Hechos 11:20-21
Hablaron a los griegos
Ningún apóstol los envió y ningún concilio lo aprobó. La mano del Señor era con ellos es la única credencial que ofrece el relato.
Versículo por versículo
- 11:20
Chipre y Cirene indican el origen de los predicadores, no sus nombres. Esta es Antioquía de Siria, distinta de Antioquía de Pisidia en Hechos 13:14.
- 11:21
La mano del Señor es una expresión bíblica de acción divina; aparece también en Lucas 1:66. Aquí produce fe y conversión al Señor.











Los hombres que comienzan la obra en Antioquía no reciben nombre. Chipre y Cirene son su presentación; el Señor Jesús es su tema. Bernabé y Saulo tendrán un lugar destacado después, pero ninguno puede atribuirse este comienzo. El Libro de los Hechos sitúa la iniciativa entre creyentes dispersados por la persecución relacionada con Esteban, no en una delegación enviada desde Jerusalén. La dispersión ha llevado el mensaje más lejos de lo que buscaban los perseguidores, aunque el pasaje no describe a nadie planeando ese resultado.
Importa el contraste con el versículo 19. Allí, la palabra circula solamente entre judíos; aquí, el público se amplía, aunque la identidad precisa de los llamados griegos presenta una dificultad textual real. El capítulo ya ha establecido la recepción de gentiles mediante el relato de Pedro sobre Cornelio. Antioquía forma parte de ese movimiento, no queda fuera de su historia. Después, la mano del Señor desplaza el énfasis del origen de los mensajeros a la fuente del crecimiento. Voces sin nombre, un tema inequívoco, una respuesta numerosa. Faltan los nombres, no el reconocimiento de quién obra.