1:11Y habló Nathán á Bath-sheba madre de Salomón, diciendo: ¿No has oído que reina Adonía hijo de Haggith, sin saberlo David nuestro señor?
1:12Ven pues ahora, y toma mi consejo, para que guardes tu vida, y la vida de tu hijo Salomón.
1:13Ve, y entra al rey David, y dile: Rey señor mío, ¿no has tú jurado á tu sierva, diciendo: Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará en mi trono? ¿por qué pues reina Adonía?
1:14Y estando tú aún hablando con el rey, yo entraré tras ti, y acabaré tus razones.
1:15Entonces Bath-sheba entró al rey á la cámara: y el rey era muy viejo; y Abisag Sunamita servía al rey.
1:16Y Bath-sheba se inclinó, é hizo reverencia al rey. Y el rey dijo: ¿Qué tienes?
1:17Y ella le respondió: Señor mío, tú juraste á tu sierva por Jehová tu Dios, [diciendo]: Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará en mi trono;
1:18Y he aquí ahora Adonía reina: y tú, mi señor rey, ahora no lo supiste.
1:19Ha matado bueyes, y [animales] engordados, y muchas ovejas, y ha convidado á todos los hijos del rey, y á Abiathar sacerdote, y á Joab general del ejército; mas á Salomón tu siervo no ha convidado.
1:20Entre tanto, rey señor mío, los ojos de todo Israel están sobre ti, para que les declares quién se ha de sentar en el trono de mi señor el rey después de él.
1:21De otra suerte acontecerá, cuando mi señor el rey durmiere con sus padres, que yo y mi hijo Salomón seremos tenidos por culpables.
1:22Y estando aún hablando ella con el rey, he aquí Nathán profeta, que vino.
1:23Y dieron aviso al rey, diciendo: He aquí Nathán profeta: el cual como entró al rey, postróse delante del rey inclinando su rostro á tierra.
1:24Y dijo Nathán: Rey señor mío, ¿has tú dicho: Adonía reinará después de mí, y él se sentará en mi trono?
1:25Porque hoy ha descendido, y ha matado bueyes, y [animales] engordados, y muchas ovejas, y ha convidado á todos los hijos del rey, y á los capitanes del ejército, y también á Abiathar sacerdote; y he aquí, están comiendo y bebiendo delante de él, y han dicho: ¡Viva el rey Adonía!
1:26Mas ni á mí tu siervo, ni á Sadoc sacerdote, ni á Benaía hijo de Joiada, ni á Salomón tu siervo, ha convidado.
1:27¿Es este negocio ordenado por mi señor el rey, sin haber declarado á tu siervo quién se había de sentar en el trono de mi señor el rey después de él?
1:28Entonces el rey David respondió, y dijo: Llamadme á Bath-sheba. Y ella entró á la presencia del rey, y púsose delante del rey.
1:29Y el rey juró, diciendo: Vive Jehová, que ha redimido mi alma de toda angustia,
1:30Que como yo te he jurado por Jehová Dios de Israel, diciendo: Tu hijo Salomón reinará después de mí, y él se sentará en mi trono en lugar mío; que así lo haré hoy.
1:31Entonces Bath-sheba se inclinó al rey, su rostro á tierra, y haciendo reverencia al rey, dijo: Viva mi señor el rey David para siempre.
Las primeras palabras registradas de Betsabé son dos en hebreo, harah anokhi: Yo estoy embarazada. Antes de ese mensaje, David ve, averigua, envía, toma y se acuesta con ella. Se la identifica por su padre y su marido antes de llevarla ante el rey. Su matrimonio no es una complicación descubierta después. Forma parte de la información que él ya posee.
El relato no reproduce una conversación en el palacio ni permite conocer sus deseos. Tampoco autoriza a convertir su baño en una exhibición calculada para David. La mirada que sigue el pasaje es la del hombre que está en la azotea. Que ella acuda cuando llegan los mensajeros no resuelve por sí solo la cuestión del consentimiento; tampoco puede llenarse el silencio con un discurso que el texto nunca registra. La desigualdad se ve en los actos que sí registra. Un rey manda. Una mujer casada es tomada.
Después regresa a su casa. La visita termina, pero su consecuencia recorre de vuelta la distancia hasta el palacio. Esta vez, Betsabé envía el mensaje. Su brevedad no lo vuelve insignificante: todo lo que David ha controlado se enfrenta ahora a un hecho que no se quedará encerrado en aquella habitación.