1:5HUBO en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la suerte de Abías; y su mujer, de las hijas de Aarón, llamada Elisabet.
1:6Y eran ambos justos delante de Dios, andando sin reprensión en todos los mandamientos y estatutos del Señor.
1:7Y no tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran avanzados en días.
1:8Y aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios por el orden de su vez,
1:9Conforme á la costumbre del sacerdocio, salió en suerte á poner el incienso, entrando en el templo del Señor.
1:10Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando á la hora del incienso.
1:11Y se le apareció el ángel del Señor puesto en pie á la derecha del altar del incienso.
1:12Y se turbó Zacarías viéndo[le], y cayó temor sobre él.
1:13Mas el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te parirá un hijo, y llamarás su nombre Juan.
1:14Y tendrás gozo y alegría, y muchos se gozarán de su nacimiento.
1:15Porque será grande delante de Dios, y no beberá vino ni sidra; y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el seno de su madre.
1:16Y á muchos de los hijos de Israel convertirá al Señor Dios de ellos.
1:17Porque él irá delante de él con el espíritu y virtud de Elías, para convertir los corazones de los padres á los hijos, y los rebeldes á la prudencia de los justos, para aparejar al Señor un pueblo apercibido.
1:18Y dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? porque yo soy viejo, y mi mujer avanzada en días.
1:19Y respondiendo el ángel le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y soy enviado á hablarte, y á darte estas buenas nuevas.
1:20Y he aquí estarás mudo y no podrás hablar, hasta el día que esto sea hecho, por cuanto no creíste á mis palabras, las cuales se cumplirán á su tiempo.
1:21Y el pueblo estaba esperando á Zacarías, y se maravillaban de que él se detuviese en el templo.
1:22Y saliendo, no les podía hablar: y entendieron que había visto visión en el templo: y él les hablaba por señas, y quedó mudo.
1:23Y fué, que cumplidos los días de su oficio, se vino á su casa.
1:24Y después de aquellos días concibió su mujer Elisabet, y se encubrió por cinco meses, diciendo:
1:25Porque el Señor me ha hecho así en los días en que miró para quitar mi afrenta entre los hombres.
El hijo prometido pertenece a sus padres, pero su tarea alcanza mucho más allá de esa casa. Gabriel pasa de una oración escuchada a un pueblo preparado. No son dos anuncios sin relación. El nacimiento que quita la afrenta de Isabel también inicia el regreso de Israel a su Señor. Una familia sin hijos aparece al comienzo de una restauración nacional, y el Libro de Lucas impide que esa esterilidad se confunda con una prueba contra su rectitud. Ambas cosas quedan dichas antes de que llegue el ángel.
La grandeza de Juan se mide delante del Señor, no por las multitudes que reunirá. La prohibición del vino señala una vida consagrada; la plenitud del Espíritu Santo comienza antes de que pueda pronunciar un discurso. Su misión ya se expresa mediante relaciones: padres e hijos, desobedientes y sabiduría de los justos, un pueblo y su Dios. El eco de la promesa final de Malaquías es claro. El espíritu y el poder de Elías significan continuidad profética, no el regreso de Elías mediante otro nacimiento. Juan prepara el camino; no es el destino.
Zacarías, mientras tanto, pide certeza con un ángel de pie junto al altar. La incongruencia ya está en la escena. Su incredulidad recibe un nombre explícito y su voz queda suspendida, pero la promesa no. El anuncio de Gabriel no espera una respuesta más acertada del sacerdote. El niño llegará en el tiempo de Dios, incluidos esos meses durante los cuales su padre no podrá dar explicaciones.