8:1Y JEHOVÁ dijo á Josué: No temas, ni desmayes; toma contigo toda la gente de guerra, y levántate y sube á Hai. Mira, yo he entregado en tu mano al rey de Hai, y á su pueblo, á su ciudad, y á su tierra.
8:2Y harás á Hai y á su rey como hiciste á Jericó y á su rey: sólo que sus despojos y sus bestias tomaréis para vosotros. Pondrás, pues, emboscadas á la ciudad detrás de ella.
8:3Y levantóse Josué, y toda la gente de guerra, para subir contra Hai: y escogió Josué treinta mil hombres fuertes, los cuales envió de noche.
8:4Y mandóles, diciendo: Mirad, pondréis emboscada á la ciudad detrás de ella: no os alejaréis mucho de la ciudad, y estaréis todos apercibidos.
8:5Y yo, y todo el pueblo que está conmigo, nos acercaremos á la ciudad; y cuando saldrán ellos contra nosotros, como hicieron antes, huiremos delante de ellos.
8:6Y ellos saldrán tras nosotros, hasta que los arranquemos de la ciudad; porque ellos dirán: Huyen de nosotros como la primera vez. Huiremos, pues, delante de ellos.
8:7Entonces vosotros os levantaréis de la emboscada, y os echaréis sobre la ciudad; pues Jehová vuestro Dios la entregará en vuestras manos.
8:8Y cuando la hubiereis tomado, le prenderéis fuego. Haréis conforme á la palabra de Jehová. Mirad que os lo he mandado.
Los exploradores contaron a los defensores. El Libro de Josué ya ha señalado otra cosa: una violación de la orden dada en Jericó. El robo de Acán aparece en 7:1, antes de que empiece el reconocimiento, de modo que la derrota no se presenta como una sorpresa militar sin explicación. Los soldados no tienen la información que posee el lector.
Son pocos. La recomendación parece bastante económica: no hace falta que todos suban la cuesta por una población pequeña. Pero el pasaje nunca afirma que un destacamento mayor habría resuelto el verdadero problema. Suben unos tres mil, mueren unos treinta y seis, y los sobrevivientes reciben golpes mientras huyen cuesta abajo. Las cifras son pequeñas al lado de las consecuencias del capítulo. Son muertos, no una simple anotación vergonzosa en un informe militar.
Entonces una expresión conocida cambia de bando. Rahab había descrito a los habitantes de Jericó con el corazón derretido en 2:11. Ahora es el corazón de Israel el que se derrite y se vuelve agua. Quienes habían aterrorizado a una ciudad amurallada huyen del pueblo que sus exploradores consideraron apenas digno del esfuerzo. Cambia el terreno. También cambia el lado que tiene miedo.