedencia que ningún ídolo recién hecho podía igualar. La había fabricado Moisés. Ese dato aparece en la misma oración que describe cómo Ezequías la hizo pedazos, porque el problema no era un origen fraudulento, sino un uso distinto. El instrumento relacionado con la curación en Números 21 se había convertido en algo a lo que los israelitas quemaban incienso. Ni su antigüedad ni su autor convertían ese culto en obediencia.
Moisés aparece, por tanto, a ambos lados de la reforma: su obra de bronce es destruida en el versículo 4 y sus mandamientos son guardados en el 6. Segundo de Reyes no ve contradicción. La lealtad de Ezequías pertenece al SEÑOR que dio los mandamientos, no a cada objeto conservado desde los días de Moisés. Hasta el nombre Nehustán mantiene presente el material: aquello es bronce, por distinguida que sea su historia. El pasaje compara al rey con David, no con su padre inmediato, Acaz. Su herencia incluye un trono, pero no la obligación de conservar todo lo que recibió con él.