6:11Y vino el ángel de Jehová, y sentóse debajo del alcornoque que está en Ophra, el cual era de Joas Abiezerita; y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para hacerlo esconder de los Madianitas.
6:12Y el ángel de Jehová se le apareció, y díjole: Jehová es contigo, varón esforzado.
6:13Y Gedeón le respondió: Ah, Señor mío, si Jehová es con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los Madianitas.
6:14Y mirándole Jehová, díjole: Ve con esta tu fortaleza, y salvarás á Israel de la mano de los Madianitas. ¿No te envío yo?
6:15Entonces le respondió: Ah, Señor mío, ¿con qué tengo de salvar á Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre.
6:16Y Jehová le dijo: Porque yo seré contigo, y herirás á los Madianitas como á un [solo] hombre.
6:17Y él respondió: Yo te ruego, que si he hallado gracia delante de ti, me des señal de que tú has hablado conmigo.
6:18Ruégote que no te vayas de aquí, hasta que á ti vuelva, y saque mi presente, y lo ponga delante de ti. Y él respondió: Yo esperaré hasta que vuelvas.
6:19Y entrándose Gedeón aderezó un cabrito, y panes sin levadura de un epha de harina; y puso la carne en un canastillo, y el caldo en una olla, y sacándolo presentóselo debajo de aquel alcornoque.
6:20Y el ángel de Dios le dijo: Toma la carne, y los panes sin levadura, y ponlo sobre esta peña, y vierte el caldo. Y él lo hizo así.
6:21Y extendiendo el ángel de Jehová el bordón que tenía en su mano, tocó con la punta en la carne y en los panes sin levadura; y subió fuego de la peña, el cual consumió la carne y los panes sin levadura. Y el ángel de Jehová desapareció de delante de él.
6:22Y viendo Gedeón que era el ángel de Jehová, dijo: Ah, Señor Jehová, que he visto el ángel de Jehová cara á cara.
6:23Y Jehová le dijo: Paz á ti; no tengas temor, no morirás.
6:24Y edificó allí Gedeón altar á Jehová, al que llamó Jehová-salom: está hasta hoy en Ophra de los Abiezeritas.
El varón esforzado está tratando de salvar una cosecha de trigo de los saqueadores. Ese es el tamaño del mundo de Gedeón cuando llega el saludo: no un campo de batalla, sino algo de grano que los madianitas todavía no se han llevado. Su primera respuesta no trata de su valentía. Coloca la promesa junto a la situación de Israel y encuentra una distancia dolorosa entre ambas. El éxodo que sus padres contaban pertenece al recuerdo; los invasores están aquí.
La respuesta no le ofrece una familia más importante. Le promete la presencia del SEÑOR. Gedeón objeta por lo que tiene; Dios responde con quién lo acompañará. Después, la comida cambia de carácter. Carne en una canasta, caldo en una olla y pan preparado con un efa de harina: una hospitalidad considerable en un país al que le están quitando el alimento. El fuego sale de la roca, no de una hoguera encendida por Gedeón. Al terminar, el hombre preocupado por sobrevivir a Madián recibe la seguridad de que sobrevivirá al encuentro con el mensajero divino. El altar se llama Paz antes de comenzar la batalla.