11:26Asimismo Jeroboam hijo de Nabat, Ephrateo de Sereda, siervo de Salomón, (su madre se llamaba Serva, mujer viuda) alzó su mano contra el rey.
11:27Y la causa por qué éste alzó mano contra el rey, fué esta: Salomón edificando á Millo, cerró el portillo de la ciudad de David su padre.
11:28Y el varón Jeroboam era valiente [y] esforzado; y viendo Salomón al mancebo que era hombre activo, encomendóle todo el cargo de la casa de José.
11:29Aconteció pues en aquel tiempo, que saliendo Jeroboam de Jerusalem, topóle en el camino el profeta Ahías Silonita; y él estaba cubierto con una capa nueva; y estaban ellos dos solos en el campo.
11:30Y trabando Ahías de la capa nueva que tenía sobre sí, rompióla en doce pedazos,
11:31Y dijo á Jeroboam: Toma para ti los diez pedazos; porque así dijo Jehová Dios de Israel: He aquí que yo rompo el reino de la mano de Salomón, y á ti daré diez tribus;
11:32(Y él tendrá una tribu, por amor de David mi siervo, y por amor de Jerusalem, ciudad que yo he elegido de todas las tribus de Israel:)
11:33Por cuanto me han dejado, y han adorado á Astharoth diosa de los Sidonios, y á Chêmos dios de Moab, y á Moloch dios de los hijos de Ammón; y no han andado en mis caminos, para hacer lo recto delante de mis ojos, y mis estatutos, y mis derechos, como hizo David su padre.
11:34Empero no quitaré nada de su reino de sus manos, sino que lo retendré por caudillo todos los días de su vida, por amor de David mi siervo, al cual yo elegí, y él guardó mis mandamientos y mis estatutos:
11:35Mas yo quitaré el reino de la mano de su hijo, y darélo á ti, las diez tribus.
11:36Y á su hijo daré una tribu, para que mi siervo David tenga lámpara todos los días delante de mí en Jerusalem, ciudad que yo me elegí para poner en ella mi nombre.
11:37Yo pues te tomaré á ti, y tú reinarás en todas las cosas que deseare tu alma, y serás rey sobre Israel.
11:38Y será que, si prestares oído á todas las cosas que te mandare, y anduvieres en mis caminos, é hicieres lo recto delante de mis ojos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como hizo David mi siervo, yo seré contigo, y te edificaré casa firme, como la edifiqué á David, y yo te entregaré á Israel.
11:39Y yo afligiré la simiente de David á causa de esto, mas no para siempre.
11:40Procuró por tanto Salomón de matar á Jeroboam, pero levantándose Jeroboam, huyó á Egipto, á Sisac rey de Egipto, y estuvo en Egipto hasta la muerte de Salomón.
La prenda es nueva. Ahías la rasga de todos modos. Doce pedazos vuelven visible el juicio, y diez quedan ante un hombre cuya autoridad hasta entonces consiste en supervisar el trabajo de Salomón. El paso de servidor real a futuro rey es enorme, pero los pedazos no autorizan una pretensión ilimitada. La casa de David conserva su lugar, Jerusalén conserva su importancia expresa y la transferencia se aplaza hasta el hijo de Salomón.
La promesa a Jeroboam supera un nombramiento temporal. Se le ofrece una casa firme, con el propio David como comparación, a condición de escuchar y obedecer. Esa condición debe quedar al lado de la tela rasgada, no en letra pequeña debajo. El mismo discurso explica la pérdida de Salomón por desobedecer los mandamientos y ofrece continuidad a Jeroboam mediante la obediencia. La división no se presenta como permiso para establecer dioses rivales. Al final, el rey prometido tiene que huir a Egipto. La promesa de un trono y su posesión inmediata no son el mismo acontecimiento.