Mateo 2:1-2
Su estrella hemos visto en el oriente
Unos astrólogos extranjeros leen bien una señal y llegan a la capital, que es una suposición razonable y equivocada.
Versículo por versículo
- 2:1
Sabios traduce magoi. Mateo no proporciona su número ni sus nombres, y tampoco los llama reyes.
- 2:2
Números 24:17 vincula una Estrella de Jacob con un Cetro de Israel. Es un eco bíblico de realeza, no una prueba de que los visitantes hubieran leído ese pasaje.









Los visitantes preguntan dónde está el rey, no si existe uno. Nacido Rey de los judíos resulta un anuncio incómodo en los días del rey Herodes. Mateo coloca ambos títulos en apenas dos versículos; el choque ya está planteado antes de que Herodes diga una palabra. Un rey ocupa la capital. Al otro hay que encontrarlo.
La estrella da a los visitantes un motivo para viajar, pero su primera pregunta demuestra que no les ha proporcionado todos los detalles. Mateo no describe la ruta hasta Jerusalén ni afirma que la estrella desapareciera. Esos añadidos conocidos rebasan el pasaje. Lo que sí ofrece el texto resulta más interesante que unas indicaciones perfectas: hombres llegados de fuera de Israel reconocen un nacimiento real que la capital no ha anunciado. Su conocimiento es verdadero, pero incompleto. Saben de quién es la estrella y para qué han emprendido el viaje. La dirección todavía tienen que preguntarla.