34:1Y SALIÓ Dina la hija de Lea, la cual había ésta parido á Jacob, á ver las hijas del país.
34:2Y vióla Sichêm, hijo de Hamor Heveo, príncipe de aquella tierra, y tomóla, y echóse con ella, y la deshonró.
34:3Mas su alma se apegó á Dina la hija de Lea, y enamoróse de la moza, y habló al corazón de la joven.
34:4Y habló Sichêm á Hamor su padre, diciendo: Tómame por mujer esta moza.
34:5Y oyó Jacob que había [Sichêm] amancillado á Dina su hija: y estando sus hijos con su ganado en el campo, calló Jacob hasta que ellos viniesen.
34:6Y dirigióse Hamor padre de Sichêm á Jacob, para hablar con él.
34:7Y los hijos de Jacob vinieron del campo cuando lo supieron; y se entristecieron los varones, y se ensañaron mucho, porque hizo vileza en Israel echándose con la hija de Jacob, lo que no se debía haber hecho.
34:8Y Hamor habló con ellos, diciendo: El alma de mi hijo Sichêm se ha apegado á vuestra hija; ruégoos que se la deis por mujer.
34:9Y emparentad con nosotros; dadnos vuestras hijas, y tomad vosotros las nuestras.
34:10Y habitad con nosotros; porque la tierra estará delante de vosotros; morad y negociad en ella, y tomad en ella posesión.
34:11Sichêm también dijo á su padre y á sus hermanos: Halle yo gracia en vuestros ojos, y daré lo que me dijereis.
34:12Aumentad á cargo mío mucho dote y dones, que yo daré cuanto me dijereis, y dadme la moza por mujer.
Siquem entra en el recorrido de Abram como el lugar donde una promesa recibe una respuesta visible. El SEÑOR se aparece a Abram; el altar se construye para el SEÑOR que se le apareció. La repetición enmarca la construcción. El altar conmemora un encuentro, no el descubrimiento de una parcela cuya santidad exista independientemente de Dios.
El lugar tiene una concreción magnífica. Sichêm, Moreh, los cananeos ya presentes en la tierra. El país prometido tiene nombres y habitantes, mientras los descendientes prometidos todavía no existen. El primer altar de Abram que se registra en Canaán queda entre lo que puede verse y lo que solo se ha pronunciado. Es un acto material ligado a un futuro que todavía no tiene una casa llena de herederos.
La Escritura vuelve a este sitio cuando es necesario declarar a quién se pertenece. Jacob nombra un altar por el Dios de Israel en 33:20; Josué establece un pacto con el pueblo reunido en Siquem, según Josué 24:25. La repetición del lugar da profundidad a esas declaraciones. Aquí una familia oyó la promesa. Aquí un pueblo respondió después por su lealtad. La geografía conserva la memoria.