5:13Entonces Daniel fué traído delante del rey. Y habló el rey, y dijo á Daniel: ¿Eres tú aquel Daniel de los hijos de la cautividad de Judá, que mi padre trajo de Judea?
5:14Yo he oído de ti que el espíritu de los dioses santos está en ti, y que en ti se halló luz, y entendimiento y mayor sabiduría.
5:15Y ahora fueron traídos delante de mí, sabios, astrólogos, que leyesen esta escritura, y me mostrasen su interpretación: pero no han podido mostrar la declaración del negocio.
5:16Yo pues he oído de ti que puedes declarar las dudas, y desatar dificultades. Si ahora pudieres leer esta escritura, y mostrarme su interpretación, serás vestido de púrpura, y collar de oro tendrás en tu cuello, y en el reino serás el tercer señor.
5:17Entonces Daniel respondió, y dijo delante del rey: Tus dones sean para ti, y tus presentes dalos á otro. La escritura yo la leeré al rey, y le mostraré la declaración.
5:18El altísimo Dios, oh rey, dió á Nabucodonosor tu padre el reino, y la grandeza, y la gloria, y la honra:
5:19Y por la grandeza que le dió, todos los pueblos, naciones, y lenguas, temblaban y temían delante de él. Los que él quería mataba, y daba vida á los que quería: engrandecía á los que quería, y á los que quería humillaba.
5:20Mas cuando su corazón se ensoberbeció, y su espíritu se endureció en altivez, fué depuesto del trono de su reino, y traspasaron de él la gloria:
5:21Y fué echado de entre los hijos de los hombres; y su corazón fué puesto con las bestias, y con los asnos monteses fué su morada. Hierba le hicieron comer, como á buey, y su cuerpo fué bañado con el rocío del cielo, hasta que conoció que el altísimo Dios se enseñorea del reino de los hombres, y que pondrá sobre él al que quisiere.
5:22Y tú, su hijo Belsasar, no has humillado tu corazón, sabiendo todo esto:
5:23Antes contra el Señor del cielo te has ensoberbecido, é hiciste traer delante de ti los vasos de su casa, y tú y tus príncipes, tus mujeres y tus concubinas, bebisteis vino en ellos: demás de esto, á dioses de plata y de oro, de metal, de hierro, de madera, y de piedra, que ni ven, ni oyen, ni saben, diste alabanza: y al Dios en cuya mano está tu vida, y cuyos son todos tus caminos, nunca honraste.
Los utensilios no son la vajilla corriente del palacio. Dos versículos seguidos repiten su procedencia: el templo de Jerusalén, la casa de Dios en Jerusalén. El Libro de Daniel insiste en identificar a su dueño mientras Belsasar actúa como si apoderarse de ellos concediera todo derecho sobre su uso. Lo que Babilonia puede llevarse, él lo considera suyo para darle otro sentido.
Es un acto público, no un desliz privado con una copa de vino. Los mil señores, la casa real y la repetición de la bebida sitúan la profanación dentro de una celebración cortesana. No hace falta inventar un discurso burlándose de Jerusalén. Los objetos elegidos y la alabanza que se ofrece con ellos bastan. Utensilios destinados al culto de Dios sirven ahora para alabar dioses fabricados.
La lista de materiales tiene una precisión fría: oro, plata, bronce, hierro, madera, piedra. Unos cuestan más que otros; ninguno está vivo. El banquete exhibe magníficamente la riqueza y no reconoce nada más allá de ella. Belsasar sabe apreciar el valor de un utensilio sagrado mientras rechaza lo que exige su carácter sagrado. El metal precioso ha sobrevivido al traslado. Su uso legítimo ha sido invertido.