31:14Y respondió Rachêl y Lea, y dijéronle: ¿Tenemos ya parte ni heredad en la casa de nuestro padre?
31:15¿No nos tiene ya como por extrañas, pues que nos vendió, y aun se ha comido del todo nuestro precio?
31:16Porque toda la riqueza que Dios ha quitado á nuestro padre, nuestra es y de nuestros hijos: ahora pues, haz todo lo que Dios te ha dicho.
31:17Entonces se levantó Jacob, y subió sus hijos y sus mujeres sobre los camellos.
31:18Y puso en camino todo su ganado, y toda su hacienda que había adquirido, el ganado de su ganancia que había obtenido en Padan-aram, para volverse á Isaac su padre en la tierra de Canaán.
31:19Y Labán había ido á trasquilar sus ovejas: y Rachêl hurtó los ídolos de su padre.
31:20Y recató Jacob el corazón de Labán Arameo, en no hacerle saber que se huía.
31:21Huyó, pues, con todo lo que tenía; y levantóse, y pasó el río, y puso su rostro al monte de Galaad.
31:22Y fué dicho á Labán al tercero día como Jacob se había huído.
31:23Entonces tomó á sus hermanos consigo, y fué tras él camino de siete días, y alcanzóle en el monte de Galaad.
31:24Y vino Dios á Labán Arameo en sueños aquella noche, y le dijo: Guárdate que no hables á Jacob descomedidamente.
31:25Alcanzó pues Labán á Jacob, y éste había fijado su tienda en el monte: y Labán plantó[la] con sus hermanos en el monte de Galaad.
31:26Y dijo Labán á Jacob: ¿Qué has hecho, que me hurtaste el corazón, y has traído á mis hijas como prisioneras de guerra?
31:27¿Por qué te escondiste para huir, y me hurtaste, y no me diste noticia, para que yo te enviara con alegría y con cantares, con tamborín y vihuela?
31:28Que aun no me dejaste besar mis hijos y mis hijas. Ahora locamente has hecho.
31:29Poder hay en mi mano para haceros mal: mas el Dios de vuestro padre me habló anoche diciendo: Guárdate que no hables á Jacob descomedidamente.
31:30Y ya que te ibas, porque tenías deseo de la casa de tu padre, ¿por qué me hurtaste mis dioses?
31:31Y Jacob respondió, y dijo á Labán: Porque tuve miedo; pues dije, que quizá me quitarías por fuerza tus hijas.
31:32En quien hallares tus dioses, no viva: delante de nuestros hermanos reconoce lo que yo tuviere tuyo, y llévatelo. Jacob no sabía que Rachêl los había hurtado.
31:33Y entró Labán en la tienda de Jacob, y en la tienda de Lea, y en la tienda de las dos siervas, y no los halló, y salió de la tienda de Lea, y vino á la tienda de Rachêl.
31:34Y tomó Rachêl los ídolos, y púsolos en una albarda de un camello, y sentóse sobre ellos: y tentó Labán toda la tienda, y no los halló.
31:35Y ella dijo á su padre: No se enoje mi señor, porque no me puedo levantar delante de ti; pues estoy con la costumbre de las mujeres. Y él buscó, pero no halló los ídolos.
Raquel aparece con una responsabilidad, no esperando que la admiren. Ella cuidaba las ovejas. Antes de describir su belleza, el Libro de Génesis presenta su trabajo: lleva al pozo el rebaño de su padre. Jacob ya está aconsejando a los pastores del lugar sobre sus horarios, aunque acaba de llegar. Entonces aparece Raquel, y el recién llegado deja de dar instrucciones y mueve él mismo la piedra.
La frase que describe ese esfuerzo menciona tres veces a Labán, hermano de su madre. Este encuentro sigue unido a la familia que Jacob ha dejado atrás. Las ovejas, la joven y la bienvenida pertenecen al mundo de su madre. El beso y las lágrimas llegan antes de cualquier declaración de amor romántico. Raquel, por su parte, corre a contar lo ocurrido. Es ella quien introduce en la casa al desconocido del pozo.