2 Samuel 15:30
Subió la cuesta de las olivas
Un rey deja su capital descalzo y con la cabeza cubierta, y toda la compañía lo imita. La salida es este cerro.
Versículo por versículo
- 15:30
La cabeza cubierta y los pies descalzos forman parte del duelo visible. El texto no ofrece un monólogo interior que explique cada gesto.
- 15:30
La subida repetida viene después del cruce del Cedrón en 15:23. David sale de Jerusalén hacia el desierto; no se acerca para reclamar el trono.
- 15:30
En la cima, 15:32 sitúa la adoración de David y la llegada de Husai. El pasaje no identifica un sitio preciso de posterior conmemoración cristiana.













El rey lleva los pies descalzos. Un capítulo que comenzó con Absalón reuniendo carros, caballos y cincuenta corredores presenta ahora a David en una ladera, sin zapatos. El contraste no necesita un discurso. El hijo ha preparado la apariencia de la realeza; su padre abandona la capital con la cabeza cubierta. Hasta la dirección duele. Es una subida, pero nada en ella parece un ascenso al poder.
El versículo vuelve una y otra vez a subir y llorar. David hace ambas cosas; luego, también el pueblo. La repetición obliga a recorrer la pendiente, en vez de reducir la salida a una frase ordenada sobre un rey desplazado. El Libro de Segundo de Samuel tampoco encierra su dolor en privado, lejos de sus seguidores. Las cabezas cubiertas de ellos corresponden a la suya; sus lágrimas acompañan las de él. El hombre que tomó Jerusalén se aleja de ella. Quienes siguen a su lado no reciben una procesión triunfal. Su lealtad tiene ahora la forma de una subida compartida.