Lugares de la Biblia

Caná

Dos señales ocurren en esta aldea y ambas se hacen a distancia de las personas a quienes ayudan.

Caná de Galilea es un lugar pequeño a pocos kilómetros al norte de Nazaret, nombrado cuatro veces en Juan y en ningún otro sitio de la Biblia. De aquí es Natanael, lo cual conviene sostener junto a su frase sobre Nazaret. Las dos señales que Juan registra aquí son calladas. Nadie en la boda salvo los sirvientes sabe lo que pasó, y el maestresala felicita al esposo por una decisión que el esposo no tomó.

Dónde apareceJuan 2 · Juan 4

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Caná

Los movimientos, en el orden en que el texto los da.

El relato de Caná

  1. 01

    Juan 2:3-5

    Haced todo lo que os dijere

    Su respuesta a su madre suena a negativa y ella instruye a los sirvientes igualmente. Estas son las últimas palabras que la Escritura le da.

    Su madre expone la falta sin proponer un método. El Libro de Juan no afirma que ya lo haya visto hacer milagros parecidos en casa, ni le atribuye un plan imaginario para la boda. Sus palabras presentan la necesidad. La respuesta de Jesús sitúa su acción dentro de un tiempo mayor que la dificultad inmediata de los anfitriones. La hora que todavía no ha llegado no es la del siguiente plato.

    El tratamiento mujer puede sonar áspero hoy, pero Jesús lo emplea también al procurar el cuidado de su madre junto a la cruz. La distancia del intercambio está sobre todo en la pregunta acerca de la intervención de cada uno, no en un insulto automático contenido en el tratamiento. No corresponde reducirlo a grosería familiar ni convertirlo en prueba de que ella dirige su misión. La siguiente indicación de su madre queda deliberadamente abierta. Los sirvientes deben hacer lo que él diga, no lo que ella prediga que dirá. Ha señalado la carencia. Ahora dirige la atención a sus palabras. La señal procede por orden de él.

    Versículo por versículo

    1. 2:3

      El texto dice "faltando el vino", y ella se limita a constatar: "Vino no tienen". No se explica la causa ni se acusa a los anfitriones de negligencia.

    2. 2:4

      El tratamiento griego gynai no constituye por sí mismo un insulto. La expresión que lo acompaña distingue la intervención o los asuntos de cada interlocutor.

    3. 2:5

      La indicación no ofrece a los sirvientes una explicación previa del milagro. Su tarea consiste en seguir lo que Jesús les diga.

    Juan 2:3-5

    Santa Biblia Reina Valera 1909 · 3 versículos

    2:3Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: Vino no tienen.

    2:4Y dícele Jesús: ¿Qué tengo yo contigo, mujer? aun no ha venido mi hora.

    2:5Su madre dice á los que servían: Haced todo lo que os dijere.

    Juan 2:3-5: Haced todo lo que os dijere
  2. 02

    Juan 2:6-8

    Seis tinajas de piedra para el rito de la purificación

    Las vasijas se nombran, se cuentan y se miden antes de que les pase nada. Al relato le importa la capacidad.

    Los recipientes ya tienen una función, y no es almacenar vino. Juan los relaciona con la purificación judía antes de describir lo que Jesús hace con ellos. Es un detalle que orienta la lectura, no un inventario de almacén dejado por accidente. El agua vinculada con la limpieza se convierte en provisión para una fiesta. Esa relación es explícita; un código completo donde cada tinaja represente algo distinto, no.

    Llenas hasta el borde también importa. Los sirvientes no se limitan a enjuagarlas ni a añadir una cantidad simbólica. El volumen vuelve considerable el trabajo y abundante la provisión. Sin embargo, la transformación misma no se describe mediante un gesto, una fórmula o un cambio de color observado por la multitud. Hay órdenes, tareas cumplidas y una muestra que se lleva al encargado. El Libro de Juan es preciso sobre la labor humana y reservado sobre el acto divino. Esa reserva mantiene la atención donde la pone el pasaje: en la palabra que dirige un trabajo cotidiano hacia un resultado extraordinario. Los sirvientes llenan, sacan y llevan. No reciben la orden de fabricar vino.

    Versículo por versículo

    1. 2:6

      Juan vincula expresamente las tinajas de piedra con la purificación. El pasaje no asigna significados simbólicos a cada uno de los seis recipientes.

    2. 2:7

      Hasta el borde indica cuánto se llenaron. El texto no describe que se añadiera vino al agua.

    3. 2:8

      El encargado del banquete supervisa la comida. No se precisa el instante exacto en que el agua se convirtió en vino.

    Juan 2:6-8

    Santa Biblia Reina Valera 1909 · 3 versículos

    2:6Y estaban allí seis tinajuelas de piedra para agua, conforme á la purificación de los Judíos, que cabían en cada una dos ó tres cántaros.

    2:7Díceles Jesús: Henchid estas tinajuelas de agua. E hinchiéronlas hasta arriba.

    2:8Y díceles: Sacad ahora, y presentad al maestresala. Y presentáron[le].

    Juan 2:6-8: Seis tinajas de piedra para el rito de la purificación
  3. 03

    Juan 2:9-10

    Has reservado el buen vino hasta ahora

    El elogio va al hombre equivocado, y los únicos en la sala que saben más son los que cargaron las tinajas.

    El hombre encargado de juzgar el vino sabe menos de él que quienes lo transportan. Juan coloca esa inversión entre paréntesis: los sirvientes sí sabían. El encargado reconoce la calidad, pero desconoce la procedencia. Su valoración es acertada; su explicación, equivocada. El novio recibe una felicitación por una decisión que el texto no le atribuye. Nadie interrumpe para corregir el informe del banquete.

    El humor permanece discreto porque el relato señala una diferencia mayor. Reconocer el buen vino todavía no equivale a reconocer la gloria de Jesús. Ese segundo reconocimiento aparece en el versículo siguiente, cuando los discípulos creen. La sorpresa del encargado contribuye, sin embargo, a la señal: no se ha disimulado una falta con algo inferior. La provisión supera la expectativa que él describe. Su comentario sobre el orden acostumbrado del servicio explica su asombro ante la calidad; no hace falta convertirlo en un informe sobre la sobriedad de cada invitado. Juan deja sin nombre al novio y a la novia. La identidad decisiva pertenece al invitado cuya acción permite continuar la fiesta.

    Versículo por versículo

    1. 2:9

      El paréntesis distingue expresamente el conocimiento de los sirvientes y el desconocimiento del encargado. Supervisar la fiesta no implica comprender mejor lo ocurrido.

    2. 2:10

      El encargado habla del orden habitual del vino bueno y del inferior. Juan 2:11, inmediatamente después, identifica el hecho como el comienzo de las señales de Jesús.

    Juan 2:9-10

    Santa Biblia Reina Valera 1909 · 2 versículos

    2:9Y como el maestresala gustó el agua hecha vino, que no sabía de dónde era (mas lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua), el maestresala llama al esposo,

    2:10Y dícele: Todo hombre pone primero el buen vino, y cuando están satisfechos, entonces lo que es peor; mas tú has guardado el buen vino hasta ahora.

    Juan 2:9-10: Has reservado el buen vino hasta ahora
  4. 04

    Juan 4:46-50

    Ve, tu hijo vive

    Un funcionario de la corte camina desde Capernaum para pedirle que descienda, y es enviado a casa solo, con una frase en lugar de un acompañante.

    El padre trae un itinerario propuesto junto con su súplica. Jesús debe bajar de Caná a Capernaum, y el viaje debe ocurrir antes de que muera el niño. La urgencia pertenece al texto; las escenas imaginadas de palacio y las negociaciones, no. Su posición se describe como vinculada a la realeza, pero la enfermedad lo ha llevado ante alguien cuya ayuda no se obtiene dando una orden oficial.

    Jesús no sigue el itinerario solicitado. Pronuncia una palabra que envía al padre a casa sin acompañarlo. Ese es el giro decisivo: el hombre cree antes de recibir el informe que confirma la recuperación. Ha llegado buscando una presencia visible junto a la cama y se marcha apoyado en una declaración hecha en otra población. Por eso la advertencia sobre las señales no desemboca en una negativa de ayuda. Desemboca en una ayuda que el solicitante todavía no puede inspeccionar. La mención del vino anterior enlaza los dos hechos de Caná, pero no los vuelve idénticos. En la boda, los sirvientes llevan lo que han sacado. Aquí, el padre no lleva nada tangible del encuentro. Lleva la palabra.

    Versículo por versículo

    1. 4:46

      El término basilikos indica vinculación o servicio a la realeza. Juan no proporciona el nombre del hombre; identificarlo con otro funcionario conocido sigue siendo conjetura.

    2. 4:48

      Importa el plural: la frase se dice a un hombre, pero gramaticalmente no queda limitada a él.

    3. 4:50

      El padre cree la palabra de Jesús antes de encontrarse con los sirvientes. La confirmación de la recuperación aparece en el momento siguiente.

    Juan 4:46-50

    Santa Biblia Reina Valera 1909 · 5 versículos

    4:46Vino pues Jesús otra vez á Caná de Galilea, donde había hecho el vino del agua. Y había en Capernaum uno del rey, cuyo hijo estaba enfermo.

    4:47Este, como oyó que Jesús venía de Judea á Galilea, fué á él, y rogábale que descendiese, y sanase á su hijo, porque se comenzaba á morir.

    4:48Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y milagros no creeréis.

    4:49El del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera.

    4:50Dícele Jesús: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó á la palabra que Jesús le dijo, y se fué.

    Juan 4:46-50: Ve, tu hijo vive
  5. 05

    Juan 4:51-53

    Ayer a las siete le dejó la fiebre

    El padre pregunta por la hora y la obtiene, y la historia termina con aritmética en vez de con asombro.

    La misma frase llega al padre desde dos direcciones. Jesús ha dicho que su hijo vive; ahora los sirvientes lo dicen en el camino. Ellos conocen el estado del niño, mientras él conoce la hora de la palabra. Su pregunta reúne ambas piezas de información. Lo que podría recibirse solo como una noticia feliz se convierte en reconocimiento de la relación entre una declaración en Caná y una recuperación en Capernaum.

    Conviene conservar la diferencia entre empezar a mejorar y que la fiebre lo dejara. El padre pregunta por el comienzo de la mejoría; los sirvientes describen la desaparición de la fiebre. Juan identifica después la hora con precisión, no solo un período parecido. El padre ya creyó en el versículo 50, y aquí vuelve a afirmarse su fe, ahora junto con la de su casa. El texto presenta un reconocimiento que se amplía, sin exigir un esquema técnico de etapas de conversión. Tampoco el ayer permite inventar una noche de descanso tranquilo como prueba de serenidad excepcional. No se informa del alojamiento. La hora vincula la palabra con la recuperación. El viaje del padre tomó tiempo. La curación no esperó su llegada.

    Versículo por versículo

    1. 4:51

      La afirmación de que su hijo vive repite las palabras de Jesús en 4:50. Los sirvientes confirman el estado del niño sin haber presenciado la conversación de Caná.

    2. 4:52

      La séptima hora suele entenderse como la una de la tarde contando desde el amanecer, aunque se debate el cómputo horario de Juan. El texto no explica un itinerario nocturno.

    3. 4:53

      La fe ya se afirmó en el versículo 50. Aquí la repetición añade a toda la casa y sigue a la comprobación de la hora coincidente.

    Juan 4:51-53

    Santa Biblia Reina Valera 1909 · 3 versículos

    4:51Y cuando ya él descendía, los siervos le salieron á recibir, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive.

    4:52Entonces él les preguntó á qué hora comenzó á estar mejor. Y dijéronle: Ayer á las siete le dejó la fiebre.

    4:53El padre entonces entendió, que aquella hora era cuando Jesús le dijo: Tu hijo vive; y creyó él y toda su casa.

    Juan 4:51-53: Ayer a las siete le dejó la fiebre

Por qué importa

Vale la pena leer despacio la mecánica de la primera señal. Seis tinajas de piedra, puestas allí para la purificación, de dos o tres cántaros cada una. Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba. Sacad ahora, y llevadlo al maestresala. El cambio nunca se describe y no se narra ningún momento de transformación; solo hay agua que entra y vino que sale, y los sirvientes que habían sacado el agua lo sabían. La segunda señal se hace para un hombre que vive a un día de camino, y la sanidad se comprueba por la hora y no por testigos.

La música

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