El panorama
Ezechîas, rey de Judá, ha oído al portavoz de Asiria, un imperio conquistador, amenazar a Jerusalem, su capital. Judá es el reino del sur del pueblo de Dios. El rey acude a adorar y envía mensajeros a Isaías, el profeta de Dios. Sennachêrib, el gobernante asirio, repite su advertencia por escrito. Ezechîas la presenta ante Dios y le pide que los salve. La respuesta de Dios cuestiona el orgulloso relato del invasor sobre sus victorias y promete defender la ciudad. El capítulo termina con el campamento enemigo devastado y, más tarde, con la muerte violenta del gobernante en su propia tierra.
En este capítulo
- El rey comunica su angustia al profeta Isaías 37:1-7
Ezechîas se rasga la ropa y se viste con una tela áspera de duelo.
- Las nuevas noticias no frenan la jactancia Isaías 37:8-13
Rabsaces encuentra a su señor atacando Libna, otra ciudad de Judá, después de abandonar Lachîs, una población que había atacado.
- Ezechîas extiende la carta ante Dios Isaías 37:14-20
El rey lee la carta, la lleva a la casa de Dios y la extiende ante él.
- Dios hace retroceder al orgulloso invasor Isaías 37:21-29
Isaías envía la respuesta de Dios: la ciudad puede burlarse del gobernante que ha insultado al Dios santo de Israel, su pueblo elegido.
- Los supervivientes arraigarán y recibirán protección Isaías 37:30-35
Una señal trata del alimento después de la invasión.
- Cae el campamento y vuelve el rey Isaías 37:36-38
Un ángel enviado por el Señor ataca el campamento asirio y mata a ciento ochenta y cinco mil hombres.
Verdad central
Ezechîas lleva ante Dios la amenaza del invasor. Dios promete defender Jerusalem y hace que el orgulloso gobernante vuelva a su tierra.

Las Escrituras junto al resumen
Isaías · Santa Biblia Reina Valera 1909 · 38Isaías 37:1-7
El rey comunica su angustia al profeta
Ezechîas se rasga la ropa y se viste con una tela áspera de duelo. Entra en el templo, la casa donde se adora a Dios. Envía a Eliacim, administrador de su casa, a Sebna, su escriba oficial, y a los sacerdotes de más edad a ver al profeta Isaías. Su mensaje compara la crisis con un parto en el que faltan fuerzas para dar a luz. Piden oración por los supervivientes y esperan que Dios responda a los insultos de Rabsaces, el portavoz enemigo. Isaías trae la respuesta de Dios: el rey no debe temer esas palabras. El atacante recibirá noticias, volverá a su tierra y allí morirá a espada.

En la vida diaria
Una directora de escuela recibe una exigencia amenazante y la lleva al asesor de confianza cuya orientación sigue desde hace mucho. Reconoce que su personal no puede resolver el peligro por sus propias fuerzas y pide ayuda. La petición expresa su debilidad sin ocultarla. Isaías trae una promesa directa de Dios, no un consejo profesional corriente.
Observe
Isaías 37:3 La imagen del parto describe una crisis que ya está en su fase final, sin fuerzas para seguir. Expresa una urgencia sin recursos, no un problema que el rey pueda aplazar.
Isaías 37:1-7
Santa Biblia Reina Valera 19091ACONTECIÓ pues, que el rey Ezechîas, oído esto, rasgó sus vestidos, y cubierto de saco vino á la casa de Jehová.
2Y envió á Eliacim mayordomo, y á Sebna escriba, y á los ancianos de los sacerdotes, cubiertos de sacos, á Isaías profeta, hijo de Amoz.
3Los cuales le dijeron: Ezechîas dice así: Día de angustia, de reprensión y de blasfemia, es este día: porque los hijos han llegado hasta la rotura, y no hay fuerza en la que pare.
4Quizá oirá Jehová tu Dios las palabras de Rabsaces, al cual envió el rey de Asiria su señor á blasfemar al Dios vivo, y á reprender con las palabras que oyó Jehová tu Dios: alza pues oración tú por las reliquias que aun han quedado.
5Vinieron pues los siervos de Ezechîas á Isaías.
6Y díjoles Isaías: Diréis así á vuestro señor: Así dice Jehová: No temas por las palabras que has oído, con las cuales me han blasfemado los siervos del rey de Asiria.
7He aquí que yo doy en él un espíritu, y oirá un rumor, y volveráse á su tierra: y yo haré que en su tierra caiga á cuchillo.
Isaías 37:8-13
Las nuevas noticias no frenan la jactancia
Rabsaces encuentra a su señor atacando Libna, otra ciudad de Judá, después de abandonar Lachîs, una población que había atacado. Llega la noticia de que Tirhakah, rey de Etiopía, viene a luchar contra Asiria. Etiopía es un reino del sur. A pesar de esta nueva presión, Sennachêrib manda otra advertencia a Ezechîas. Dice que Dios no debe engañar al rey dándole esperanzas para Jerusalem. Vuelve a enumerar las conquistas asirias y el fracaso de los dioses de otras ciudades. Trata su historial como prueba de que no puede haber excepciones. El desafío pasa de la confianza militar a una acusación directa contra el Dios en quien Ezechîas confía.

En la vida diaria
Un agente de cobros se entera de que su propia empresa afronta un grave problema legal, pero envía otra exigencia afirmando que ningún cliente ha logrado resistirse. La nueva carta repite viejas victorias en vez de reconocer que la situación ha cambiado. Su seguridad forma parte de la presión. Sennachêrib amenaza con destruir una nación y llama mentiroso a su Dios.
Observe
Isaías 37:10 La segunda advertencia señala a Dios como supuesto autor del engaño. La disputa ya trata abiertamente de si merece confianza aquel en quien Ezechîas espera, no solo de la estrategia del rey.
Isaías 37:8-13
Santa Biblia Reina Valera 19098Vuelto pues Rabsaces, halló al rey de Asiria que batía á Libna; porque ya había oído que se había apartado de Lachîs.
9Mas oyendo decir de Tirhakah rey de Etiopía: He aquí que ha salido para hacerte guerra: en oyéndolo, envió mensajeros á Ezechîas, diciendo:
10Diréis así á Ezechîas rey de Judá: No te engañe tu Dios en quien tú confías, diciendo: Jerusalem no será entregada en mano del rey de Asiria.
11He aquí que tú oiste lo que hicieron los reyes de Asiria á todas las tierras, que las destruyeron; ¿y escaparás tú?
12¿Libraron los dioses de las gentes á los que destruyeron mis antepasados, á Gozán, y Harán, Rezeph, y á los hijos de Edén que moraban en Thelasar?
13¿Dónde está el rey de Amath, y el rey de Arphad, el rey de la ciudad de Sepharvaim, de Henah, y de Hivah?
Isaías 37:14-20
Ezechîas extiende la carta ante Dios
El rey lee la carta, la lleva a la casa de Dios y la extiende ante él. Se dirige al Señor, cuyo trono está sobre las figuras celestiales sagradas, y lo reconoce como único Dios de todos los reinos. Le pide que vea y oiga el insulto. No niega las victorias reales de Asiria. Sus reyes destruyeron naciones y quemaron sus dioses, pero aquellos objetos eran madera y piedra hechas por personas. Pide que los salve para que el mundo conozca la diferencia. La oración señala la distinción decisiva. Su enemigo quemó cosas fabricadas por seres humanos. No puede quemar a quien hizo el mundo.

En la vida diaria
La dueña de una casa rodante extiende una carta amenazante sobre el escritorio de un abogado. Reconoce que el remitente se ha apoderado de otras viviendas. Luego señala la cláusula que hace distinto su caso, sin negar el peligro. El abogado lee tanto la carta como la escritura de propiedad. Ezechîas busca la ayuda salvadora del Creador, que ninguna cláusula legal puede garantizar.
Observe
Isaías 37:19 La oración acepta que los otros dioses fueron quemados. Responde que eran productos humanos, de modo que su destrucción no demuestra poder sobre el Dios vivo.
Isaías 37:14-20
Santa Biblia Reina Valera 190914Y tomó Ezechîas las cartas de mano de los mensajeros, y leyólas; y subió á la casa de Jehová, y las extendió delante de Jehová.
15Entonces Ezechîas oró á Jehová, diciendo:
16Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios sobre todos los reinos de la tierra; tú hiciste los cielos y la tierra.
17Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira: y oye todas las palabras de Sennachêrib, el cual ha enviado á blasfemar al Dios viviente.
18Ciertamente, oh Jehová, los reyes de Asiria destruyeron todas las tierras y sus comarcas,
19Y entregaron los dioses de ellos al fuego: porque no eran dioses, sino obra de manos de hombre, leño y piedra: por eso los deshicieron.
20Ahora pues, Jehová Dios nuestro, líbranos de su mano, para que todos los reinos de la tierra conozcan que sólo tú eres Jehová.
Isaías 37:21-29
Dios hace retroceder al orgulloso invasor
Isaías envía la respuesta de Dios: la ciudad puede burlarse del gobernante que ha insultado al Dios santo de Israel, su pueblo elegido. Sennachêrib presume de carros que suben al Líbano, una región boscosa del norte, talan árboles y dominan las aguas. Dios dice que esas victorias formaban parte de un plan trazado mucho antes. Los pueblos vencidos eran débiles porque él permitió la conquista. Conoce los movimientos y la furia del gobernante. Un anzuelo y un freno representan el control que ahora se impone sobre quien se creía libre sin límites. Dios lo hará volver por el camino que trajo.


En la vida diaria
Una supervisora de demoliciones detiene a un conductor que presume de que su máquina le da autoridad para derribar cualquier muro que elija. Ella le muestra el permiso que autorizaba los trabajos anteriores y le retira el acceso a la siguiente obra. Un permiso limitado nunca lo convirtió en dueño del proyecto. Ningún permiso concede a Dios su autoridad sobre el ejército invasor.
Observe
Isaías 37:29 El anzuelo y el freno invierten la imagen que el gobernante tiene de sí mismo. El hombre que trata a las naciones como objetos bajo su control acaba conducido de vuelta por una voluntad más fuerte.
Isaías 37:21-29
Santa Biblia Reina Valera 190921Entonces Isaías hijo de Amoz, envió á decir á Ezechîas: Jehová Dios de Israel dice así: Acerca de lo que me rogaste sobre Sennachêrib rey de Asiria,
22Esto es lo que Jehová habló de él: Hate menospreciado, y ha hecho escarnio de ti la virgen hija de Sión: meneó su cabeza á tus espaldas la hija de Jerusalem.
23¿A quién injuriaste y á quién blasfemaste? ¿contra quién has alzado tu voz, y levantado tus ojos en alto? Contra el Santo de Israel.
24Por mano de tus siervos denostaste al Señor, y dijiste: Yo con la multitud de mis carros subiré á las alturas de los montes, á las laderas del Líbano; cortaré sus altos cedros, sus hayas escogidas; vendré después á lo alto de su límite, al monte de su Carmel.
25Yo cavé, y bebí las aguas; y con las pisadas de mis pies secaré todos los ríos de lugares atrincherados.
26¿No has oído decir que de mucho tiempo ha yo lo hice, que de días antiguos lo he formado? Helo hecho venir ahora, y será para destrucción de ciudades fuertes en montones de ruinas.
27Y sus moradores, cortos de manos, quebrantados y confusos, serán como grama del campo y hortaliza verde, como hierba de los tejados, que antes de sazón se seca.
28Conocido he tu estado, tu salida y tu entrada, y tu furor contra mí.
29Porque contra mí te airaste, y tu estruendo ha subido á mis oídos: pondré pues mi anzuelo en tu nariz, y mi freno en tus labios, y haréte tornar por el camino por donde viniste.
Isaías 37:30-35
Los supervivientes arraigarán y recibirán protección
Una señal trata del alimento después de la invasión. Este año el pueblo comerá lo que brote solo, y el próximo, lo que vuelva a crecer. En el tercer año podrán sembrar, cosechar y plantar viñas de nuevo. Los supervivientes de Judá echarán raíces abajo y darán fruto arriba. El fervor de Dios los conservará. Luego hace una promesa precisa sobre el rey de Asiria: ni entrada, ni flecha, ni asalto con escudos, ni rampa de asedio tomarán la ciudad. El invasor volverá por su propio camino. Dios defiende Jerusalem por su nombre y por David, el antiguo rey a quien llamó su siervo.

En la vida diaria
Una agricultora desplazada recibe permiso para volver a su tierra dañada y empieza recogiendo lo que ha sobrevivido sin cuidados. La siembra planeada debe esperar, pero el camino abierto de regreso le permite prepararse para una cosecha completa. La supervivencia empieza a convertirse en una vida estable. Judá recibe una garantía divina de defensa, no solo permiso para volver.
Observe
Isaías 37:31 Las raíces crecen hacia abajo antes de que aparezca fruto arriba. La imagen da a los supervivientes un futuro con profundidad y crecimiento, en vez de presentar la salvación como una breve huida.
Isaías 37:30-35
Santa Biblia Reina Valera 190930Y esto te será por señal: Comerás este año lo que nace de suyo, y el año segundo lo que nace de suyo: y el año tercero sembraréis y segaréis, y plantaréis viñas, y comeréis su fruto.
31Y el residuo de la casa de Judá que hubiere escapado, tornará á echar raíz abajo, y hará fruto arriba.
32Porque de Jerusalem saldrán reliquias, y del monte de Sión salvamento: el celo de Jehová de los ejércitos hará esto.
33Por tanto, así dice Jehová acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, ni echará saeta en ella: no vendrá delante de ella escudo, ni será echado contra ella baluarte.
34Por el camino que vino se tornará, y no entrará en esta ciudad, dice Jehová:
35Pues yo ampararé á esta ciudad para salvarla por amor de mí, y por amor de David mi siervo.
Isaías 37:36-38
Cae el campamento y vuelve el rey
Un ángel enviado por el Señor ataca el campamento asirio y mata a ciento ochenta y cinco mil hombres. La mañana deja a la vista los muertos. Sennachêrib se retira y vuelve a Nínive, su capital imperial. Más tarde, mientras adora en la casa de Nisroch, su dios, sus hijos Adremelech y Sarezer lo matan. Huyen a Ararat, una tierra del norte. Otro hijo, Esar-hadón, lo sucede. El relato no presenta ninguna batalla ganada por las tropas de Judá. El gobernante que desafió el poder de Dios para salvar vuelve a casa y muere en el lugar donde busca a su propio dios.

En la vida diaria
Una coordinadora de ayuda de guerra recibe confirmación de que las fuerzas que amenazaban una ciudad se han retirado tras sufrir pérdidas catastróficas. Informa a las familias que esperan sin convertir las muertes en un espectáculo de celebración. El alivio y la magnitud de las muertes siguen presentes en la sala. Isaías atribuye la destrucción del campamento a un ángel y registra el asesinato posterior del gobernante.
Observe
Isaías 37:38 El gobernante muere mientras adora a su propio dios. Ese lugar responde a su afirmación anterior de que ningún poder divino podía proteger Jerusalem de su fuerza.
Isaías 37:36-38
Santa Biblia Reina Valera 190936Y salió el ángel de Jehová, é hirió ciento ochenta y cinco mil en el campo de los Asirios: y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos.
37Entonces Sennachêrib rey de Asiria partiéndose se fué, y volvióse, é hizo su morada en Nínive.
38Y acaeció, que estando orando en el templo de Nisroch su dios, Adremelech y Sarezer, sus hijos, le hirieron á cuchillo, y huyeron á la tierra de Ararat; y reinó en su lugar Esar-hadón su hijo.
Detalles que vale la pena notar
La imagen inicial
Isaías 37:1 comienza con “ACONTECIÓ pues, que el rey Ezechîas, oído esto, rasgó sus vestidos, y cubierto de saco vino á la casa de Jehová.”
Dónde cambia el capítulo
Isaías 37:23 forma un giro natural: “¿A quién injuriaste y á quién blasfemaste? ¿contra quién has alzado tu voz, y levantado tus ojos en alto? Contra el Santo de Israel.”
La nota final
Isaías 37:38 deja al lector con “Y acaeció, que estando orando en el templo de Nisroch su dios, Adremelech y Sarezer, sus hijos, le hirieron á cuchillo, y huyeron á la tierra de Ararat; y…”
Un recorrido de palabras por el capítulo
Las palabras Jehov, Dios, Asiria, Ezech, pues, tierra ayudan a revelar las preocupaciones que se repiten en el capítulo.
Palabras del texto bíblico explicadas
- saco
- Tela áspera que se vestía como señal de dolor o duelo.
- reliquias
- Aquí, las personas que quedan vivas tras las pérdidas del pueblo.
- querubines
- Seres celestiales cuyas imágenes señalaban el lugar sagrado relacionado con el trono de Dios.
Escucha y mira junto al pasaje
Los recursos aparecen solo cuando su referencia bíblica coincide con esta unidad. Usa la música y el video como compañía y vuelve después al texto bíblico.



