18:11Y los mercaderes de la tierra lloran y se lamentan sobre ella, porque ninguno compra más sus mercaderías:
18:12Mercadería de oro, y de plata, y de piedras preciosas, y de margaritas, y de lino fino, y de escarlata, y de seda, y de grana, y de toda madera olorosa, y de todo vaso de marfil, y de todo vaso de madera preciosa, y de cobre, y de hierro, y de mármol;
18:13Y canela, y olores, y ungüentos, y de incienso, y de vino, y de aceite; y flor de harina y trigo, y de bestias, y de ovejas; y de caballos, y de carros, y de siervos, y de almas de hombres.
18:14Y los frutos del deseo de tu alma se apartaron de ti; y todas las cosas gruesas y excelentes te han faltado, y nunca más las hallarás.
18:15Los mercaderes de estas cosas, que se han enriquecido, se pondrán lejos de ella por el temor de su tormento, llorando y lamentando,
18:16Y diciendo: ¡Ay, ay, aquella gran ciudad, que estaba vestida de lino fino, y de escarlata, y de grana, y estaba dorada con oro, y [adornada] de piedras preciosas y de perlas!
18:17Porque en una hora han sido desoladas tantas riquezas. Y todo patrón, y todos los que viajan en naves, y marineros, y todos los que trabajan en el mar, se estuvieron lejos;
18:18Y viendo el humo de su incendio, dieron voces, diciendo: ¿Qué [ciudad] era semejante á esta gran ciudad?
18:19Y echaron polvo sobre sus cabezas; y dieron voces, llorando y lamentando, diciendo: ¡Ay, ay, de aquella gran ciudad, en la cual todos los que tenían navíos en la mar se habían enriquecido de sus riquezas; que en una hora ha sido desolada!
El fuego no distingue entre la casa del Señor y la casa del rey. Ambas aparecen en una misma oración, seguidas por las viviendas de Jerusalén. La destrucción alcanza a la vez el culto, el gobierno y la vida doméstica. Después caen las murallas. La ciudad no pierde solamente una batalla, sino las condiciones que permitían vivir dentro de ella.
La fecha y el cargo de Nabuzaradán mantienen concreto el relato. Es la actuación de un oficial identificado al servicio de un rey identificado, no una catástrofe anónima que pasa sobre el paisaje. Los versículos siguientes enumeran los metales del templo llevados a Babilonia. Objetos antes medidos para una construcción sagrada ahora se despedazan para transportarlos. El Libro de los Reyes dedicó capítulos a su fabricación; su desmantelamiento no es un inventario secundario.
Sin embargo, no desaparecen todos los habitantes del territorio. Los pobres permanecen para atender viñas y campos. Esa precisión importa: deportación y devastación no significan que Judá haya quedado completamente deshabitada. Tampoco permiten confundir la agricultura restante con una región intacta. El capitán ocupante decide quién parte y quién permanece. Babilonia controla ahora los edificios de la ciudad, sus bienes y el movimiento de su población. Hasta quedarse en casa depende de su autorización.