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Portada de Bienaventurados los Que No Vieron y Creyeron

Juan 20:24-31

Bienaventurados los Que No Vieron y Creyeron

Letras · Juan

Bienaventurados los Que No Vieron y Creyeron

Juan 20:24-31

Letras

Acerca de esta canción

Acerca de esta canción

Esta canción pertenece a la colección de Juan. Hay una grabación disponible para escuchar aquí, con la letra completa más abajo.

Libro bíblico
Juan
Colección
Juan
Estilos musicales
Electrónica
[Intro] Tomás, llamado Dídimo, no estaba cuando Él vino. [Verse 1] Hemos visto al Señor, dijeron los demás. Si no veo en Sus manos la señal de aquellos clavos, Si no pongo allí mi dedo y mi mano en Su costado, No creeré su testimonio, no podré descansar. [Interlude - 4 bars] [Verse 2] Ocho días más tarde, reunidos otra vez, Tomás estaba dentro y las puertas, cerradas. Jesús vino y en medio de la sala se mostró: Paz a ustedes, dijo, y la noche quedó callada. [Bridge] Acerca aquí tu dedo, contempla Mis manos; Acerca aquí tu mano y ponla en Mi costado. No seas incrédulo; sé creyente desde ahora. [Refrain] ¡Señor mío y Dios mío! ¡Señor mío y Dios mío! [Verse 3] Porque Me has visto, Tomás, has creído; Bienaventurados los que no vieron y creyeron. Muchas otras señales hizo ante Sus discípulos, Señales que en las páginas del libro no cupieron. [Outro] Estas se escribieron para que crean: Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; Y para que, creyendo, tengan vida en Su nombre.

Nombrados en esta canciónTomásJesús

Sobre el pasaje

Juan 20: El cuerpo ausente se convierte en la presencia del Señor resucitado

El Libro de Juan deja que la resurrección amanezca mediante interpretaciones incompletas y no mediante certeza instantánea. María ve la piedra movida y supone primero que el cuerpo ha sido llevado. Pedro y el discípulo amado inspeccionan los lienzos funerarios, y el ver y el creer llegan antes que una comprensión escrituraria plena. María se encuentra después con Jesús sin reconocerlo hasta que él pronuncia su nombre. Al anochecer, el Señor resucitado está en medio de discípulos a puertas cerradas, mostrando las heridas que lo identifican con el Jesús crucificado y enviándolos como el Padre lo envió. Tomás, ausente de esa reunión, exige la misma evidencia corporal que los otros recibieron y responde al encuentro posterior con "¡Señor mío, y Dios mío!". El capítulo pasa después de la experiencia presencial al testimonio escrito. Las señales han sido seleccionadas para que lectores posteriores puedan creer sin estar en esa sala y puedan tener vida por el nombre de Jesús.

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