Daniel 5:2-4
Bebieron vino, y alabaron á los dioses de oro
El sacrilegio es deliberado y el relato enumera los metales, que es la misma lista a la que pertenecía la estatua de oro.
Versículo por versículo
- 5:2
Los utensilios vinculan este banquete con la captura descrita al comienzo, en Daniel 1:2. Su procedencia, no solo su valor económico, da importancia al uso que reciben.
- 5:2
El pasaje menciona el consumo de vino, pero no presenta a Belsasar como inconsciente de sus actos. Daniel 5:22-23 lo responsabiliza expresamente por lo que sabe y hace.
- 5:4
Los seis materiales identifican los objetos que reciben alabanza. Daniel 5:23 retoma la lista y contrapone su incapacidad de percibir al Dios que tiene en su mano el aliento del rey.









Las copas llegan con su pasado a cuestas. Dos veces en dos versículos, el Libro de Daniel las vincula con el templo de Jerusalén. No son simplemente la vajilla costosa que se reserva para una ocasión importante. Su uso anterior es precisamente lo que da peso al uso presente. Belsasar manda traer objetos de la casa de Dios a un banquete donde la alabanza se dirige a otros dioses.
El comienzo del libro ya estableció una diferencia decisiva: el Señor entregó al rey de Jerusalén y parte de los utensilios del templo en manos de Nabucodonosor (1:2). Su captura no demostraba que los dioses de Babilonia hubieran vencido al Dios de Israel. Ahora aquellos objetos se emplean en una celebración que trata a su dueño divino como si no contara. El metal cambió de habitación, no de dueño.
El oro y la plata aparecen a ambos lados de la escena: en los utensilios que se sostienen y en los dioses que reciben honores. El bronce, el hierro, la madera y la piedra completan la lista. Debajo de las aclamaciones religiosas, el texto deja el material bien a la vista. En el versículo 23, Daniel señalará lo que les falta a esos dioses: vista, oído y conocimiento. Al banquete le sobran metales preciosos. Eso no equivale a tener un dios vivo.