Hechos 8:5-8
Les predicaba a Cristo
Dispersado por la persecución, va a Samaria en vez de alejarse del problema. La ciudad con la que los judíos no trataban recibe la palabra con gran gozo.
Versículo por versículo
- 8:5
Hechos 21:8 identifica a este Felipe como uno de los siete designados en Hechos 6 y lo distingue del apóstol del mismo nombre.
- 8:6
El pasaje relaciona la atención a las palabras de Felipe con oír y ver las señales. No presenta la sanidad como sustituto de la proclamación.
- 8:8
La alegría de la ciudad reaparece a escala individual cuando el viajero etíope continúa gozoso en Hechos 8:39.











La persecución en Jerusalén ha enviado a un predicador a Samaria, no lo ha silenciado. Esa es la fuerza geográfica de estos cuatro versículos. Hechos 1:8 nombró Samaria como territorio de testimonio; Hechos 8 sitúa allí a Felipe mediante la dispersión que siguió a la muerte de Esteban. El avance es real, pero no vuelve inofensiva la persecución. Un mismo capítulo puede contener hogares devastados en Jerusalén y gran alegría en otra ciudad.
Felipe anuncia a Cristo, no su propia trayectoria extraordinaria. La gente atiende a lo que dice mientras oye y ve las señales, de modo que la palabra y la sanidad se acompañan, en lugar de competir por el público. Los gritos de los espíritus inmundos que salen y la recuperación de personas con discapacidades dan un marco físico a la alegría final. No es solo un cambio de opinión colectiva. Cuerpos que sufrían están recibiendo alivio. Tampoco exige el relato la presencia de los apóstoles de Jerusalén para que Felipe comience. Pedro y Juan llegan después, en 8:14, al enterarse de que Samaria ha recibido la palabra. El mensaje ha cruzado la frontera antes que la delegación.