13:2Y había un hombre de Sora, de la tribu de Dan, el cual se llamaba Manoa; y su mujer era estéril, que nunca había parido.
13:3A [esta] mujer apareció el ángel de Jehová, y díjole: He aquí que tú eres estéril, y no has parido; mas concebirás y parirás un hijo.
13:4Ahora, pues, mira que ahora no bebas vino, ni sidra, ni comas cosa inmunda.
13:5Porque tú te harás embarazada, y parirás un hijo: y no subirá navaja sobre su cabeza, porque aquel niño será Nazareo á Dios desde el vientre, y él comenzará á salvar á Israel de mano de los Filisteos.
13:6Y la mujer vino y contólo á su marido, diciendo: Un varón de Dios vino á mí, cuyo aspecto era como el aspecto de un ángel de Dios, terrible en gran manera; y no le pregunté de dónde ni quién era, ni tampoco él me dijo su nombre.
13:7Y díjome: He aquí que tú concebirás, y parirás un hijo: por tanto, ahora no bebas vino, ni sidra, ni comas cosa inmunda; porque este niño desde el vientre será Nazareo á Dios hasta el día de su muerte.
13:8Entonces oró Manoa á Jehová, y dijo: Ah, Señor mío, yo te ruego que aquel varón de Dios que enviaste, torne ahora á venir á nosotros, y nos enseñe lo que hayamos de hacer con el niño que ha de nacer.
13:9Y Dios oyó la voz de Manoa: y el ángel de Dios volvió otra vez á la mujer, estando ella en el campo; mas su marido Manoa no estaba con ella.
13:10Y la mujer corrió prontamente, y noticiólo á su marido, diciéndole: Mira que se me ha aparecido aquel varón que vino á mí el [otro] día.
13:11Y levantóse Manoa, y siguió á su mujer; y así que llegó al varón, díjole: ¿Eres tú aquel varón que hablaste á la mujer? Y él dijo: Yo soy.
13:12Entonces Manoa dijo: Cúmplase pues tu palabra. ¿Qué orden se tendrá con el niño, y qué ha de hacer?
13:13Y el ángel de Jehová respondió á Manoa: La mujer se guardará de todas las cosas que yo le dije:
13:14Ella no comerá cosa que proceda de vid [que da] vino; no beberá vino ni sidra, y no comerá cosa inmunda: ha de guardar todo lo que le mandé.
13:15Entonces Manoa dijo al ángel de Jehová: Ruégote permitas que te detengamos, y aderezaremos un cabrito [que poner] delante de ti.
13:16Y el ángel de Jehová respondió á Manoa: Aunque me detengas no comeré de tu pan: mas si quisieres hacer holocausto, sacrifícalo á Jehová. Y no sabía Manoa que aquél fuese ángel de Jehová.
13:17Entonces dijo Manoa al ángel de Jehová: ¿Cómo es tu nombre, para que cuando se cumpliere tu palabra te honremos?
13:18Y el ángel de Jehová respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre, que es oculto?
13:19Y Manoa tomó un cabrito de las cabras y un presente, y sacrificólo sobre una peña á Jehová: y [el ángel] hizo milagro á vista de Manoa y de su mujer.
13:20Porque aconteció que como la llama subía del altar hacia el cielo, el ángel de Jehová subió en la llama del altar á vista de Manoa y de su mujer, los cuales se postraron en tierra sobre sus rostros.
13:21Y el ángel de Jehová no tornó á aparecer á Manoa ni á su mujer. Entonces conoció Manoa que era el ángel de Jehová.
13:22Y dijo Manoa á su mujer: Ciertamente moriremos, porque á Dios hemos visto.
13:23Y su mujer le respondió: Si Jehová nos quisiera matar, no tomara de nuestras manos el holocausto y el presente, ni nos hubiera mostrado todas estas cosas, ni en tal tiempo nos habría anunciado esto.
13:24Y la mujer parió un hijo, y llamóle por nombre Samsón. Y el niño creció, y Jehová lo bendijo.
Manoa pide que vuelva el mensajero, y el mensajero vuelve a buscar a su esposa. Otra vez. El capítulo le da nombre a Manoa, pero a ella le entrega el anuncio, las instrucciones y, al final, la comprensión más clara de lo ocurrido. Cuando él pregunta cómo criar al niño, la respuesta lo remite a lo que ella ya había oído. Su testimonio no era una versión provisional que necesitara una cita de mayor categoría.
El encuentro también cambia de naturaleza ante sus ojos. La comida propuesta se convierte en ofrenda; el visitante rechaza el alimento, dirige el sacrificio al SEÑOR y asciende en la llama. Manoa concluye que haber visto a Dios significa morir. Su esposa responde con las pruebas disponibles: la ofrenda aceptada, lo que han visto, el hijo prometido. Anunciar un nacimiento sería una manera bastante complicada de anunciar la ejecución inmediata de los padres.
Pero el razonamiento de ella tampoco tiene la última palabra. El niño nace, crece y recibe la bendición del SEÑOR. El capítulo resuelve la discrepancia dejando constancia de una vida.